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    Sábado, 14 de Agosto, 2021 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica


    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


    Espigas feas son sus hijos nacidos para comer espigas divinas: pan y vino del Padre (su Hijo Jesucristo):


    Misericordiosamente, familias de las naciones habían ya nacido en la tierra y nuestro Padre celestial deseaba comer y beber con ellos de su fruto, del árbol de la vida, en el epicentro del paraíso, por el cual Él había llamado a Adán y a Eva a
    comer de él, comiendo así con ellos vida que trae amor, glorias y honor a su santo nombre fuegos. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba comer con sus hijos, como Adán y Eva junto con sus hijos, de su alimento siempre compartido con su Hijo
    Jesucristo y su Espíritu Santo, como su familia divina perfectamente conocida en la gloria angelical, y así, Él crecer con ellos con grandes riquezas nunca antes vistas por nadie, y ya era el tiempo para conquistarlas todas ellas.


    Además, nuestro Padre celestial añoraba comer con sus hijos de su misma gloria siempre vivida con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo junto con las huestes angelicales, pero esta vez, Él buscaba un mayor reino, en donde Él será amado y
    enriquecido por sus Hijos en toda una tierra nueva, que solamente come y bebe de Él toda una eternidad entera. Realmente, una vez que nuestro Padre celestial le había dado vida a Adán y luego a Eva junto con los hijos, e inmediatamente fueron llamados
    todos a comer del fruto de vida con Él en lugar del fruto prohibido, porque sólo Él necesitaba comer con ellos de su misma vida, como el pan y vino siempre celebrado con su Hijo y con su Espíritu.


    Definitivamente, nuestro Padre celestial estaba listo para crear nuevas cosas jamás antes vistas (ni pensadas también), reemplazando las antiguas, contaminadas por Lucifer y un-tercio de los ángeles rebeldes en contra de su santo nombre fuegos de la
    gloria celestial, por ello, Él necesitaba crear un reino nuevo, en donde sus hijos comerían siempre de Él, sin jamás conocer el pecado toda una eternidad entera. Realmente, esto empezaría un reino nuevo, en donde cada creación suya, como
    angelicales y de cada hombre, mujer, niño y niña nacida de su imagen y de su alma santísima, comerían de su pan y vino, porque no hay pecado posible alguno en su vida, su misma vida santísima saliendo de su corazón victorioso sobre todo enemigo y
    lleno de su santidad perfecta siempre.


    Realmente, esta es una vida gloriosa, nacida del corazón santísimo de nuestro Padre celestial, vivida ya con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo, en donde no hay pecado posible jamás, porque no hay tinieblas posibles en Él, sus hijos y sus
    huestes angelicales, por ende, no hay dolor, enfermedades, o sentimientos malos, sino solamente amor enriqueciéndonos a todos nosotros siempre toda una eternidad. Por cuanto, esta es la vida, que tu corazón siempre ha buscado vivirla sin jamás
    encontrarla en este mundo, por razones de la presencia de brujerías que las gentes siempre hacen sin entender jamás el mal que se están haciendo ellos mismos (o hacia otros), por ello, tú has fallado en encontrarla hasta que tú renaces del agua,
    entrando enteramente en ella finalmente.


    Entendiendo que, nosotros nacimos de la imagen de nuestro Padre celestial, su alma santísima y su corazón santísimo, en donde el pecado jamás existió en la eternidad hasta encontrarlo en el corazón malvado de Lucifer, que necesitaba poseer su santo
    nombre fuegos para lograr su voluntad de tinieblas con poderes que solamente emanan del Padre hacia la tierra entera, alegrando su corazón santísimo siempre. Ciertamente, nuestro Padre celestial te entregó esta vida gloriosa por amor a su Hijo
    Jesucristo y su Espíritu Santo, alegrando tu corazón muchísimo, porque no hay pecado en él, y que solamente existe en ti, cuando vives en el Lugar Santísimo, así como su corazón santísimo vive en él: amándote a ti únicamente para conocer
    riquezas, paz, prosperidad y alegrías interminables toda una vida entera.


    Absolutamente, nuestro Padre celestial estableció su misma vida sobre la tierra entera, bendiciendo a sus hijos caídos en el pecado de Lucifer, como cuando Eva y luego Adán creyeron en la serpiente, haciéndolos comer del fruto prohibido, para que
    ellos jamás amen, sirvan y honren su santo nombre fuegos en la Creación; sin embargo, nuestro Padre siempre tuvo poderes para hacernos vivir nuevamente. Por lo tanto, para que esto suceda, entonces nuestro Padre celestial empezaría a comer con cada
    hombre, mujer, niño y niña de su pan y beber de su copa de vino, que es su maná del cielo arriba y su sangre expiatoria con poderes quitando pecados, pero igualmente entregarnos vida abundante con amor y riquezas nuevamente, y así, sus hijos regresen
    a vivir nuevamente.


    Además, nuestro Padre celestial necesitaba empezar a comer de su pan y vino, que es su Hijo Jesucristo nacido en la tierra, naciendo en una familia dispuesta a obedecer su voz, y este fue Abraham con su esposa Sarah y con su vientre estéril sin darle
    un hijo; por ello, ellos necesitaban ayuda de Él, para lograr el hijo que siempre esperaron verlo llegar. A tiempo, nuestro Padre celestial pudo decirle a Abraham, que su esposa Sarah tendría un hijo en el siguiente año, que él se sorprendió de oír
    que un niño ya venia finalmente a su familia, después de haber esperado tanto por él, que él ya sentía que grandes días venían hacia él y sus amados, porque ahora si tendría un heredero para sus fortunas.


    Visto que, nuestro Padre celestial fue complacido por Abraham al tener a su esposa Sarah con su vientre estéril sanado, por poderes del Espíritu Santo, y así, su mismo Espíritu entre en su vientre, convertido en su corazón santísimo para que su
    Hijo Jesucristo nazca con el pan y vino, que sus hijos participaran de él siempre con Él por generaciones venideras. Realmente, este fue el pan y vino, dándole vida no solamente a Isaac, pero igualmente a Jacobo con los doce patriarcas israelíes, que
    necesitaban nacer en algún lugar de la tierra, porque necesitaban descender a Canaán para vivir allí hasta que Satanás los ataque a ellos con hambruna, porque Satanás necesitaba empezar a establecer su reino de tinieblas con mucha hambre en aquellos
    días.


    Ciertamente, este seria un hambre eterna, afligiendo a toda vida humana en la tierra no con las familias de aquellos días, pero igualmente a sus hijos de generaciones venideras, porque Satanás necesitaba establecer su reino de tinieblas, ofendiendo a
    su santo nombre fuegos siempre; sin embargo, nuestro Padre celestial tenía a Israel trayéndonos riquezas, enriqueciendo la humanidad entera para su reino de amor eterno. Además, nuestro Padre celestial necesitaba establecer su amor asombroso e
    infalible siempre sentido por su Hijo Jesucristo y por su Espíritu Santo en la eternidad, que huestes angelicales desde que fueron creadas entonces ellos han aprendido a vivirla, conociendo amor, poderes y riquezas sin fin hasta hoy, y así, ellos amen,
    sirvan y honren su santo nombre fuegos con perfecta santidad siempre.


    Así es como. Lucifer junto con un tercio de ángeles caídos aprendido del santo nombre fuegos de nuestro Padre celestial y de sus poderes asombroso, desplegándose cuando necesario, que ellos quedaron impresionados poderosamente aun más allá de sus
    imaginaciones más salvajes, por las cosas que se lograrían con él, sintiendo ellos así la necesidad de poseerlo, creando seguidamente su reino de tinieblas para controlar el reino angelical siempre. Empero, el santo nombre de nuestro Padre celestial
    no se aparta de Él ni de su Hijo Jesucristo ni de su Espíritu Santo para ser de huestes angelicales, porque es propiedad de su familia divina, por ello, Adán nació para que Eva y sus hijos poseerlo, creando nuevas tierras para su reino de su amor
    inagotable, poderes y de riquezas por una eternidad entera.


    Aun así, para los hijos de nuestro Padre celestial poseer su santo nombre fuegos con todos sus asombrosos poderes cotidianos, desplegándose por milenios por toda la tierra, entonces, ellos tenían que haber comido ya de su árbol de la vida, que es su
    pan y vino, que sólo su Hijo Jesucristo puede servírselos a ellos sobre su Mesa santa por generaciones venideras. Por lo tanto, era importante para nuestro Padre celestial tener a su Espíritu Santo entrando en el vientre estéril de Sarah, emergiendo Ã
    ‰l del vientre sin vida, sanándolo, como su corazón santísimo finalmente entregarnos a Isaac con la carne sin pecados y su sangre expiatoria, reiniciando así su vida eterna en la tierra, empezando en Canaán, y sus hijos vean vida pronto, siempre
    enriquecidos.


    Francamente, nuestro Padre celestial necesitaba no solamente a Abraham y a Sarah comiendo de su pan y vino de su Mesa santa, servida siempre por su Hijo Jesucristo a sus huestes angelicales del cielo, viviendo así una vida gloriosa, complaciendo a su
    corazón santísimo para bendecir, honrar y exaltar su santo nombre fuegos, pero también para bendecir la tierra entera para siempre. Evidentemente, para nuestro Padre celestial no solamente necesitaba tener a hijos prometidos a Abraham naciendo para é
    l del vientre estéril de Sarah, sanado, como su corazón santísimo para que Isaac nazca en Canaán, pero ahora, Él también lograría tener a sus hijos de las naciones renaciendo de su carne sin pecados y su sangre expiatoria, bautizándose en agua,
    invocando la perfecta santidad de su nombre.


    Concluyentemente, nuestro Padre celestial necesitaba a hijos de Abraham, naciendo de Isaac, como Jacobo en Canaán y luego los once patriarcas israelíes naciendo en Padan-Aram, llamándolos finalmente para que todos regresen a vivir en la tierra, en
    donde Jacobo nació, para empezar a recibir riquezas de Canaán, porque ellos tenían que llevarlas a una tierra extranjera, Egipto, enriqueciendo la tierra entera últimamente. Físicamente, nuestro Padre celestial necesitaba empezar a enriquecer la
    tierra, porque Lucifer estaba decidido a empobrecerla con una hambruna, un hambre que borraría toda vida humana y animal igualmente de la humanidad entera, por ello, Él debía ya tener su carne sin pecados viviendo en Canaán y gozando de riquezas
    cotidianas, para enriquecer una nación extranjera que destruiría la gran hambruna de Satanás siempre.


    Aquí es cuando, nuestro Padre celestial tenia que tener ya a José abandonando Canaán, vendido por sus once hermanos a una caravana de extranjeros Ismaelitas por veinte piezas de plata, que luego ellos lo venderían a Potifar, un egipcio de la guardia,
    por treinta piezas de plata probablemente, y así, él, pasando los años, sea el segundo en mando ante Faraón de Egipto. Entendiendo que, nuestro Padre celestial necesitaba a José, como segundo en mando en Egipto ante Faraón, porque Satanás estaba
    decidido a empobrecer la humanidad entera, destruyendo así todo rasgo de Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo en cada hombre, mujer, niño y niña de las familias de las naciones, logrando así su reino de tinieblas con hijos de Dios perdidos en
    pecados.


    Realmente, Satanás tenía planes destructivos para los hijos de nuestro Padre celestial en la humanidad entera, destruyendo así toda carne: porque una carne bautizada en agua, milagrosamente invocando la perfecta santidad de su nombre, entonces, recibe
    un lavado poderoso no solamente del cuerpo entero, pero igualmente de su corazón, alma, mente y espíritu humano, haciéndola perfecta y santa, así como Él lo es eternamente. Visto que, esto es lo que nuestro Padre celestial le aseguraba a Abraham,
    que él necesitaba ser perfecto y santo, así como Él lo es en la vida eterna para vivir con Él, por lo contrario, él siempre fallaría en ver vida con sus hijos en generaciones venideras, y esto fue el llamado al bautismo en agua para todos nosotros
    alrededor del mundo hasta hoy.


    Esto es correcto: Esto fue el llamado de nuestro Padre celestial a renacer para ver vida nuevamente con Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, porque solamente él con sus hijos prometidos, serán su Israel eterno, pero igualmente las naciones
    prometidas a él, porque los gentiles fallarán en ver vida a no ser que todos ellos obedezcan al llamado a bautizarse en agua. Por lo tanto, Satanás necesita parar a cada hombre, mujer, niño y niña de bautizarse en agua, empezando con Abraham y sus
    hijos prometidos, empobreciendo así la tierra entera antes que ellos despierten a la verdad para obedecer el llamado de nuestro Padre celestial a bautizarse todos, establecido con Abraham inicialmente, haciéndolo perfecto y santo instantáneamente, así
    como Él lo es en la eternidad.


    Empobrecer la tierra significa que Satanás junto con sus ángeles caídos estaba dispuesto a parar el flujo de agua por doquiera, causando así hambruna, y sembríos fallen, logrando que las gentes sufran la necesidad de agua y comida, y vidas humanas y
    animales igualmente cesen de existir eventualmente; consiguientemente, no agua para ningún bautismo a no ser que vayan a la playa cercana. Sin embargo, nuestro Padre celestial necesitaba a José interpretando sueños de Faraón: las siete vacas gordas y
    hermosas junto con las que eran feas y flacas, tragándose no solamente las hermosas y gordas, pero igualmente a familias de las naciones, matando así a toda vida humana y animal igualmente para empezar su reino de tinieblas, deshonrando finalmente su
    santo nombre fuego con hambre eterna.


    Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba una fuerza, deteniendo a Satanás, ángeles caídos y la muerte de empobrecer la tierra, porque él estaba dispuesto a destruir a cada hombre, mujer, niño y niña, haciéndolos sufrir la necesidad de sus
    cosas esenciales además de agua y alimentos, por ende, ellos se inclinarían a él y su nombre inicuo, en lugar de su santo nombre fuegos en Canaán. Realmente, nuestro Padre celestial tenía a Canaán llena de riquezas siempre, riquezas jamás antes
    vistas en la gloria angelical ni por la humanidad entera en la tierra ni menos por Satanás y sus ángeles caídos, que destruirán a Satanás y su reino de tinieblas, estableciendo así su grande reino de su amor eterno, enriqueciendo la Creación
    enteramente, como jamás ella ha conocido riquezas antes.



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