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Sábado, 19 de Enero, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
DIOS ES NUESTRO PADRE SÓLO DESDE EL VIENTRE VIRGEN (LUGAR SANTÃSIMO) SALPICANDO SANGRE EXPIATORIA:
Con gracia, nuestro Padre celestial le habló a Abraham, diciéndole, este es el convenio contigo, que tú serás padre de no solamente de una nación sino de multitudes de naciones, porque tú vas a ser enriquecido hasta el punto de bendecir a otros por
todas las generaciones venideras hacia toda la eternidad celestial. Por cuanto,
nuestro Padre celestial estaba listo para tener a sus hijos nacidos de la familia de Abraham y del vientre estéril de su esposa Sarah, ya que era imposible que ella diese
vida a un hijo, y desde su vientre Él iba a tener a sus hijos poblando la tierra al fin con su perfecta voluntad hacia la eternidad angelical.
Ciertamente, nuestro Padre celestial habÃa planeado tener a sus hijos nacidos en las naciones de la humanidad entera con Abraham que habÃa fallado en ser padre con Sarah su esposa, porque su vientre estaba sin vida, asà como toda la
tierra con las
familias de las naciones que la habitaban, por ende, ya habÃa muchas descendido al infierno tormentoso, perdidos eternamente. Realmente, cuando nuestro Padre celestial le dijo a Abraham que seria padre no solamente de una nación, pero de muchas
naciones, entonces, Él le estaba diciendo, que Él iba a tener a sus hijos nacidos del vientre estéril de Sarah su esposa, aunque estaba ya muerto: porque solamente Él es el Padre de todas las naciones de la tierra, empezando con Israel.
Fue como cuando nuestro Padre celestial llamó a Abraham a ascender el monte alto, que Él mismo le mostrarÃa en el Monte Moriah, con su único hijo amado Isaac: ofreciéndolo, como una ofrenda encendida hacia Él en la gloria celestial, entonces,
cuando Abraham estuvo listo para ofrecérselo, instantáneamente una voz se oyó desde el cielo, deteniéndolo de sacrificar a su unigénito. Considerando que, iba a ser nuestro Padre celestial el que sacrificarÃa a su único Hijo Jesucristo nacido
nuevamente en la tierra prometida, pero, esta vez, iba a nacer del vientre virgen de la hija de David, y asÃ, él derramar su sangre expiatoria de vida eterna del Padre, llenando la tierra con ella, con salvación perfecta para todos sus hijos
finalmente.
En la media que, nuestro Padre celestial necesitaba repoblar la tierra con sus hijos descendiendo desde el cielo arriba e incontables como las estrellas del firmamento, porque Él tiene que rescatar a sus familias de las naciones que ya
han descendido al
infierno tormentoso, porque fallaron en conocer su santo nombre ni menos hicieron sacrificios de corderos para expiar por sus pecados. Por ende, era la responsabilidad de Abraham de ser padre de Israel, pero también, padre de muchas naciones del mundo
entero: porque al su hijo Isaac ser la ofrenda encendida hacia el Padre en la gloria celestial, entonces, él estaba preparando la carne sagrada para sus hijos prometidos e incontables, y también para el renacimiento de naciones, bautizadas en agua
todas ellas.
Porque asà es como nuestro Padre celestial que no solamente puede prometerle a
Abraham hijos incontables como las estrellas del cielo, pero igualmente, a toda
familia de las naciones, porque cuando creen en su convenio de vida, empezado con la carne
sagrada de Isaac, entonces, creyendo en él, ellos renacerán por el bautismo en agua y por el bautismo del EspÃritu Santo. Creyendo que, es por el sacrificio de nuestro Padre celestial, llamando a Abraham a ofrecerlo sobre el monte santo de Jerusalén
y su Lugar SantÃsimo, descansando sobre el Moriah, que luego Él mismo le mostró a tres dÃas camino de su pueblo, entonces, con su Hijo Jesucristo ofrecido como Isaac inicialmente: Él es el único Padre de Israel y de las naciones, siempre.
Oportunamente, nuestro Padre celestial empezó a lidiar asà no solamente con la familia de Abraham, y esto es con su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el EspÃritu Santo, porque todos los demás y con la misma tierra
habÃan muerto ya, por la rebelión angelical de Lucifer en la gloria celestial
en contra de su santo nombre fuego. Por ello, nuestro Padre celestial necesitaba restaurar toda vida en la gloria angelical, pero, Él empezarÃa con
la misma tierra, porque
fue de su polvo que Él vistió a Adán y a sus hijos, empezando con Eva, para que el pecado sea removido finalmente de su presencia santÃsima y asà su santo nombre sea amado, servido y alabado por todos sus hijos, siempre.
Definitivamente, los hijos de nuestro Padre celestial necesitaban renacer no solamente de la carne sagrada de su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por su EspÃritu Santo, pero igualmente todo espÃritu humano, para que su
misma vida santÃsima sea vida en cada uno de ellos: floreciendo para amar, servir y alabar su santo nombre fuego por toda una eternidad. Esto significa que las familias de las naciones habÃan ya descendido al infierno, porque habÃan fallado en conocer,
amar, servir y alabar su santo nombre fuego en la vida recibida de Adán y Eva, entonces, por su Hijo Jesucristo nacido de Abraham y del vientre estéril de Sarah, instantáneamente ellos pueden resucitar hacia su vida eterna: amando, sirviendo y adorá
ndolo a Él, siempre.
Por cuanto, las palabras de nuestro Padre celestial a Abraham tienen que cumplirse últimamente, porque Él por su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del
vientre estéril de Sarah, y luego de la hija de David, en ambas ocasiones por el EspÃritu Santo,
milagrosamente: Él puede tener a sus hijos renaciendo del Juramento a Isaac para ver vida nuevamente en su tierra nueva eterna. Dado que, ellos renacerán de poderes del EspÃritu Santo, asà como si todos ellos renaciesen directamente del reino de los
cielos por poderes del Juramento a Isaac, aunque ellos hayan estado siglos en el Valle de los huesos secos o de cualquier otro infierno del corazón de la tierra, porque ellos son sus hijos regresando a su gloria celestial, para siempre.
Aquà es, en donde nosotros veremos las palabras de nuestro Padre celestial prometidas a Abraham inicialmente, que él no solamente será padre de una gran
nación, pero igualmente de muchas, porque por poderes del Juramento a Isaac ellos renacerán en
la carne sagrada de su Hijo Jesucristo y de su EspÃritu Santo, tornándose todos ellos santos y perfectos, asà como Él es siempre. Ciertamente, Abraham se hizo no solamente padre de una nación israelÃ, pero de muchas naciones desde del sacrificio
que empezó sobre el monte santo de Jerusalén y su Lugar SantÃsimo, descansando sobre el Moriah, porque sólo su Hijo Jesucristo fue ofrenda encendida en Isaac ante nuestro Padre celestial, para que las familias de las naciones regresen a Él:
perdonados, protegidos y redimidos eternamente.
Realmente, nuestro Padre celestial sobre el monte santo de Jerusalén, en donde
su Hijo Jesucristo ascendió finalmente con el madero del Israel antiguo, acumulando pecados del mundo desde la cautividad egipcia y el Valle de los huesos secos, entonces,
con su misma vida eterna vivida en Canaán victoriosamente sobre Satanás, pecados y muerte, finalmente Él es el Padre de las naciones perpetuamente. Entendiendo que, nuestro Padre celestial sobre el monte santo de Jerusalén, y su vientre virgen,
recibió ya a cada israelà hombre, mujer, niño y niña del Valle los huesos secos que ascendieron en el Tercer DÃa, por el Juramento a Isaac cumplido por su Hijo Jesucristo, derramando su sangre expiatoria con vida eterna perfectamente victoriosa
sobre Satanás, pecados y muerte, en Canaán, perpetuamente.
Realmente, es sobre el monte Sion y su Lugar SantÃsimo, en Canaán: en donde nuestro Padre celestial se declaró no solamente ser Padre legitimo del Rey MesÃas, por el renacimiento de su carne sagrada, huesos inquebrantables y sangre expiatoria,
viviendo únicamente los Diez Mandamientos cumplidos una eternidad entera, pero
igualmente, Padre legitimo de toda nación, bautizada en agua, invocando su santo nombre, siempre. Ciertamente, nuestro Padre celestial llamó a Abraham, como padre no
solamente de una nación sino de muchas, sobre el monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, porque su Hijo Jesucristo habÃa nacido como Isaac
de Sarah, por el EspÃritu Santo, empero, sobre el monte Sion, en Canaán, su Hijo renació del
vientre virgen con su carne sagrada como su único Hijo amado perpetuamente.
Por eso, nuestro Padre celestial le declaró a su Hijo Jesucristo en Canaán, que en aquel dÃa Él fue hecho su Padre, y que él serÃa su Hijo amado siempre, porque su nacimiento del vientre estéril él falló en ser su Hijo, más bien, el hijo de
Abraham como Isaac, pero, con su nacimiento virgen entonces él fue hecho su Hijo legitimo, finalmente. Considerando que, al hacer esto nuestro Padre celestial con su Hijo Jesucristo y su EspÃritu Santo entonces Él estaba restaurando no solamente su
vida santÃsima en Canaán, como su paraÃso moderno junto con cada bendición posible de su Juramento enriquecedor hacia Isaac, pero igualmente, Él restauró su amor de Padre para con Adán y sus hijos, aunque estén ya en el infierno perdidos.
Por cierto, cada hijo prometido a Abraham e incontable como las estrellas del cielo arriba, no solamente viene directamente del cielo, pero también de debajo de la tierra, por poderes cotidianos del Juramento a Isaac conquistados sobre el monte santo de
Jerusalén y su Lagar SantÃsimo por su Hijo Jesucristo maravillosamente, en el
Moriah inicialmente, y luego en Canaán finalmente, derramando sangre reparadora. Dado que, es únicamente por el bautismo en que nuestro Padre celestial no solamente recibió
a cada sacerdote Levita, entrando en el tabernáculo de reunión para realizar
sus rituales y ceremonias de perfecta santidad del Juramento a Isaac, pero igualmente, Él acepta a cada uno de Israel y de las familias de las naciones del mundo entero,
como sus hijos legÃtimos perpetuamente.
Puesto que, este es el único lugar de la gloria celestial, en donde sus huestes angelicales aman, sirven y adoran su santo nombre ante su Gran Trono Blanco, y es el mismo lugar con Israel y las familias de las naciones, recibiendo a todos sus hijos
renacidos del bautismo en agua y del EspÃritu Santo, invocando la perfecta santidad de su nombre salvador. Efectivamente, aquà es, en donde nuestro Padre
celestial tuvo a su Hijo Jesucristo derramando su sangre expiatoria y llena de su misma vida
eterna, que habÃa derrotado a Satanás y a sus ángeles caÃdos junto con la muerte, en Canaán, para que sus mentiras, pecados, maldiciones, enfermedades, conflictos y guerras siempre fallen en sus hijos, por poderes del Juramento a Isaac en ellos.
Entendiendo que, aquà es, en donde nuestro Padre celestial finalmente a entrado en el corazón, alma, mente, cuerpo y espÃritu humano de todos sus hijos de Israel y de las familias de las naciones, y únicamente cuando están bautizados ya en agua y
del EspÃritu Santo, abandonando asà el fruto prohibido por el fruto de vida, como su naturaleza divina en ellos siempre. Dado que, cuando sus hijos se bautizan en agua, invocando la perfecta santidad de su santo nombre fuego, su Hijo Jesucristo y su
EspÃritu Santo, entonces, cada uno de ellos desciende a las aguas, abandonando
la carne pecadora por la carne sagrada, en donde nuestro Padre celestial es nuestro único Padre en el cielo, y sobre toda la faz de la tierra perpetuamente.
Considerando que, cuando somos bautizados en agua, invocando su santo nombre fuego, entonces nosotros no solamente estamos invocando a nuestro Padre celestial, pero igualmente, a su familia divina, que es su Hijo Jesucristo y su
EspÃritu Santo junto con
almas redimidas de muchas generaciones, y asÃ, todos nosotros seamos uno con Él instantáneamente sobre el monte santo de Jerusalén y su Lugar SantÃsimo.
Ya que, nuestro Padre celestial está sentado sobre su Silla de Misericordia, que está en su
tabernáculo de reunión y su Lugar SantÃsimo, como el Lugar Más Santo del reino angelical y para las familias de las naciones, empezando con todo Israel,
en donde nosotros somos recibidos por Él en persona, renaciendo asà de su imagen santÃsima una
vez más para la eternidad.
Y es aquÃ, en donde tú renacerás del tabernáculo de reunión y su Lugar SantÃsimo, como el vientre virgen de nuestro Padre celestial, entrando tú en él, bautizado ya en agua únicamente, renaciendo nuevamente de su imagen y de su alma santÃsima,
cuando Él mismo te abraza, abrazándote fuertemente con su amor eterno, y asÃ, tú vuelves a ser su hijo legitimo eternamente. Visto que, cuando tú naciste de tu madre y padre, entraste en el mundo llorando, entonces tú nacÃas del bautismo del
vientre de tu madre, que es una vejiga llena de agua, en donde tú eres sólo una célula, que empieza a desarrollarse, como un feto (embrión), formándose últimamente en un ser viviente con identidad, pero, lleno del fruto prohibido desafortunadamente.
Sin embargo, cuando tú renaces bautizado, en donde tú decidas sumergirte en agua, lo suficientemente abundante con tu cuerpo que quede sumergido, como en el vientre de tu madre, seguidamente tú emerges de él, bautizado en santidad perfecta de su
santo nombre estarás siempre, levantándote su EspÃritu Santo hacia su tabernáculo del vientre virgen, renaciendo asà junto con Dios como su hijo legÃtimo. Porque sobre aguas del mundo tú eres bautizado, renaciendo sin el fruto prohibido, invocando
la santidad perfecta de su nombre, su Hijo Jesucristo y su EspÃritu Santo, y asÃ, tú asciendes inmediatamente al monte santo de Jerusalén y su Lugar SantÃsimo, como el vientre virgen del tabernáculo de nuestro Padre celestial,
esperando por tú
nuevo renacer está, como su Hijo legÃtimo para siempre.
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