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All on Sunday, March 04, 2018 21:08:40
Sábado, 03 de Marzo, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
ISRAEL Y NACIONES LISTAS PARA EL REINO DE LA VOLUNTAD PERFECTA DEL PADRE:
Los Israelitas empezaron a quejarse en contra de Moisés enfrente del Mar Rojo,
porque escapaban del cautiverio egipcio y habían finalmente llegado al lugar en donde ellos ya no podía caminar más hacia la tierra de protección y de seguridad eterna,
en donde nuestro Padre celestial podía cuidarlos de todo mal y salvarlos eternamente, como prometió inicialmente. Realmente, nuestro Padre celestial al
fin había tomado toda la casa de Israel junto con Moisés, porque él fue el único que le había
obedecido a su llamado a subir sobre el monte Sinaí para recibirlo a Él, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo como el Dios del pacto del Juramento a Isaac y salvador de Israel para las naciones, eternamente.
Visto que, cuando Moisés ascendió al monte Sinaí inicialmente, entonces fue para que él encontrarse con nuestro Padre celestial como el Dios de Abraham, con su Hijo Jesucristo como el Dios de Isaac, y con el Espíritu Santo como el Dios de Jacobo (y
de todos los hijos de Israel eternamente), porque Israel estaba listo para recibir su santo nombre fuego. Y sobre el monte Sinaí a Moisés se le dijo que
se descalzara, porque estaba sobre tierra santa, en donde la sangre del Cordero
de Dios había sido
derramada desde la fundación del mundo, y por ello, era un lugar santísimo: y, además, porque él tenía que contactar con la sangre expiatoria, salpicada
a tierra, para que la liberación de Israel empiece.
Además, esto fue algo que Moisés tenía que hacer, porque no solamente le fue
dicho que lo haga, pero igualmente porque por medio de él toda la casa de Israel finalmente haría contacto con la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,
para que él sea liberado junto con Israel del cautiverio egipcio al fin, y para siempre. Por ende, nuestro Padre celestial estaba listo para entregarle su
santo nombre fuego que Jacobo se lo había pedido y otros más igual, y Él no se los había
entregado jamás: porque primeramente toda la cada de Israel necesitaba nacer en el cautiverio egipcio con su Juramento a Isaac, tocando a las naciones antiguas, yaciendo en el infierno tormentoso para morir eternamente.
Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba que su familia divina, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, descendiese al infierno tormentoso, en donde cada hombre, mujer, niño y niña había descendido de las familias de las naciones antiguas
sin haber conocido su santo nombre fuego, además, habían fallado en derramar de la sangre de corderos sobre sus pecados para perdón. Por ello, el convenio de vida que nuestro Padre celestial había empezado con Abraham, llamándolo a sacrificar tres
carneros con sus mitades opuestas entre si sobre la roca, salpicada toda con la
sangre reparadora junto con las dos aves sin cortar, entonces fue para Él expiar finalmente por los pecados de las naciones, empezando en el infierno en los días postreros.
Efectivamente, nuestro Padre celestial, después de haber comido del pan y vino
sobre la Mesa santa que es servida diariamente por su Hijo Jesucristo, conocido
como Melquisedec, rey de Salem, y como Santidad de Dios, entonces Él podía empezar una vida
humana y divina para que sea nación en la tierra, y este fue Isaac para que Jacobo nazca con sus hijos. Esto significa que toda la casa de Israel tenía que nacer en la cautividad egipcia, para que asimile la vida terrible de las familias de las
naciones antiguas que sufrían los tormentos del infierno, porque habían fallado en tener un convenio de vida con nuestro Padre celestial que los había
podía salvar del pecado, de la muerte y del infierno tormentoso, eternamente.
Por eso, es que nuestro Padre celestial le dijo a Abraham que sus hijos nacerían en tierra extranjera, porque Él había caminado entre las mitades de
los tres carneros sacrificados, expiando los pecados del mundo entero, que finalmente tomaría lugar
enteramente sobre su altar y el sacrificio continuo de su Hijo Jesucristo, derramando la sangre expiatoria, terminado así con todo pecado, instantáneamente. Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba terminar con todo
pecado para salvar a cada hombre,
mujer, niño y niña de las naciones antiguas yaciendo ya en sus huecos infernales, pagando por toda culpa de pecados, cuando Él podía destruirlos por completo, liberándolos así para su nuevo reino venidero sobre la tierra de su perfecta voluntad,
que es el Juramento a Isaac manifestado.
Por eso, después que nuestro Padre celestial había comido del pan y vino con Abraham y sus 318 hijos adoptados, que es servido por su Hijo Jesucristo para que su Espíritu Santo sea parte de sus vidas y de la vida de sus hijos por nacer en generaciones
futuras, entonces Él podía tener a su primogénito nacido en el infierno tormentoso milagrosamente. El hijo primogénito que nuestro Padre celestial necesitaba nacido para Él en la tierra, como parte de las familias de las naciones antiguas yaciendo
en el infierno tormentoso, por culpa de sus pecados de haber fallado en establecer un convenio de vida con Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, entonces Él los podía liberar por medio de él, su hijo, eternamente.
Por eso, nuestro Padre celestial le dijo a Abraham, tráeme a tu hijo amado Isaac como el que tú has aprendido amar a través de los años, al monte alto que yo te mostrare, para que tú me lo ofrezcas como ofrenda encendida hacia mí en el cielo
inmortal, porque yo estoy dispuesto a bendecirte con tus hijos prometidos por nacer aún. Claramente, Abraham obedecido el llamado de nuestro Padre celestial
para ofrecer a su hijo Isaac como una ofrenda encendida sobre el altar escogido, para que su
Hijo Jesucristo establezca su continuo sacrificio, que siempre existió con las
huestes angelicales: pero ahora, Él lo quería establecido sobre la tierra que
Él había escogido, para vivir con sus hijos eternamente bendecidos una eternidad entera.
Oportunamente, Abraham obedeció al llamado de nuestro Padre celestial, trayendo a su único hijo Isaac al monte Sión, descansando sobre el Moriah, para sacrificarlo allí, y así bendecir su palabra dada a él, y esto es de que Él le entregaría hijos
viniendo sobre la tierra, incontables como las estrellas del cielo: porque por medio de ellos Él enriquecerá las naciones, perpetuamente. Éste lugar escogido por nuestro Padre celestial, en donde Él estaría sobre Isaac y con Abraham cerca del altar,
derramando del contenido santísimo de su corazón sobre el cuerpo sagrado de Isaac, que es su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo nacido del vientre estéril de Sarah: fue porque Él necesitaba a su Cordero con la sangre expiatoria, salvando al mundo,
eventualmente.
Aquí nuestro Padre celestial derramó de sus palabras santísimas que siempre han existido en su corazón santísimo y perfecto y en eterna santidad que los ángeles siempre fallaron en conocerlas, excepto su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo,
entonces Él lo manifestó todo sobre el cuerpo sagrado y humano de Isaac y su sangre expiatoria, para que su nuevo reino nazca seguidamente. Visto que, cuando nuestro Padre celestial derramaba sobre el cuerpo de Isaac todo su corazón santísimo y sobre
el altar del sacrificio continuo de su Hijo Jesucristo, inmolado desde la fundación del mundo, entonces Él le dio vida a sus hijos nuevamente en su imagen y en la semejanza de su Hijo Jesucristo y de su Espíritu, para toda la eternidad venidera.
Es decir, también que nuestro Padre celestial en éste día que descendió del
cielo para encontrarse con Abraham y su único hijo Isaac sobre el altar de monte santo de Jerusalén, descansando sobre el monte Moriah, entonces fue para
derramar de sus
palabras santísimas sobre Isaac y la humanidad entera, dándoles vida abundantemente a sus hijos para su nuevo reino venidero. Aquí es cuando, cada hombre, mujer, niño y niña nació del corazón santísimo de nuestro Padre celestial no solamente
entregándonos sus palabras Creadoras a los hijos de Abraham, porque ellos son los que siguen naciendo cada generación del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, pero igualmente para renovar la vida de los hijos de las naciones que van hacia
al infierno.
Éste es Lugar Santísimo, en donde nuestro Padre celestial no solamente se encontró con Abraham e Isaac para derramar sus palabras santísimas de su nueva creación por venir sobre Israel, y el mundo entero, en donde las naciones recibirán una nueva
tierra con cielos gloriosos, y también a sus antepasados nuevamente a la vida,
para su reino sobre toda la tierra, perpetuamente. Por eso, es que cuando nuestro Padre celestial le dijo a Abraham que sus hijos nacerían en tierra extranjera, entonces Él
le estaba diciendo que sus hijos nacerían en medio de las naciones antiguas del infierno tormentoso y con su Juramento a Isaac, para darles un nuevo renacer a todas las familias perdidas en el castigo eterno, y del mundo entero,
eventualmente.
Visto que, cuando nuestro Padre celestial derramó su corazón santo sobre el cuerpo sagrado de Isaac y de su sangre expiatoria, entonces Él escribió sus palabras creadoras haciendo que los hijos de Abraham sean bendecidos entre las naciones, pero
igualmente entregarles un nuevo renacer a los que ya están en el infierno y entren a la vida en su nuevo reino venidero. Es decir, también que nuestro Padre celestial ya te ha formado divinamente por los poderes asombrosos de sus palabras que jamás
han sido oídas por los ángeles ni por la humanidad en la tierra, que tú muy pronto vendrás a ser tan perfecto y santo como Él es eternamente, porque ésta es su voluntad perfecta en nuestros días, y para la eternidad.
Mejor dicho, cuando tú eres bautizado en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, de su Hijo y del Espíritu Santo, entonces tú no solamente serás transformado instantáneamente al abandonar la carne pecadora y el espíritu de error por la
carne sagrada y el Espíritu Santo, pero igualmente, tú serás hecho su hijo perfecto que Él siempre soñó gozar en ti. Visto que, en el corazón santo y sus palabras asombrosas de nuestro Padre celestial que jamás han sido vistas ni menos oídas en
el cielo angelical ni en la tierra por el hombre, entonces han sido escritas en
Isaac y en su sangre expiatoria, para que seas su perfecto hijo amado de sus sueños dorados y así vivir contigo hoy, y siempre.
Por eso, es que es importante para que tú seas bautizado en agua, invocando la
perfecta santidad de su nombre bendito, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, porque aquí es cuando su Juramento a Isaac, que es su perfecta voluntad
en la gloria
celestial con los ángeles y en la tierra con aquellos bautizados ya, entonces tú conocerás la vida enriquecedora, finalmente. Aquí es cuando, tú empezaras a vivir una vida nueva que jamás pensaste posible gozarla, porque ésta es una vida
maravillosa que únicamente nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo conocen, y que tú heredaras instantáneamente, en donde sus palabras perfectas y gloriosas serán tu diario vivir en la tierra con los tuyos, y en el cielo con
los ángeles.
Éstas son palabras que solamente pueden ser habladas y oídas por todos en el cielo, pero nunca por nadie en la tierra, porque son palabras inmensamente poderosas, convirtiendo a muchos instantáneamente, bautizándolos: en donde las mentiras,
maldiciones, enfermedades, pobreza e infierno de Satanás mueren, creando una nueva tierra para el reino venidero, cubierto de cielos maravillosos y con glorias interminables para las naciones. Ya que, éstas son las mismas palabras
que siempre
existieron en la eternidad, y que Moisés e Israel tuvieron que invocar cuando el ejército de Faraón se acercaba para capturarlos nuevamente, cuando estaban
parados enfrente del Mar Rojo, sin saber qué hacer, porque el mar estaba violento, traicionero
e imposible de cruzarlo hacia tierra segura y firme, y así escapar del mal.
Que los israelitas empezaron a quejarse a Moisés, diciendo, que él los había
traído a un lugar terrible, en donde podían morir por el ejército de Faraón, ya que estaban todos enojados y heridos porque sus primogénitos habían sido muertos por el
Padre celestial sólo para salvarlos finalmente del cautiverio, para que reciban la tierra prometida de Canaán, eventualmente. Sin embargo, la verdad fue que nuestro Padre celestial mismo los había llevado al Mar Rojo para verlos morir al fin, porque É
l quería que ellos entierren sus vidas antiguas en el fondo del mar perpetuamente, abandonando no solamente los pecados que el Juramento a Isaac había absorbido del infierno de las naciones, pero igualmente abandonar sus vidas pasadas aprendidas en
Egipto.
Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba que ellos empiecen a vivir su vida personal así como Él siempre la había vivido con su Hijo Jesucristo y con su
Espíritu Santo complaciendo su corazón santísimo ante los ángeles del cielo, y ahora Él
quería que cada hombre, mujer, niño y niña que experimente sus mismas glorias asombrosas, pero por el Juramento a Isaac únicamente. Ciertamente, nuestro Padre celestial quería ver a todo Israel desplegando de las glorias de
su Espíritu Santo y de
la carne sagrada de su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, para que ahora nazca Jacobo junto con los hijos para que caminen en la gloria de sus palabras santísimas, pero igualmente toda nación
mundialmente.
Además, nuestro Padre celestial esperaba que su palabra Juramentada a Isaac se
manifieste ya al ser bautizados en agua, porque en el fondo del mar ellos habrán abandonado los pecados de todas las familias de las naciones y así también todos los
caminos antiguos aprendidos en el cautiverio egipcio de cuatrocientos años, y ellos tenían que abandonarlo todo para empezar de nuevo. Por lo tanto, al ser Israel bautizado en agua del Mar Rojo entonces ellos empezaron a vivir una nueva vida que ellos
jamás pensaron que existía y lista para ser parte de todos ellos departe del Padre celestial, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo como el Juramento a Isaac, escrito ya sobre todos ellos al nacer del vientre de sus madres.
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