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Sábado, 16 de Marzo, 2019 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
EL PADRE HA UNIDO CORAZONES DE LA TIERRA Y DEL PARAISO: SALPICÁNDOLOS CON SANGRE DE ISAAC (JESÚS) DESDE CANAÁN:
Abraham le creyó sus palabras de vida a nuestro Padre celestial, nacidas naturales de su corazón santísimo, sufriendo por las familias de las naciones
ya yaciendo en sus infiernos pertinentes, que sus palabras tenían que llegar a
ellos con salvación,
para Él mismo hablarles vida, y así, hacer que ellos regresen a su dulce hogar en la gloria angelical. Visto que, esta es la fe que nuestro Padre celestial había estado buscando por toda la tierra sin encontrarla jamás, y hasta que conoció a
Abraham y a su esposa Sarah con su vientre estéril, que Él le prometió hijos
incontables como las estrellas del cielo arriba, y así, Él poblar su nueva tierra con esta fe, encontrada solamente en él, su siervo Abraham.
Además, fue en esta fe en que nuestro Padre celestial lo declaró a Abraham como el primer hombre justo sobre la tierra, porque Abraham había creído en sus palabras de vida nacidas naturalmente de su corazón santísimo, que Él necesitaba poblar su
nueva tierra con ella, y aquí es cuando Abraham fue llamado a ofrecer tres sacrificios hacia Él. Puesto que, nuestro Padre celestial necesitaba cultivar esta nueva fe, que había encontrado en su siervo Abraham, entregándole instantáneamente su roca
de salvación, para que él conduzca un sacrificio importante de tres carneros para reforzar esta nueva fe, que tenia que ser regada por toda la tierra inmediatamente, quitando el mal y Satanás junto con los ángeles caídos de la
humanidad entera
finalmente.
Aquí es cuando, nuestro Padre celestial le dijo a Abraham que sacrifique una vaquilla de tres años, un cordero de tres años y una cabra de tres años con sus mitades opuestas una a otra junto con dos palominos sin cortar, como el fundamento de su fe
encontrada en él, salpicada con sangre expiatoria, camino al corazón de la tierra, y finalmente a Canaán. Puesto que, nuestro Padre celestial necesitaba establecer su fe encontrada en él, en el corazón de la tierra, emergiendo hacia Canaán y el
tabernáculo y su Lugar Santísimo, cuando su hijo Isaac nacido del vientre estéril entonces necesitaba renacer del vientre virgen de la hija de David, como el Cordero de Dios, finalmente salpicando su sangre y quitando el pecado del mundo entero.
Por eso, Abraham estaba llamado a conducir sus tres sacrificios sobre la roca de salvación y con su fe única, entonces, entregarle no solamente a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, pero
igualmente, sus hijos viviendo en generaciones futuras con su corazón santo derramado sobre ellos sobre el monte santo de Jerusalén, en Canaán. A tiempo,
Abraham ejecutó sus tres sacrificios sobre la roca de salvación, salpicada con sangre
expiatoria sobre ellos junto con dos aves sin cortar, y anocheciendo: nuestro Padre celestial regresó a él con su antorcha y su santo nombre ardiendo sobre
él, para establecer su nueva fe y su santidad sobre la tierra, conquistando familias de las
naciones finalmente con su santidad eterna.
Sin embargo, para que nuestro Padre celestial cumpla con su obra maravillosa, entonces, Él tenia que entregarle a Abraham el cordero, que seria ejecutado sobre la roca de salvación, salpicándola con sangre expiatoria, cubriéndolo todo divinamente
para proteger, bendecir y enriquecer a sus hijos viviendo en generaciones venideras, pero igualmente, proveer el cordero santo que quitara el pecado del mundo en un día. Por eso, es que nuestro Padre celestial regresó a Abraham mientras ya había
establecido sus tres carneros sacrificados sobre la roca de salvación no solamente entregándole a sus hijos prometidos, pero igual, aquel que sería el
Rey Mesías trayendo la sangre expiatoria, que entregara abundantemente vida eterna para una
eternidad entera a todas las familias de las naciones, empezando en Israel.
Ciertamente, nuestro Padre celestial regresó a Abraham y la roca de salvación
con sus tres sacrificios y sus mitades opuestas una a otra junto con dos aves sin cortar, salpicado con sangre expiatoria, caminando Él entre ellos con su antorcha ardiendo
y su santo nombre, llamando a su Hijo Jesucristo a derramar su sangre santísima en Canaán, salvando la humanidad entera postreramente. Anocheciendo, nuestro Padre celestial caminó por las mitades opuestas de los tres carneros, porque esto era lo que É
l necesitaba tener hecho así en el corazón de la tierra, destruyendo postreramente cada pecado nacido del corazón de Lucifer, para que Él mismo convertirlo en una gloria eterna no solamente con sus hijos, pero igual: en Canaán mismo fluyendo con
leche y miel.
Ahora, nuestro Padre celestial necesitaba caminar durante la noche de aquel día de los tres carneros sacrificados de Abraham con sus dos aves, porque el Valle de los huesos es la puerta al infierno tormentoso, en donde las familias de las naciones
antiguas están aun entre sus tinieblas de fuegos y hasta que el pecado sea removido finalmente. En otras palabras, nuestro Padre celestial necesitaba caminar entre las mitades de los carneros sacrificado opuestas una a otra junto
con dos aves sin cortar
únicamente con su antorcha ardiendo con su santo nombre fuego, tal como Él mismo lo había planeado hacerlo así en el Valle de los huesos secos para expiar por los pecados del mundo entero, destruyéndolos finalmente en Canaán.
Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba destruir cada pecado acumulado por Israel antiguo en el cautiverio egipcio, en el desierto del Sinaí y en el Valle de los huesos secos, pero tenia que ser en Canaán, su paraíso moderno, porque el pecado
nació en la gloria celestial y en el paraíso, para que Adán y sus hijos regresen a casa con su Hijo Jesucristo. Visto que, nuestro Padre celestial había declarado ya a Abraham justo, porque él creyó a sus palabras vivas naturales de su corazón
santísimo, afligido continuamente por las familias de las naciones yaciendo en
el infierno tormentoso, entonces, con su fe divina lo convirtió en uno con la fe de Abraham, obteniendo así poderes legales para remover a Lucifer de la tierra
postreramente.
Aquí es cuando: nuestro Padre celestial le declaró a Abraham que sus hijos vivirían en cautividad en tierra extranjera, recogiendo cada pecado con los que las familias de las naciones habían descendido al corazón de la tierra, para Él mismo
destruirlos finalmente en un bautismo gigante, dándole así nacimiento a su nueva tierra repleta de su fe divina que salva la humanidad entera. Ya que, nuestro Padre celestial no solamente necesitaba destruir cada pecado, tinieblas, maldad y muerte
nacidos de Lucifer, pero igualmente, Él necesitaba destruir a Lucifer mismo junto con sus ángeles caídos, empezándolo todo siempre con los tres sacrificios de Abraham junto con las dos aves sin cortar sobre la roca de salvación, ardiendo con sus
poderes desde el corazón de la tierra hacia Canaán.
Además, esto solamente podía ser posible, cuando su Hijo Jesucristo naciese del vientre virgen de la hija de David con la carne sagrada, los huesos inquebrantables y la sangre expiatoria, porque él necesitaba destruir por completo toda obra de Lucifer,
los ángeles caídos y finalmente la muerte, alcanzando así toda victoria total en contra el mal para siempre. Por eso, la roca de salvación de nuestro Padre celestial con sus tres sacrificios junto con dos palominos sin cortar en el corazón de la
tierra, salpicado con sangre expiatoria que Abraham fue llamado a ofrecer de su
hijo Isaac, pero, esta vez, Él iba hacerlo así en Canaán con su Hijo Jesucristo, finalmente destruyendo todo pecado, maldición y muerte de Lucifer perpetuamente.
Esta es la sangre expiatoria que nuestro Padre celestial necesitaba salpicada primeramente por la hija virgen de David, cuando el Rey Mesías nacía, porque el mismo Canaán necesitaba ser ungido con ella, como el paraíso moderno, listo para tener su
misma vida eterna victoriosa sobre Lucifer y la muerte eternamente, para que finalmente la sangre expiatoria rasgue el velo del Lugar Santísimo. Esto fue algo importante que su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo tenían que ejecutarlo en Canaán, para
que su fe divina sellada sobre la roca de salvación con tres carneros sacrificados junto con dos aves sin cortar, y hacerlos así uno con la fe de Abraham, entregándole poderes para recobrar lo perdido a mentiras de Lucifer desde el corazón de la
tierra.
Esta fe divina de nuestro Padre celestial combinada con la fe humana de Abraham, porque él fue llamado justo sobre la roca de salvación con tres carneros sacrificados y sus mitades opuestas junto con dos aves sin cortar, para que la sangre expiatoria
de su Hijo Jesucristo los selle, uniéndolos con todos sus hijos, recobrando así todo lo perdido a mentiras de Lucifer. Esto fue algo que nuestro Padre celestial tenia que hacer con la fe de Abraham y la de Él, combinándolos, haciéndolos así uno
desde el corazón de la tierra, para que todos los hijos tengan esta fe divina,
operando en sus vidas con poderes, para que los poderes de maldad de Lucifer no
vuelvan hacerle ningún daño a nadie nunca más.
Además, nuestro Padre celestial tenia que tener a Israel antiguo no solamente nacido en el cautiverio Egipto, pero igualmente, bautizados todos del Mar Rojo,
para destruir todo pecado del pasado, del presente y de futuras generaciones, y
así, Él tenga
la roca de salvación con sus tres sacrificios descendiendo al Valle de los huesos secos, destruyendo finalmente el hogar de Lucifer para siempre. Esta fue
la única manera posible para nuestro Padre celestial acceder al corazón de la
tierra con Israel
antiguo, cargando la roca de salvación y sus tres sacrificios junto con dos aves sin cortar, para que Él entonces establecer su fe divina junto con la de Abraham para destruir a Lucifer y la muerte desde el mismo corazón de la tierra, para siempre.
Es más, esta fue la única manera legal para hacerlo así: porque nuestro Padre celestial necesitaba destruir todo mal con su fe divina junto con la fe de Abraham, su siervo fiel, como cada poder del infierno y de sus tinieblas, retomando así el corazó
n de la tierra para su reino venidero y así también las familias de las naciones yaciendo allí, hasta ahora. Verdaderamente, nuestro Padre celestial no solamente estableció su roca de salvación en su gloria eterna del corazón
de la tierra,
salpicado con la sangre expiatoria de su Hijo Jesucristo, conocido como el Valle de los huesos secos, destruyendo así pecados, maldades y tinieblas del corazón de Lucifer, para finalmente erradicarlo de sobre la faz de la tierra, postreramente salvando
a la humanidad entera.
Definitivamente, nuestro Padre celestial necesitaba tener los tres sacrificios de Abraham con sus mitades opuestas una a otra junto con dos palominos sin cortar sobre la roca de salvación, salpicado con sangre reparadora: porque Él
necesitaba a Abraham
como el primer justo en la tierra, recibiendo el derrame de sangre expiatoria de su hijo Isaac desde Canaán, terminando así su sacrificio últimamente. Proféticamente, cuando nuestro Padre celestial llamó a Abraham a ofrecer a su
único hijo Isaac
sobre el monte Sion, descansando en el Moriah, derramando sangre expiatoria sobre la roca de salvación, pero él fue detenido desde el cielo, sin hacerle daño a Isaac: porque en el corazón de la tierra con sus hijos, él lo recibiría, como sacrificio
continuo de la sangre expiatoria desde Canaán.
Dado que, al nuestro Padre celestial tener a Abraham como su primer justo sobre
la tierra, ante la roca de salvación con sus tres sacrificios y sus mitades opuestas entre si junto con dos palominos sin cortar, salpicados con sangre expiatoria, entonces,
él finalmente recibió la sangre expiatoria de su hijo Isaac, derramándose sobre sus hijos, poniéndole fin al pecado en la tierra. Además, nuestro Padre
celestial necesitaba unir el altar de Abraham con la roca de salvación y sus tres sacrificios
con sus mitades opuestas entre sí junto con dos palominos sin cortar, finalmente con su único hijo Isaac nacido de la hija de David, como el Cordero
escogido, derramando su sangre expiatoria perpetuamente sobre la roca de salvación del corazón de la
tierra.
Puesto que, esta era la mejor manera posible para nuestro Padre celestial unir los tres sacrificios de Abraham con sus mitades opuestas una a otra junto con las dos aves sin cortar, y con su hijo Isaac, como Cordero de Dios, derramado de su sangre
expiatoria de entre dos testigos, y así, los sacrificios sean uno sobre el monte santo de Jerusalén hacia la eternidad. Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba los tres sacrificios de Abraham con sus mitades opuestas entre sí junto con dos aves sin
cortar en el corazón de la tierra, para que finalmente su hijo Isaac nacido, como Cordero, derrame su sangre expiatoria sobre el monte Sion, cumpliendo así
su sacrificio de su hijo muerto sobre la roca de salvación, para vivir nuevamente.
Así es como: nuestro Padre celestial tenia que no solamente convertir los tres
sacrificios de Abraham sobre la roca de salvación en el corazón de la tierra en uno con el monte Sion y con Isaac, como Cordero, clavado al madero, aun con sus hijos en el
Valle de los huesos secos, para ser uno con la tierra vieja y con Canaán perpetuamente. Y así es como: nuestro Padre celestial unió los tres sacrificios de Abraham en el corazón de la tierra con el monte Sion y su hijo Isaac finalmente derramando su
sangre expiatoria sobre el madero, quitando el pecado del mundo, uniendo el mundo de arriba con el mundo de abajo, estableciendo así su nuevo reino de su
perfecta voluntad con la humanidad entera.
[continued in next message]
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