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    Sábado, 10 de Octubre, 2020 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica


    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)



    La TIERRA entera bautizada contigo en agua es el TEMPLO de su santo nombre para siempre:



    El día llego, cuando nuestro Padre celestial decidió vivir con sus hijos ya existiendo en Él, como su imagen, su alma santísima, su vida eterna y alegrías asombrosas de su corazón santísimo, creando finalmente el cielo y la tierra, para Él darles
    vida a ellos, y luego, vivir con ellos la felicidad sin fin de su amor infalible por ellos y su santo nombre fuegos. Aquí es cuando, nuestro Padre celestial empezó a pensar en ti, tus amados, vecinos y amistades, que los bendijo antes de la fundación
    del mundo, porque Él necesitaba empezar su vida eterna con un nuevo reino llenó de su amor asombroso por sus hijos, y esta es la tierra contigo hoy en día junto con la gloria celestial enteramente y con sus muchas riquezas también.


    Realmente: Este es un nuevo mundo lejos de Lucifer y de sus ángeles caídos, que lo desafiaron a Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, porque él necesitaba junto con sus espíritus inmundos controlar su santo nombre fuegos, que siempre había
    existido en su familia divina toda una eternidad únicamente por sus hijos, como tú y yo, heredarlo para siempre, como hoy. Verdaderamente, nuestro Padre celestial jamás pensó para entregar su santo nombre fuegos a sus ángeles creados, porque ellos
    siempre fallaran en entenderlo, por ende, solamente puede permanecer en su familia divina, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, y ahora sus hijos nacidos de Él, como Adán y Eva junto con sus hijos para conquistar glorias jamás antes vistas.


    Estas son glorias que jamás han sido vistas por las huestes angelicales, que llenaran la tierra entera con amor sin fin, alegrías, riquezas y glorias para su santo nombre fuegos sobre el monte santo de Jerusalén, en Canaán, porque Él necesita
    conquistar glorias nuevas y honores contigo, que Lucifer intentó destruir en su rebelión angelical en la gloria celestial. Ya que, están son glorias, honores y riquezas insondables de su amor asombroso que ha emergido de su corazón santísimo, que
    solamente sus hijos pueden conquistarlos eternamente, porque ellos nacieron de su imagen, su alma santísima, su vida eterna que realmente las pueden obtener en toda su Creación para siempre, empezando contigo y conmigo en la tierra, de hoy en día.


    Categóricamente, las huestes angelicales, sin importar cuán poderosas y gloriosas sean, fallaran en conquistar estas glorias, riquezas de alegrías sin fin para nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, que Él tuvo que crear el
    cielo y la tierra, haciéndolo así todo posible con sus hijos nacidos de su corazón santísimo, así como el amor es nacido de Él cada día. Incondicionalmente, nuestro Padre celestial es amor, que Lucifer junto con sus ángeles caídos jamás conoció
    en sus días en la gloria celestial, como siervos de su Hijo Jesucristo y de su Espíritu Santo, porque ellos siempre protegían su santo nombre fuegos con el amor asombroso del Padre, su amor haciendo que extraños estén siempre lejos de su familia
    divina por una eternidad entera, hasta hoy.


    Por eso, Lucifer junto con sus ángeles caídos falló en tomar el santo nombre de nuestro Padre celestial, intentándolo con lo mejor de sus habilidades, sin ellos conocer jamás poderes asombrosos de su amor infalible por su Hijo Jesucristo, su Espí
    ritu Santo y luego de sus hijos, que heredaron riquezas sin fin de su nombre todopoderoso sobre el monte santo de Jerusalén, en Canaán. Estas son glorias y riquezas sin fin que Lucifer junto con sus ángeles caídos les hubiese gustado tenerlos, para
    crear su reino que complace su corazón malvado para siempre en la eternidad, pero, nuestro Padre celestial tuvo su santo nombre siempre reservado para que sus hijos lo gocen por toda una eternidad, empezando contigo y tus amados, vecinos y amistades de
    nuestros días.


    Como está escrito: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que nos dio a su Hijo Jesucristo, para que todo aquel que en él crea no se pierda, sino que vea vida, viviendo siempre bendecido por su amor asombroso por su santo nombre fuegos, dado que, Él
    envió a su Hijo a salvar al mundo con todos sus hijos mas no a condenarlo. Además, nuestro Padre celestial necesitaba salvar lo que se había perdido por Lucifer y el pecado, estableciendo su santo nombre fuegos victorioso sobre sus enemigos, en Canaá
    n: como Satanás y la muerte, restaurando así su vida eterna en sus hijos, conquistando el corazón de la tierra por sus glorias venideras de su amor asombroso por su santo nombre fuegos en su reino de amor eterno.


    Sin embargo, para nuestro Padre celestial hacer todo esto con sus nuevos cielos y su nueva tierra, creada por su reino de amor eterno, entonces, Él tenía que haber derramado todo su corazón santísimo sobre una familia, pero Él necesitaba hacerlo en
    su familia divina, primeramente, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, por ello, Él tenía que tener a Abraham sirviéndole ya. Verdaderamente, nuestro Padre celestial siempre ha tenido su corazón santísimo renovando su amor asombroso por
    sus hijos nacidos de su imagen y de su alma santísima, y así, ellos gocen glorias junto con riquezas interminables ya liberadas por su santo nombre fuegos, establecido sobre el monte Sion, en Canaán, que es su reino de amor siempre creciendo hacia
    toda vida humana por una eternidad entera.


    Legalmente, este fue la voluntad perfecta de nuestro Padre celestial que tuvo que derramarse desde su corazón santísimo sobre Canaán, especialmente sobre la carne sin pecados y la sangre expiatoria de Isaac, porque cada hombre, mujer, niño y niña
    seria revestido de su cuerpo glorificado, en donde el pecado falla en existir y nuestro Padre celestial es amado por una eternidad con riquezas asombrosas. Fundamentalmente, es la vida de nuestro Padre celestial, derrotando a Satanás, demonios, la
    muerte y el infierno en el corazón de la tierra, y así, sus hijos renazcan de él con poderes asombrosos de su amor infalible siempre vivido en la eternidad: amando asombrosamente a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo, para que tú lo ames
    igualmente a Él, así como ellos infinitamente.


    Por lo tanto, fue importante para nuestro Padre celestial tener el sacrificio continuo de su Hijo Jesucristo transferido hacia las familias, inmolado desde la fundación del mundo, empezando en Canaán, porque su familia divina nacería entre las
    naciones, dándole vida a sus hijos para que gocen de su vida maravillosa con riquezas interminables de su corazón santísimo por una eternidad entera. Ciertamente, tú tienes vida eterna en nuestro Padre celestial, derramada desde su corazón santí
    simo para que tú la goces, una vez que tú hayas renacido del bautismo en agua y del bautismo del Espíritu Santo, porque es una vida maravillosa, pensando solamente en amarte a ti, tus amados con paz, glorias, salud y riquezas sin fin en la tierra,
    empezando en tu tierra natal.


    Aquí es cuando su Hijo Jesucristo nació del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, con la carne sin pecados, los huesos inquebrantables y la sangre expiatoria llena de vida eterna, derrotando a Satanás y la muerte perpetuamente, pero
    igualmente, tú naciste con tus amados, vecinos y amistades, viviendo su vida eterna llena de riquezas insondables, gozadas por Él por una eternidad entera. Además, fue importante para nuestro Padre celestial tener a Abraham sacrificando tres corderos
    con sus mitades opuestas una a otra junto con dos aves sin cortar sobre la roca de salvación, salpicada con sangres expiatorias, para que Él expíe, juzgue y perdone cada pecado de la humanidad entera, y así, su Hijo Jesucristo nazca en ti con
    perfecta salvación—así, como ahora mismo.


    Absolutamente, nuestro Padre celestial tenia que haber tenido ya a su Hijo Jesucristo nacido en Canaán del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, pero igualmente, Él tenia que haberte tenido a ti y los tuyos naciendo ya, pero victorioso
    sobre Satanás y la muerte, gozando de vida eterna establecida sobre el monte Sion eternamente: recibiéndolo así a él con salvación eterna finalmente. Aquí, nuestro Padre celestial encontró a Abraham y a su único hijo Isaac, declarándolo perfecto
    y santo eternamente, pero igualmente, Él te encontró a ti con su carne sin pecados y su sangre expiatoria, que Isaac usó para derrotar a Satanás, pecados, muerte y el infierno, declarándote a ti igualmente santo y perfecto: conociendo únicamente
    vida, amor, bienestar, prosperidad y riquezas inagotables, empezando en tu casa.


    Es decir, que al tú ser llamado por nuestro Padre celestial al bautismo en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, entonces, será así para que asciendas su monte santo de Jerusalén, en
    donde tú encontraras la roca de salvación, salpicada con su sangre expiatoria de sus tres sacrificios también. Realmente, la salvación que nuestro Padre celestial le entregó a Abraham, cuando él sacrificaba tres carneros con sus mitades opuestas
    una a otra junto con dos aves sin cortar sobre la roca de salvación, salpicadas con sangre expiatoria, entonces, tú eres llamado al mismo sacrificio para salvarte sobre el monte Sion, en Canaán, y así, tú veas vida en la eternidad venidera,
    eternamente enriquecido.


    Consiguientemente, así como Abraham fue llamado a sacrificar tres carneros con sus mitades opuestas una a otra junto con dos aves sin cortar sobre la roca de salvación, salpicadas con sangre expiatoria, para que su Hijo Jesucristo nazca como Isaac en
    su vida en Canaán, para luego ascender al monte santo de Jerusalén, descansando sobre el monte Moria, entonces, tú debes hacer lo mismo. Similarmente, tú recibes la misma roca de salvación con tres sacrificios, salpicando sangre expiatoria, para ser
    aceptado por nuestro Padre celestial en la gloria celestial, y este es su Hijo Jesucristo nacido de la hija virgen de David, pero igualmente, levantándose del corazón de la tierra, como cruz, escapando del infierno contigo, tus amados, vecinos y
    amistades, conociendo así únicamente amor, riquezas y vida siempre.


    Verdaderamente, cuando nuestro Padre celestial llamó a Abraham con tres sacrificios y sus mitades opuestas una a otra junto con dos aves sin cortar sobre la roca salvadora, salpicadas con sangre, entonces, su Hijo Jesucristo nació como Isaac, su cruz
    salvadora, del vientre estéril de Sarah convertido en su corazón santísimo, por el Espíritu, levantándolo a él, Abraham, al monte Sion, en Canaán, eternamente aceptado. Considerando que, nuestro Padre celestial no solamente tuvo a su Hijo
    Jesucristo naciendo como Isaac del vientre estéril de Sarah, que lo había sanado, como su corazón santísimo en su pecho, por su Espíritu, pero igualmente, Jacobo nació junto con los doce patriarcas de Israel, y así, toda la casa de Israel nazca en
    el cautiverio egipcio, recogiendo pecados del mundo entero.


    Sinceramente, con la roca de salvación junto con tres carneros sacrificados y sus mitades opuestas una a otra y dos aves sin cortar sobre la roca de salvación, salpicados con sangre expiatoria, entonces, fue para que su Hijo Jesucristo nazca como su
    cruz salvadora, que fueron realmente Isaac junto con Jacobo y sus hijos llevando todos los pecados al bautismo del Mar Rojo. Ya que, Israel antiguo había nacido en el cautiverio egipcio, recogiendo pecados que habían maldecido a las familias de las
    naciones pasadas y futuras en el infierno tormentoso, porque ellos tenían que pagar culpas por sus pecados, además, ser castigados por no haberse bautizado en agua, en donde nuestro Padre celestial los hubiese lavado: limpiándolos de pecados en un dí
    a, si sólo hubiesen obedecido.


    En nuestra historia, este es Israel antiguo nacido de la carne sin pecados, huesos inquebrantables y sangre expiatoria de Isaac, recogiendo pecados de las familias de las naciones que habían descendido al infierno tormentoso, eternamente maldecidos, por
    no haber removido sus pecados, invocando la perfecta santidad de su nombre en el bautismo en agua, escapando así de la perdición del infierno tormentoso postreramente. Ciertamente, esta fue la cruz, tomando los pecados no solamente de las familias que
    habían descendido al infierno tormentoso, perpetuamente maldecidos, pero igualmente, la cruz tomó los pecados de Abraham y de sus hijos por generaciones venideras, y así, ellos sean lavados de todo pecado para vivir en su semilla santa, bendicié
    ndolos así con riquezas sin fin desde Canaán, como siempre.


    Ciertamente, nuestro Padre celestial tuvo la cruz llevando los pecados de las familias de las naciones que habían descendido al infierno tormentoso eternamente maldecidas, fallando siempre en ver vida nuevamente por una eternidad, porque fallaron el
    bautismo en agua para complacer toda verdad y justicia en la tierra, por ende, Israel antiguo, como la cruz, llevó nuestros pecados al bautismo del Mar Rojo finalmente. Cumpliendo con los cuatrocientos años de cautividad egipcia, entonces, Israel
    antiguo, como la cruz, nacido del vientre estéril de Sarah tornado en el corazón santísimo, por el Espíritu Santo, entonces, no solamente Isaac nació, pero igualmente la casa entera de Israel, llevando los pecados de Abraham y de las familias de las
    naciones para salvación eterna del bautismo en agua del Mar Rojo.


    Después de cuatrocientos años del cautiverio egipcio, entonces, nuestro Padre celestial tuvo a Moisés naciendo condenado ya por el Faraón de Egipto, por ser varón y probablemente el Mesías Hebreo, por ende, abandonado por su madre a flotar por el rÃ
    ­o Nilo, su bautismo en agua, pero su hermana lo seguía, representando a la hija virgen de David, dándole vida nuevamente en Canaán postreramente. Evidentemente, Moisés fue llamado por nuestro Padre celestial al Monte Sinaí, porque él le daría a
    Israel su santo nombre fuegos, invocándolo en su perfecta santidad para destruir tinieblas, deteniéndolos a ellos en cautiverio por más de cuatrocientos años; y ahora, ellos necesitaban llevar pecados de Abraham junto con los de las familias de las
    naciones al bautismo del Mar Rojo, abandonándolos para siempre.



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