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All on Monday, September 28, 2020 05:52:02
Sábado, 26 de Septiembre, 2020 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
(IVÁN): BAUTIZADOS en agua, TODOS somos SEMILLA SANTA del PADRE llena de amor,
prosperidad y riquezas siempre en toda la TIERRA:
El tiempo había llegado, cuando nuestro Padre celestial estaba listo para transferir el sacrificio continuo de su Hijo Jesucristo que había tomado lugar
en la gloria celestial y ante sus huestes angelicales, pero ahora, Él lo necesitaba en su tierra,
que Él mismo había escogido, para que sus hijos nazcan, para empezar su nueva
tierra con ellos, en Canaán, su paraíso moderno. Y este es el árbol de la vida, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, en donde Adán y Eva habían fallado en
comer de él, para que tengan vida abundante para vivir con nuestro Padre celestial y junto con su santo nombre fuegos en su dulce hogar, y así, Él conquistar nuevas glorias nunca antes vistas para la eternidad venidera.
Aquí es cuando, nuestro Padre celestial encontró a Abraham creyendo en su palabra de vida, que Él mismo se la había entregado para ver si él era digno
de amor, servir y glorificarlo a Él con su Hijo Jesucristo que iba a nacer en Canaán, como su ú
nico hijo Isaac, y así, él venga a ser el árbol de vida para las naciones siempre. Puesto que, esta es la familia divina de nuestro Padre celestial, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, como el árbol de la vida, dando vida no solamente a
Adán, pero igualmente a Eva y a sus hijos viviendo en generaciones futuras, porque ellos vivirán en su perfecta santidad eternamente, conquistando así nuevas riquezas en su nueva tierra por una eternidad entera.
Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba transferir el sacrificio continuo
de su Hijo Jesucristo, empezado ante sus huestes angelicales del cielo, como testigos del evento celestial, porque ahora Él lo necesitaba instalar en el corazón de Canaán,
como el corazón de la tierra, y así, sus hijos renazcan en su nuevo reino de amor eterno, santificados en su naturaleza divina—su simiente santa. Verdaderamente, nuestro Padre celestial tenia que tener a Abraham recibiendo su
roca de salvación,
porque él tenia que sacrificar tres carneros con sus mitades opuestas una a otra junto con dos aves sin cortar, salpicadas con sangre expiatoria, porque Él regresaría al sacrificio con su árbol de vida, que son sus hijos de cada generación, llenando
la tierra entera con vida eterna postreramente.
Est es el árbol de la vida, que estuvo en las manos de nuestro Padre celestial, ardiendo en fuegos sobre él, porque su Hijo Jesucristo iba a nacer del vientre estéril de Sarah, por poderes del Espíritu Santo, junto con sus hijos de Israel y de las
familias de las naciones igualmente, formado así su nuevo reino de amor eterno
y de riquezas sin fin. Ciertamente, este es el nuevo reino de nuestro Padre celestial de su amor eterno por sus hijos de Israel y de las naciones: en donde
el amor de padres
regresa al amor de los hijos, y el amor de los hijos al amor de padres, amando,
sirviendo y alabando su santo nombre fuegos diariamente sobre el monte Sion, en
Canaán, por una eternidad entera.
Por lo tanto, nuestro Padre celestial necesitaba expiar, juzgar y cubrir todo pecado con los tres carneros, que Él mismo había llamado a Abraham a ejecutarlos sobre la roca de salvación, salpicando sangres expiatorias, para Él mismo caminar entre sus
mitades con sus hijos, liberándolos así del pecado con su naturaleza divina al fin para toda la eternidad venidera. Considerando que, nuestro Padre celestial ya había tenido a su Hijo Jesucristo inmolado desde ante de la fundación del mundo, porque É
l necesitaba empezar su vida eterna con sus hijos en la tierra, y así, Él no solamente descender a vivir con ellos por siempre amado en su naturaleza divina, pero igualmente todo su reino angelical descenderá con él finamente a
Canaán.
Legalmente: nuestro Padre celestial tenia que haber tenido a Abraham sacrificando tres carneros sobre la roca de salvación con sus mitades opuestas
una a otra junto con dos aves sin cortar, porque sus hijos venían a Canaán con su naturaleza divina,
empezando con Isaac, poseyéndola infinitamente, como simiente santa, conociendo así únicamente su amor infalible por ellos toda una eternidad, empezando en tu hogar. Ciertamente, fue importante para nuestro Padre celestial
no solamente sentarse con
Abraham junto con sus 318 hijos adoptados, comprados con dinero de extraños, porque Él necesitaba comer del pan y vino de su Hijo Jesucristo y de su Espíritu Santo, que son su árbol de vida en el epicentro del paraíso para los ángeles y para sus
hijos en la tierra también, Canaán.
Consiguientemente, nuestro Padre celestial necesitaba tener su árbol de vida naciendo del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, y así, él sea el fruto de vida, la semilla santa, como el pan y vino de Él y de sus hijos,
comiendo de Él por su naturaleza divina, dándole así vida a todos sus hijos sin pecado en Canaán, empezando con Isaac. Verdaderamente, una vez que nuestro
Padre celestial hubo comido del pan y vino con Abraham y con sus hijos adoptados, siempre
servido por su Hijo Jesucristo, porque él es el Cordero de Dios inmolado desde
la fundación del mundo, entonces, él podía nacer como Isaac junto con sus hermanos y hermanas, incluyéndote a ti hoy en día—porque tú: deberíais estar ya en Canaán
ahora mismo.
Y esto es de renacer de la semilla santa de nuestro Padre celestial, que es la carne sin pecados y la sangre expiatoria de Isaac, repleta de su vida eterna, derrotando a Satanás, pecados, maldiciones, enfermedades, pobrezas, muertes y el infierno junto
con el mundo entero, y enemigos que tengas en él, y así, tú vivas nuevamente
cada día con riquezas insondables de Canaán. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos naciendo sin relación alguna al pecado en Canaán, su dulce hogar,
y así, Él poder vivir con cada uno de ellos su vida eterna, que está llena de riquezas asombrosas nacidas de su corazón santísimo y amoroso por cada uno
de ellos, riquezas reales y sin fin jamás vistas por huestes angelicales hasta
nuestros días.
Ciertamente, una vez que nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo naciendo como Isaac del vientre estéril de Sarah, por poderes del Espíritu Santo, entonces, su naturaleza divina empezó a existir en la tierra nuevamente, destruyendo toda obra
de Satanás y de los ángeles caídos junto con el ángel de la muerte, que había llevado ya a la humanidad entera al infierno tormentoso. Realmente, nuestro Padre celestial ahora tenia poderes de su naturaleza divina viviendo en
la tierra,
especialmente en Canaán, en donde Él podía vivir su vida eterna, como en el cielo, victoriosa en contra de Satanás y la muerte, pero igualmente, Él podía vivir su vida eterna con sus hijos de cada generación de las familias de las naciones,
empezando con Israel.
Legalmente, nuestro Padre celestial necesitaba saber si Él encontraría pecado
en sus hijos, al vivir Él su vida eterna con Abraham y con sus hijos adoptados, en Canaán, finalmente encontrando que el pecado falla en existir en
ellos de las familias de
las naciones junto con hijos prometidos a Abraham, hijos renaciendo en futuras generaciones, conociendo únicamente su amor asombroso por ellos para siempre. Por eso, es que fue importante para nuestro Padre celestial vivir su vida eterna con Abraham y
con sus hijos de Israel y de las familias de las naciones, en Canaán, y así, Él conocerlos enteramente por las cosas que necesitarían en su diario vivir, y así, suplirles a ellos con el amor de su corazón santísimo y con riquezas insondables de
Canaán siempre.
Este fue el Juramento a Isaac, que nuestro Padre celestial necesitaba derramar sobre la carne sin pecados y sangre expiatoria de Isaac, por los hijos de Israel y de las naciones, gozando del amor infalible de su corazón santísimo,
igualmente, vistié
ndolos Él mismo a todos ellos con riquezas sin fin, haciéndolos enteramente perfectos y santos, así como Él lo es en la gloria celestial perpetuamente. Sin embargo, primero nuestro Padre celestial necesitaba que Abraham viva su vida eterna no
solamente con Él y con su Espíritu Santo, pero igualmente, Él necesitaba vivirla enteramente con cada hijo suyo de Israel y de las naciones, y así, Él
conocerlos a todos ellos junto con sus necesidades especiales, que ellos siempre necesitaran en
sus días, y así, Él suplirles progresivamente siempre.
Esto es algo, que nuestro Padre celestial necesitaba hacerlo con Abraham y con cada hijo suyo de Israel y de las naciones en Canaán, porque Él solamente los
puede conocer en tierra santa, su dulce hogar eterno, cuna de su naturaleza divina, en donde el
pecado no existió en la eternidad, empezando así su nuevo reino de su amor sin fin por sus hijos. Realmente, fue importante para nuestro Padre celestial tener a su Hijo Jesucristo naciendo como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu
Santo, en Canaán, y así, Él tener a cada hijo suyo renaciendo de generaciones futuras en su naturaleza divina, regresando así a Él y a su vida
eterna de glorias insondables, riquezas y perfecta santidad por una eternidad entera.
Ya que, esta es Canaán escogida por nuestro Padre celestial, como cuna de su nueva tierra, en donde sus hijos renacerán por el bautismo en agua y por el bautismo del Espíritu Santo, invocando la perfecta santidad de su nombre instantáneamente, y así,
ellos regresen a Él y a su amor infalible de su corazón santísimo por cada hijo suyo por toda la eternidad. Así es como nuestro Padre celestial tendrá a
sus hijos regresando a su naturaleza divina, como desde donde ellos nacieron inicialmente de su
imagen para vivir conforme a semejanza de su Hijo Jesucristo, que es su carne sin pecados, sus huesos inquebrantables y sangre expiatoria, conociendo únicamente su amor infalible, que Él siempre ha sentido por toda ellos en toda la eternidad hasta hoy.
Además, así es como: nuestro Padre celestial filtrara también la imagen y naturaleza de Lucifer y de sus ángeles caídos, que Adán y Eva habrán recibido al comer del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y del mal, para que ellos
vuelvan a ser sus hijos renacidos de su imagen, perfectos y santos, así como Él lo es en la eternidad. Ya que, nuestro Padre celestial necesita a cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las naciones renacidos de la carne sin pecados y de la
sangre expiatoria de su Hijo Jesucristo, y así, ellos vivan en su naturaleza divina, para que sean aceptados y reconocidos por Él, por su Espíritu Santo, pero igualmente por las huestes angelicales, como sus hijos legítimos.
Realmente, tú renacerás bautizado, sumergiéndote en la bañera de tu hogar, llena de agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, entonces, tú intercambiaras la carne pecadora y el espíritu
de error por la carne sin pecados y el Espíritu Santo, haciéndote perfecto y santísimo, así como el Padre lo es infinitamente. Presentemente, nuestro Padre celestial busca tener un nuevo reino lleno de su amor infalible, añorado
grandemente en su
corazón santísimo por su Hijo Jesucristo y por su Espíritu Santo, pero igualmente, por sus hijos nacidos de su imagen y de su alma viviente, empezando
con Adán y Eva, para que ellos entren en su nueva tierra viviendo su santidad perfecta con Él para
siempre.
Ahora, para que esto suceda, empezando en Canaán, nuestro Padre celestial tenía que haber tenido ya a su Hijo Jesucristo inmolado desde la fundación del mundo en el cielo y delante de sus ángeles, porque él tenia que descender
como el árbol de la
vida, que sus hermanos y sus hermanas necesitaban comer del pan y vino, entrando así a su vida eterna, eternamente enriquecidos. Legalmente, nuestro Padre celestial necesitaba tener a su Hijo Jesucristo establecido como el árbol de vida en Canaán,
naciendo del vientre estéril de Sarah con la carne sin pecados y la sangre expiatoria, derrotando así a Satanás y la muerte no solamente en su dulce hogar, pero igualmente en el corazón de la tierra únicamente con su naturaleza divina para la
eternidad venidera.
Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba su árbol de vida dándole de comer del fruto de vida, que es el pan y vino a sus hermanos y a sus hermanas, de Israel y de las naciones, para que tengan sus pecados perdonados, pero igualmente, escapen del
infierno tormentoso, entrando así a su vida eterna infinitamente bendecidos con su naturaleza divina desde la gloria celestial. Por eso, fue importante para nuestro Padre celestial tener a Abraham sacrificando tres carneros con sus
mitades opuestas una
a otra junto con dos aves sin cortar sobre la roca redentora, salpicadas con sangre expiatoria, porque Él tenia que caminar entre sus mitades divididas: expiando, juzgando y perdonado cada pecado de la humanidad entera con su cruz, sus hijos, como tú y
yo hoy.
Si dijéramos la verdad: Este es el árbol de vida eterna a donde Adán y Eva fueron llamados a comer del fruto de vida, para que ambos continúen viviendo su vida eterna con nuestro Padre celestial en el paraíso, porque llamados fueron a amar, servir y
glorificarlo a Él y a su santo nombre fuegos sobre el monte Sion, en Canaán, para una eternidad angelical. Este es el árbol de vida de su naturaleza divina, como su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, porque su Hijo fue primero naciendo como Isaac
del vientre estéril de Sarah, por poderes del Espíritu Santo, entonces últimamente, él renace de la hija virgen de David con su santo nombre fuegos,
en Canaán, para que sea amando, honrado y glorificado perpetuamente por sus hijos.
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