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Sábado, 29 de Enero, 2022 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
El árbol caído, cerca de aguas amargas de Mara, endulzando el corazón del mundo, eres tú: endulzando el corazón del Padre para enriquecerte a ti también siempre:
El tiempo llegó, para nuestro Padre celestial hacer que Adán y Eva junto con sus hijos regresen a Él a su dulce hogar, que es la Sinagoga de Jerusalén y su Lugar Santísimo y con su vida eterna intacta en ella, destruyendo a Satanás, la muerte, á
ngeles caídos y al infierno, declarándolos a ellos perfectos y santos, así como Él es siempre en la gloria angelical. Realmente, nuestro Padre celestial los necesitaba a ellos regresando a Él, por razones de que su corazón santísimo había sufrido
por años, por haberlos visto alejarse del paraíso junto con sus hijos, que ellos eran el gozo del reino angelical hacia la eternidad venidera, para conquistar nuevas glorias, poderes, riquezas y santidades jamás aun vistas por nadie, hasta hoy.
Sin embargo, nuestro Padre celestial necesitaba empezar su nuevo reino de su amor eterno por su Hijo Jesucristo y por su Espíritu Santo junto con sus hijos que lo amarían, servirán y alabarían a Él junto con su santo nombre fuegos, en su dulce hogar,
que es la Sinagoga de Jerusalén en la gloria angelical y en la tierra hacia la eternidad venidera. Además, nuestro Padre celestial necesitaba que su amor infalible de su corazón por su Hijo Jesucristo y por su Espíritu Santo se riegue no solamente
hacia cada hijo suyo en Canaán, pero igualmente en la gloria angelical y sus ángeles fieles a Él y su santo nombre fuego a través de la rebelión angelical, que Lucifer causó, desafiando su santidad todopoderosa en el cielo.
Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba destruir el pecado no solamente en la gloria angelical y en sus ángeles, pero en la tierra igualmente, porque Él necesitaba a su Hijo Jesucristo naciendo como Isaac, logrando que sus hijos renazcan en su
carne sagrada, en el bautismo en agua, invocándolo a Él; por lo contrario, ellos jamás regresaran a Él con perfecta santidad. Además, nuestro Padre celestial necesitaba destruir el pecado sobre la tierra inicialmente, porque Adán había nacido de
su imagen, vestido del polvo de la tierra, por ello, removiendo el pecado del polvo de la tierra, usado para vestir a Adán y a sus hijos, entonces, Él empezaría un nuevo reino asombroso: amando, sirviendo y honrando su santo nombre fuegos finalmente,
toda una eternidad entera.
Por eso, es que fue importante para nuestro Padre celestial sentarse con Abraham a su Mesa santa, participando del pan y vino, servido siempre por su Hijo Jesucristo en la gloria angelical para sus ángeles, y así mantenerlos a todos ellos santos y
perfectos: amando, honrando y exaltando su santo nombre fuegos con perfecta santidad, como siempre, toda una eternidad entera. Consiguientemente, fue importante para nuestro Padre celestial participar del pan y vino, siempre servido por su Hijo
Jesucristo a Él junto con los 318 hijos adoptado de Abraham, y así, su Hijo Jesucristo nazca como Isaac del vientre estéril de Sarah, en Canaán, estableciendo finalmente su semilla santa, que es su carne sin pecados con su santo nombre fuegos siempre
amado, servido y honrado eternamente.
Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham junto con su esposa Sarah y sus hijos adoptados, viviendo ya con su carne sagrada y con su sangre expiatoria, que es Isaac, en donde su santo nombre junto con sus Diez Mandamientos de Israel y Moisé
s han sido siempre amados, honrados, exaltados y glorificados por Él y por su Espíritu Santo, en la gloria angelical. Empero, ahora nuestro Padre celestial necesitaba transferir su vida gloriosa siempre victoriosa sobre Lucifer y ángeles caídos en la
gloria angelical a la tierra, destruyendo el pecado, porque al destruirlo con su presencia santísima, que es siempre manifestada continuamente en su carne sin pecados y en su sangre expiatoria, entonces, Él establecería su santo nombre fuegos en la
humanidad entera, con perfecta santidad eterna.
Considerando que, nuestro Padre celestial había creado cielos y tierra para descender con sus hijos junto con sus ángeles, para vivir en Canaán junto con familias de naciones antiguas y modernas en la carne sagrada y en la sangre expiatoria, en donde
Satanás y ángeles caídos junto con la muerte jamás existieron, para hacer pecar a ninguno en contra de Él, y su santo nombre. Pero aun, para nuestro Padre celestial vivir en Canaán junto con Israel y con familias de naciones antiguas y modernas,
entonces, Él necesitaba destruir el pecado primero y, seguidamente, a Satanás junto ángeles caídos y la muerte, para tomar control del corazón de la tierra inmediatamente, finalmente estableciendo su vida eterna en él, para que la tierra exista
nuevamente, sin pecado y sea siempre enriquecida.
Definitivamente, fue importante para nuestro Padre celestial que su Hijo Jesucristo nazca como Isaac del vientre estéril de Sarah, porque ninguna carne podía destruir el pecado, a Satanás, ángeles caídos, hechicería y el infierno tormentoso, pero
solamente su carne sin pecados y su sangre expiatoria, tornándose en Israel y finalmente en su Hijo Jesucristo nuevamente, como Cordero de Dios, tomando el pecado del mundo eternamente. Entendiendo que, nuestro Padre celestial necesitaba a su Hijo
Jesucristo naciendo como Isaac del vientre estéril de Sarah, por su Espíritu Santo, porque Israel antiguo había recogido pecados de naciones antiguas y modernas, por cuatrocientos años, para bautizarse del Mar Rojo, abandonándolos perpetuamente,
porque la humanidad renacería, viendo vida finalmente desde el desierto de Sinaí como Isaac todos ellos con salvación eterna, en Canaán.
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