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All on Monday, January 08, 2018 21:50:54
Sábado, 06 de Enero, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica.
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
(Deseamos expresar nuestras condolencias, amor y oraciones a cada una de las familias que sufrieron la perdida de sus amados y amigos en el trágico accidente en donde el bus en que viajaban por una de las carreteras peligrosas de Pasamayo, Perú, cayó
al precipicio, perdiendo sus vidas cuarenta y ocho personas. Ellos se encuentran en la presencia santÃsima de nuestro Padre celestial, porque todo aquel que cree en su santo nombre fuego, y es bautizado en agua, será salvo. Por lo tanto, ellos gozan de
las glorias del nuevo reino de los cielos y de su vida eterna, para jamás volver a conocer el mal, sino sólo la gracia, el amor, la misericordia, la verdad y la justicia divina de vivir por siempre en el altar y en el Lugar SantÃsimo de la Casa de
nuestro Padre celestial. ¡Amén!)
BAUTIZADO: TÚ VIVES EN EL LUGAR SANTÃSIMO CON VIDA ENRIQUECIDA DIARIAMENTE:
Nuestro Padre celestial le habla a Abraham, diciéndole, Yo sé que tú me obedecerás en todo lo que te mande, porque tú has ascendido al monte santo, que te he enseñado, para ofrecer a tu único hijo Isaac que has aprendido a amar mucho en todos
estos años, y tú no lo has retenido de mà jamás. Y por cuanto tú has hecho
esto, entonces Yo te bendeciré como nunca antes has sido bendecido en esta vida y en la venidera del reino de los cielos, porque todos los hijos que te daré, serán
incontables como las estrellas del cielo para bendecir a las naciones con mayores bendiciones eternas aún nunca antes vistas ni por los ángeles todavÃa.
Por cierto, nuestro Padre celestial habÃa empezado a bendecir a Abraham junto con su esposa Sarah, desde donde su Hijo Jesucristo habÃa nacido como Isaac, por el EspÃritu Santo, para que su primogénito Jacobo nazca para confirmar su
perfecta de su
voluntad para con él y sus hijos por nacer en el mundo de muchas generaciones venideras. Porque la perfecta voluntad de nuestro Padre celestial no solamente habÃa sido confirmada con Jacobo al establecerla como pacto eterno de vida con
el EspÃritu
Santo, al prometerle a Él: si tú me das de comer, me proteges y te aseguras, de que yo llegue a tierra de mis parientes para escoger a mi esposa, entonces tú serás mi Dios para siempre.
Es decir, que nuestro Padre celestial será el Padre de cada hombre, mujer, niño y niña nacido en Israel, porque su Hijo Jesucristo nació del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el EspÃritu Santo, entonces el mismo EspÃritu Santo vendrÃa a
ser el Dios de todo Israel siempre, haciendo milagros y señales de la voluntad
perfecta del Padre hacia la eternidad. Esto fue algo en que Jacobo tenÃa que nacer de Isaac como el primogénito del Padre celestial, para que el Juramento ejecutado por Él
a Isaac cuando yacÃa sobre el monte Sión y su altar descendido sobre el monte
Moriah, para arrancar el sacrificio continuo de su Hijo Jesucristo, entonces fue para liberar a Israel y a las naciones del pecado, eternamente.
Ciertamente, Abraham tenÃa que ser el primero en renacer de éste altar del sacrificio continuo, que él mismo habÃa preparado, presentándolo ante nuestro Padre celestial con su único hijo Isaac sobre el madero, para que Él mismo orando: derrame
todo el interior de su corazón santÃsimo, que serÃa el sacrificio final de su Hijo Jesucristo, salvando a todo Israel del pecado, perpetuamente. Puesto que, éste es el altar que nuestro Padre celestial le entregó a Abraham e Isaac: ofreciendo asà a
su único hijo como la ofrenda encendida, complaciendo toda verdad y justicia en toda su familia siempre y asà en las familias de las naciones, que necesitaban ser bendecidas desde el mismo infierno, entonces para levantarse con Israel al altar del amor
eterno postreramente.
Consecuentemente, Abraham tenÃa que ofrecer a su único hijo Isaac como la ofrenda encendida que nuestro Padre celestial necesitaba no solamente para salvar su alma viviente y la de su esposa Sarah junto con todos los que vivÃan
en su hogar de aquellos
dÃas, pero igualmente el Padre necesitaba salvar mundialmente a los hijos nacidos del pecado, maldiciones, mentiras, decepciones, pobreza y muerte. Porque si nuestro Padre celestial podÃa hacer esto para Abraham y por su hijo Isaac junto con Jacobo y
sus hijos por nacer en generaciones futuras, entonces Él podÃa sacar a las familias de las naciones antiguas yaciendo ya en sus huecos infernales, pagando
por sus pecados, porque ellos fallaron en conocer su santo nombre y su palabra viva, para ser
redimidos.
Por eso, es que era importante para nuestro Padre celestial de tener a Abraham ofreciendo sus tres terneros sacrificados con sus mitades opuestas una a otra junto con los dos palominos yaciendo sobre la roca, salpicada con la sangre expiatoria, pero sin
cortar las aves: porque representan el madero que recibirá a su Hijo Jesucristo en un sacrificio continuo hacia la eternidad. Éstas aves tenÃan que estar juntas con los tres terneros con sus mitades opuestas una a otra, porque ellas representan el
madero sobre el altar del amor eterno de nuestro Padre celestial para con Israel y las familias de las naciones yaciendo en el infierno, y por las multitudes que descenderán de la tierra en generaciones futuras, para salvarlos del pecado eventualmente.
Nuestro Padre celestial necesitaba salvar a la humanidad entera nacida de su imagen y de su alma viviente, al Adán y Eva nacer en el paraÃso para ser vestidos de la tierra (polvo), para que asà ellos vengan a ser sus hijos para su nuevo reino que Él
tenÃa planeado poseer perpetuamente, llenó de su voluntad perfecta hacia toda
la eternidad venidera. Porque después que Lucifer junto con su tercera parte de los ángeles caÃdos intentó controlar su santo nombre fuego, y esto fue algo que nuestro
Padre celestial necesitaba establecido sobre todos sus hijos para muchas generaciones futuras (como clavado a ellos con clavos reales), entonces fue para que su perfecta voluntad finalmente viva en sus corazones de cada uno de ellos, perpetuamente.
Ya que, nuestro Padre celestial no querÃa seguir viviendo, como en nuestros dÃas, por ejemplo, en donde Lucifer vino a ser Satanás y sus ángeles gloriosos creados por Él para servirle a Él, a su Hijo Jesucristo y a su EspÃritu Santo, entonces se
tornaron en ángeles caÃdos, porque ellos pecaron en contra de su santo nombre
fuego al intentar poseerlo perpetuamente. Por eso, es que era importante para nuestro Padre celestial de tener un pacto de vida eterna y de ricas bendiciones
cotidianas con
Abraham y su esposa Sarah que tenÃa su vientre enfermo por muchos años, porque ella falló siempre en tener un hijo que heredarÃa legalmente las riquezas que el Padre le habÃa concedido a Abraham su esposo para sus hijos.
Sin embargo, siempre fue nuestro Padre celestial que hizo el vientre de Sarah estéril, porque Él necesitaba que su Hijo Jesucristo nazca de su vientre enfermo, estéril y sin vida como la misma tierra estaba sin vida ya con su infierno, que tenÃa en
prisiones eternas a sus hijos nacidos de su imagen y de su alma viviente, para postreramente liberarlos eventualmente. Por ello, nuestro Padre celestial tenÃa que tener a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de
Sarah, por el EspÃ
ritu Santo, porque al Isaac nacer entonces Él podÃa derramar todo su corazón
sobre su carne sagrada y sangre expiatoria de su vida eterna, entregándole asà abundantemente de su misma vida a Israel y a las familias de las naciones postreramente.
Éste es el primer sacrificio que nuestro Padre celestial hizo de Él en toda su creación celestial y terrenal, porque en el cielo Él nunca hizo algo asà con ningún ángel, y en la tierra Él finalmente lo hizo con Abraham y el vientre estéril de
Sarah, pero con su Hijo Jesucristo y con su EspÃritu Santo únicamente, inyectándole vida al mundo muerto. Ciertamente, nuestro Padre celestial tenÃa
que destruir al infierno primeramente, porque está comiéndose al mundo entero
sostenidamente, desde
que sus hijos empezaron a morir sin conocer su santo nombre fuego y el poder cotidiano de su palabra viva, por ende, los hijos de Abraham tenÃan que nacer en el mismo infierno, absorbiendo todo pecado para destruirlos en el bautismo del Mar Rojo,
finalmente.
Esto es exactamente lo que nuestro Padre celestial necesitaba hacer no solamente al comer del pan y vino con Abraham y sus 318 hijos adoptados sobre su Mesa, servida diariamente por su Hijo Jesucristo, alimentando a los ángeles
perfecta santidad siempre
por la eternidad, pero igualmente a sus hijos en la tierra: y el infierno y el pecado estaban en su camino. Por ende, lo más inteligente que se podÃa hacer para abolir el infierno y el pecado juntos perpetuamente en las familias antiguas yaciendo ya en
sus huecos infernales, pagando por la culpa de sus pecados, además, el infierno, la muerte y el pecado continuaran recibiendo al resto de las naciones
de generaciones futuras, entonces era necesario destruirlos, pero con perfecta santidad únicamente.
Por eso, es que nuestro Padre celestial le dijo a Abraham, sabe que tus hijos nacerán en cautiverio en tierra extranjera, y vivieran ellos ahà por cuatrocientos años, porque sólo ellos nacerán como una de las naciones en el
mismo infierno,
absorbiendo sus pecados de todas las familias de naciones antiguas para luego lanzarlas en el bautismo de agua eternamente, para siempre. Ciertamente, nuestro Padre celestial cumplió con su acuerdo de vida con Abraham, porque Él
no solamente tuvo a su
Hijo Jesucristo nacido del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el EspÃritu Santo, para darle asà vida a Jacobo, en donde Él confirmarÃa su Juramento a Isaac con él, pero igualmente establecerla perpetuamente con sus hijos por nacer aún en
generaciones futuras.
Sólo si, que ya nuestro Padre celestial haya confirmado su Juramento a Isaac con Jacobo, entonces Él podÃa tener a su Hijo Jesucristo con su perfecta santidad y gloria, que es su carne sagrada y sangre reparadora, llena de su vida personal para ser
inyectada en toda humanidad, pero primeramente todo pecado deberÃa ser arrestado y echado en el Mar Rojo, perpetuamente. Por ende, nuestro Padre celestial tenÃa que tener a su Hijo Jesucristo nacido nuevamente en las profundas tinieblas del infierno
tormentoso junto con todos los hijos de Abraham, al ser ellos nacidos en cautiverio infernal y perpetuo, de acuerdo con la palabra dada a Abraham, al asegurarle a él de que sus hijos nacerÃan en tierra extranjera, como en el mismo infierno.
Porque cuando los hijos de Abraham nacieron en el cautiverio egipcio entonces nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo nacido en su carne sagrada con ellos en el infierno, porque él iba a salir corriendo desde el mismo infierno con los pecados
de las familias antiguas y de sus hijos por nacer aún, finalmente para abandonarlos en el bautismo de agua. Esto fue algo que nuestro Padre celestial solamente podÃa hacer con los hijos de Abraham después de haber caminado entre las mitades de los
tres terneros sacrificados sobre la roca y con las aves sin cortar, bañados con la sangre expiatoria: porque Él regresarÃa con su antorcha y su santo nombre ardiendo, convirtiendo toda tiniebla pecadora en luz, de adentro hacia fuera.
Éste es un sacrificio que solamente Abraham podÃa hacer para nuestro Padre celestial para caminar entre las mitades de los tres terneros sacrificados, bañados con la sangre expiatoria sobre la roca y con las aves sin cortar: porque al Él caminar con
su antorcha y su santo nombre ardiendo, entonces Él caminarÃa postreramente con sus hijos en el mismo infierno, invirtiéndolo al revés. Éste es un sacrificio que solamente Abraham podÃa hacer para nuestro Padre celestial para
Él ingresar en la
oscuridad de los interiores de los terneros sacrificados, finalmente para caminar en el mismo infierno tormentoso con sus hijos para invertirlo: porque, Israel escaparÃa del cautiverio egipcio con los pecados que el infierno tenia destruyendo a las
naciones, para echarlas en el Mar Rojo.
Por eso, es que una vez pasados los cuatrocientos años de cautiverio infernal,
entonces Satanás estaba listo para matar a todo niño nacido de mujer israelita, porque Satanás sabÃa que el Rey MesÃas venia, y él es masculino como nuestro Padre
celestial y el EspÃritu Santo, sin embargo, el altar descendió oportunamente con el santo nombre para bautizar a Israel en el mar. Nuestro Padre celestial tenÃa que descender del cielo con Isaac (su Hijo Jesucristo), y el EspÃritu Santo, finalmente
para entregarle a todo Israel su santo nombre fuego por medio de Moisés, porque todo Israel aún no lo conocÃa ni menos su palabra viva y sus milagros de cada dÃa, para que lo aprendan y lo confiesen para ser bautizados en agua, finalmente.
Ciertamente, nuestro Padre celestial tenÃa que bautizarlos del Mar Rojo, abandonando cada pecado sacado por ellos del infierno tormentoso, finalmente para liberar a cada hombre, mujer, niño y niña muerto sin haber conocido su santo nombre fuego y su
palabra viva, que posee maravillas y poderes cotidianos para liberar a quien quiera del infierno, muerte y del pecado en toda la tierra. Por ende, cuando nuestro Padre celestial finalmente bautiza a sus hijos saliendo del cautiverio infernal, de
cuatrocientos años, entonces Él le ordenó a Moisés que las mujeres israelitas les pidan joyas de oro y de plata a las egipcias, para que salgan de
Egipto con las riquezas de Abraham que habÃan traÃdo a ellos, para que sean bautizados todos con
riquezas, siempre.
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