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    Sábado, 06 de Enero, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica.

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    (Deseamos expresar nuestras condolencias, amor y oraciones a cada una de las familias que sufrieron la perdida de sus amados y amigos en el trágico accidente en donde el bus en que viajaban por una de las carreteras peligrosas de Pasamayo, Perú, cayó
    al precipicio, perdiendo sus vidas cuarenta y ocho personas. Ellos se encuentran en la presencia santísima de nuestro Padre celestial, porque todo aquel que cree en su santo nombre fuego, y es bautizado en agua, será salvo. Por lo tanto, ellos gozan de
    las glorias del nuevo reino de los cielos y de su vida eterna, para jamás volver a conocer el mal, sino sólo la gracia, el amor, la misericordia, la verdad y la justicia divina de vivir por siempre en el altar y en el Lugar Santísimo de la Casa de
    nuestro Padre celestial. ¡Amén!)

    BAUTIZADO: TÚ VIVES EN EL LUGAR SANTÃSIMO CON VIDA ENRIQUECIDA DIARIAMENTE:

    Nuestro Padre celestial le habla a Abraham, diciéndole, Yo sé que tú me obedecerás en todo lo que te mande, porque tú has ascendido al monte santo, que te he enseñado, para ofrecer a tu único hijo Isaac que has aprendido a amar mucho en todos
    estos años, y tú no lo has retenido de mí jamás. Y por cuanto tú has hecho
    esto, entonces Yo te bendeciré como nunca antes has sido bendecido en esta vida y en la venidera del reino de los cielos, porque todos los hijos que te daré, serán
    incontables como las estrellas del cielo para bendecir a las naciones con mayores bendiciones eternas aún nunca antes vistas ni por los ángeles todavía.

    Por cierto, nuestro Padre celestial había empezado a bendecir a Abraham junto con su esposa Sarah, desde donde su Hijo Jesucristo había nacido como Isaac, por el Espíritu Santo, para que su primogénito Jacobo nazca para confirmar su
    perfecta de su
    voluntad para con él y sus hijos por nacer en el mundo de muchas generaciones venideras. Porque la perfecta voluntad de nuestro Padre celestial no solamente había sido confirmada con Jacobo al establecerla como pacto eterno de vida con
    el Espíritu
    Santo, al prometerle a Él: si tú me das de comer, me proteges y te aseguras, de que yo llegue a tierra de mis parientes para escoger a mi esposa, entonces tú serás mi Dios para siempre.

    Es decir, que nuestro Padre celestial será el Padre de cada hombre, mujer, niño y niña nacido en Israel, porque su Hijo Jesucristo nació del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, entonces el mismo Espíritu Santo vendría a
    ser el Dios de todo Israel siempre, haciendo milagros y señales de la voluntad
    perfecta del Padre hacia la eternidad. Esto fue algo en que Jacobo tenía que nacer de Isaac como el primogénito del Padre celestial, para que el Juramento ejecutado por Él
    a Isaac cuando yacía sobre el monte Sión y su altar descendido sobre el monte
    Moriah, para arrancar el sacrificio continuo de su Hijo Jesucristo, entonces fue para liberar a Israel y a las naciones del pecado, eternamente.

    Ciertamente, Abraham tenía que ser el primero en renacer de éste altar del sacrificio continuo, que él mismo había preparado, presentándolo ante nuestro Padre celestial con su único hijo Isaac sobre el madero, para que Él mismo orando: derrame
    todo el interior de su corazón santísimo, que sería el sacrificio final de su Hijo Jesucristo, salvando a todo Israel del pecado, perpetuamente. Puesto que, éste es el altar que nuestro Padre celestial le entregó a Abraham e Isaac: ofreciendo así a
    su único hijo como la ofrenda encendida, complaciendo toda verdad y justicia en toda su familia siempre y así en las familias de las naciones, que necesitaban ser bendecidas desde el mismo infierno, entonces para levantarse con Israel al altar del amor
    eterno postreramente.

    Consecuentemente, Abraham tenía que ofrecer a su único hijo Isaac como la ofrenda encendida que nuestro Padre celestial necesitaba no solamente para salvar su alma viviente y la de su esposa Sarah junto con todos los que vivían
    en su hogar de aquellos
    días, pero igualmente el Padre necesitaba salvar mundialmente a los hijos nacidos del pecado, maldiciones, mentiras, decepciones, pobreza y muerte. Porque si nuestro Padre celestial podía hacer esto para Abraham y por su hijo Isaac junto con Jacobo y
    sus hijos por nacer en generaciones futuras, entonces Él podía sacar a las familias de las naciones antiguas yaciendo ya en sus huecos infernales, pagando
    por sus pecados, porque ellos fallaron en conocer su santo nombre y su palabra viva, para ser
    redimidos.

    Por eso, es que era importante para nuestro Padre celestial de tener a Abraham ofreciendo sus tres terneros sacrificados con sus mitades opuestas una a otra junto con los dos palominos yaciendo sobre la roca, salpicada con la sangre expiatoria, pero sin
    cortar las aves: porque representan el madero que recibirá a su Hijo Jesucristo en un sacrificio continuo hacia la eternidad. Éstas aves tenían que estar juntas con los tres terneros con sus mitades opuestas una a otra, porque ellas representan el
    madero sobre el altar del amor eterno de nuestro Padre celestial para con Israel y las familias de las naciones yaciendo en el infierno, y por las multitudes que descenderán de la tierra en generaciones futuras, para salvarlos del pecado eventualmente.

    Nuestro Padre celestial necesitaba salvar a la humanidad entera nacida de su imagen y de su alma viviente, al Adán y Eva nacer en el paraíso para ser vestidos de la tierra (polvo), para que así ellos vengan a ser sus hijos para su nuevo reino que Él
    tenía planeado poseer perpetuamente, llenó de su voluntad perfecta hacia toda
    la eternidad venidera. Porque después que Lucifer junto con su tercera parte de los ángeles caídos intentó controlar su santo nombre fuego, y esto fue algo que nuestro
    Padre celestial necesitaba establecido sobre todos sus hijos para muchas generaciones futuras (como clavado a ellos con clavos reales), entonces fue para que su perfecta voluntad finalmente viva en sus corazones de cada uno de ellos, perpetuamente.

    Ya que, nuestro Padre celestial no quería seguir viviendo, como en nuestros días, por ejemplo, en donde Lucifer vino a ser Satanás y sus ángeles gloriosos creados por Él para servirle a Él, a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo, entonces se
    tornaron en ángeles caídos, porque ellos pecaron en contra de su santo nombre
    fuego al intentar poseerlo perpetuamente. Por eso, es que era importante para nuestro Padre celestial de tener un pacto de vida eterna y de ricas bendiciones
    cotidianas con
    Abraham y su esposa Sarah que tenía su vientre enfermo por muchos años, porque ella falló siempre en tener un hijo que heredaría legalmente las riquezas que el Padre le había concedido a Abraham su esposo para sus hijos.

    Sin embargo, siempre fue nuestro Padre celestial que hizo el vientre de Sarah estéril, porque Él necesitaba que su Hijo Jesucristo nazca de su vientre enfermo, estéril y sin vida como la misma tierra estaba sin vida ya con su infierno, que tenía en
    prisiones eternas a sus hijos nacidos de su imagen y de su alma viviente, para postreramente liberarlos eventualmente. Por ello, nuestro Padre celestial tenía que tener a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de
    Sarah, por el Espí
    ritu Santo, porque al Isaac nacer entonces Él podía derramar todo su corazón
    sobre su carne sagrada y sangre expiatoria de su vida eterna, entregándole así abundantemente de su misma vida a Israel y a las familias de las naciones postreramente.

    Éste es el primer sacrificio que nuestro Padre celestial hizo de Él en toda su creación celestial y terrenal, porque en el cielo Él nunca hizo algo así con ningún ángel, y en la tierra Él finalmente lo hizo con Abraham y el vientre estéril de
    Sarah, pero con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo únicamente, inyectándole vida al mundo muerto. Ciertamente, nuestro Padre celestial tenía
    que destruir al infierno primeramente, porque está comiéndose al mundo entero
    sostenidamente, desde
    que sus hijos empezaron a morir sin conocer su santo nombre fuego y el poder cotidiano de su palabra viva, por ende, los hijos de Abraham tenían que nacer en el mismo infierno, absorbiendo todo pecado para destruirlos en el bautismo del Mar Rojo,
    finalmente.

    Esto es exactamente lo que nuestro Padre celestial necesitaba hacer no solamente al comer del pan y vino con Abraham y sus 318 hijos adoptados sobre su Mesa, servida diariamente por su Hijo Jesucristo, alimentando a los ángeles
    perfecta santidad siempre
    por la eternidad, pero igualmente a sus hijos en la tierra: y el infierno y el pecado estaban en su camino. Por ende, lo más inteligente que se podía hacer para abolir el infierno y el pecado juntos perpetuamente en las familias antiguas yaciendo ya en
    sus huecos infernales, pagando por la culpa de sus pecados, además, el infierno, la muerte y el pecado continuaran recibiendo al resto de las naciones
    de generaciones futuras, entonces era necesario destruirlos, pero con perfecta santidad únicamente.

    Por eso, es que nuestro Padre celestial le dijo a Abraham, sabe que tus hijos nacerán en cautiverio en tierra extranjera, y vivieran ellos ahí por cuatrocientos años, porque sólo ellos nacerán como una de las naciones en el
    mismo infierno,
    absorbiendo sus pecados de todas las familias de naciones antiguas para luego lanzarlas en el bautismo de agua eternamente, para siempre. Ciertamente, nuestro Padre celestial cumplió con su acuerdo de vida con Abraham, porque Él
    no solamente tuvo a su
    Hijo Jesucristo nacido del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, para darle así vida a Jacobo, en donde Él confirmaría su Juramento a Isaac con él, pero igualmente establecerla perpetuamente con sus hijos por nacer aún en
    generaciones futuras.

    Sólo si, que ya nuestro Padre celestial haya confirmado su Juramento a Isaac con Jacobo, entonces Él podía tener a su Hijo Jesucristo con su perfecta santidad y gloria, que es su carne sagrada y sangre reparadora, llena de su vida personal para ser
    inyectada en toda humanidad, pero primeramente todo pecado debería ser arrestado y echado en el Mar Rojo, perpetuamente. Por ende, nuestro Padre celestial tenía que tener a su Hijo Jesucristo nacido nuevamente en las profundas tinieblas del infierno
    tormentoso junto con todos los hijos de Abraham, al ser ellos nacidos en cautiverio infernal y perpetuo, de acuerdo con la palabra dada a Abraham, al asegurarle a él de que sus hijos nacerían en tierra extranjera, como en el mismo infierno.

    Porque cuando los hijos de Abraham nacieron en el cautiverio egipcio entonces nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo nacido en su carne sagrada con ellos en el infierno, porque él iba a salir corriendo desde el mismo infierno con los pecados
    de las familias antiguas y de sus hijos por nacer aún, finalmente para abandonarlos en el bautismo de agua. Esto fue algo que nuestro Padre celestial solamente podía hacer con los hijos de Abraham después de haber caminado entre las mitades de los
    tres terneros sacrificados sobre la roca y con las aves sin cortar, bañados con la sangre expiatoria: porque Él regresaría con su antorcha y su santo nombre ardiendo, convirtiendo toda tiniebla pecadora en luz, de adentro hacia fuera.

    Éste es un sacrificio que solamente Abraham podía hacer para nuestro Padre celestial para caminar entre las mitades de los tres terneros sacrificados, bañados con la sangre expiatoria sobre la roca y con las aves sin cortar: porque al Él caminar con
    su antorcha y su santo nombre ardiendo, entonces Él caminaría postreramente con sus hijos en el mismo infierno, invirtiéndolo al revés. Éste es un sacrificio que solamente Abraham podía hacer para nuestro Padre celestial para
    Él ingresar en la
    oscuridad de los interiores de los terneros sacrificados, finalmente para caminar en el mismo infierno tormentoso con sus hijos para invertirlo: porque, Israel escaparía del cautiverio egipcio con los pecados que el infierno tenia destruyendo a las
    naciones, para echarlas en el Mar Rojo.

    Por eso, es que una vez pasados los cuatrocientos años de cautiverio infernal,
    entonces Satanás estaba listo para matar a todo niño nacido de mujer israelita, porque Satanás sabía que el Rey Mesías venia, y él es masculino como nuestro Padre
    celestial y el Espíritu Santo, sin embargo, el altar descendió oportunamente con el santo nombre para bautizar a Israel en el mar. Nuestro Padre celestial tenía que descender del cielo con Isaac (su Hijo Jesucristo), y el Espíritu Santo, finalmente
    para entregarle a todo Israel su santo nombre fuego por medio de Moisés, porque todo Israel aún no lo conocía ni menos su palabra viva y sus milagros de cada día, para que lo aprendan y lo confiesen para ser bautizados en agua, finalmente.

    Ciertamente, nuestro Padre celestial tenía que bautizarlos del Mar Rojo, abandonando cada pecado sacado por ellos del infierno tormentoso, finalmente para liberar a cada hombre, mujer, niño y niña muerto sin haber conocido su santo nombre fuego y su
    palabra viva, que posee maravillas y poderes cotidianos para liberar a quien quiera del infierno, muerte y del pecado en toda la tierra. Por ende, cuando nuestro Padre celestial finalmente bautiza a sus hijos saliendo del cautiverio infernal, de
    cuatrocientos años, entonces Él le ordenó a Moisés que las mujeres israelitas les pidan joyas de oro y de plata a las egipcias, para que salgan de
    Egipto con las riquezas de Abraham que habían traído a ellos, para que sean bautizados todos con
    riquezas, siempre.


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