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    Sábado, 18 de Julio, 2020 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica


    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


    El PADRE vivirá CONTIGO (si, tú) ahora, SUS HIJOS, sumergido CON TODOS en sus
    DULZURAS sin fin:


    Amorosamente, nuestro Padre celestial creó la tierra con su amor asombroso e infalible, sintiéndolo intensamente en su corazón por sus hijos, aunque, cuando Él creaba los cielos y la tierra ellos no habían nacido aun, sin embargo, el amor para vivir
    con ellos estaba en su corazón y en todo su ser eternamente, fundándola (tierra) finalmente para vivir contigo su dulzura inagotable cada día. Ciertamente, cuando nuestro Padre celestial creaba la tierra, entonces, fue la tierra más hermosa en toda
    la Creación, porque Él la había creado con su amor intenso e infalible que siempre vive en su corazón santísimo por sus hijos, sabiendo que al darles vida a ellos de su imagen y de su alma viviente entonces ellos serían perfectos, así como Él
    siempre lo es eternamente.


    Considerando que, todo lo que nuestro Padre celestial había creado en el cielo
    y en la tierra, entonces, fue bueno ante sus ojos, sintiéndose así muy complacido en su corazón santísimo, porque todo lo creado en la tierra como en el cielo fue con su
    amor asombroso emanando constantemente de su mismo interior, entonces dulzura se sentía con grandes riquezas para gozarlo todo infinitamente. Es decir, que dulzura de su amor infalible de su corazón santísimo por sus hijos y por su vida eterna,
    entregada a ellos abundantemente para vivir con Él en la gloria celestial y en
    la tierra también, entonces, fue sentida intensamente por los ángeles, que realmente no se sentía la diferencia entre la dulzura de los dos lugares celestiales—pues era
    todo uno inicialmente.


    Realmente, nuestro Padre celestial creó la tierra, así como la gloria celestial, porque sus hijos nacerían en ella y su Hijo Jesucristo primero como
    Isaac de su siervo Abraham y del vientre estéril de Sarah su esposa, por el Espíritu Santo,
    introduciendo así su carne sagrada y la sangre expiatoria, emanando todo de Él, vistiendo así a sus hijos con gloria eterna en la tierra. Indudablemente,
    fue importante para nuestro Padre celestial tener a su Hijo Jesucristo inmolado
    desde la fundació
    n del mundo, porque sus hijos necesitaban nacer de su imagen y de su alma santísima y llenos del amor infalible de su corazón santísimo, amándolos grandemente, así como Él ama su misma vida en la gloria angelical, pero igualmente, amándolos en la
    tierra con perfecta santidad, como siempre será.


    Legalmente: Nuestro Padre celestial empezó un sacrificio importante sobre la roca de salvación en la gloria celestial ante ángeles, como testigos, creando
    así no solamente el cielo y la tierra, pero igualmente, otorgó vida abundantemente a sus hijos
    eventualmente, incontables como las estrellas del cielo arriba, que Él necesitaba el sacrificio empezado en el cielo continuando en Canaán, bendiciendo así a la tierra entera. Aquí es cuando. Nuestro Padre celestial lidio con Abraham, preparándolo
    así no solamente para sacrificar tres carneros con sus mitades opuestas una a otra sobre la roca de salvación junto con dos aves sin cortar, salpicados con sangre expiatoria, pero igualmente, Él necesitaba sentarse a comer del pan y vino del
    sacrificio de la gloria angelical, teniendo así a su Hijo Jesucristo naciendo en Canaán finalmente.


    Legalmente, nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo inmolado sobre la
    roca de salvación en la gloria celestial ante la presencia de huestes angelicales, porque iba a tener su sacrificio continúo desplegado ante Abraham
    y finalmente sobre el
    monte santo de Jerusalén, y así, él coma del pan y vino para que sus hijos nazcan como santos ángeles, empezando con Isaac. Verdaderamente, nuestro Padre
    celestial tenia que haber tenido a Abraham sacrificando tres carneros con sus mitades opuestas
    una a otra junto con dos palominos, salpicados con sangre expiatoria, pero igualmente, Él tenia que ya haber comido con Abraham del pan y vino, que Él necesitaba comer en Canaán para que su Hijo Jesucristo nazca como Isaac, y así, Él bendiga la
    tierra entera nuevamente.


    Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba enriquecer la tierra entera, y Él fallaba en hacerlo así y sólo hasta que tuvo a su siervo Abraham sacrificando
    tres sacrificios, que cada sacrificio necesitaba representar: uno para el Padre, el segundo para
    su Hijo y el tercero para su Espíritu Santo, salpicado con sangre expiatoria, y así, Él empezar a enriquecer la tierra nuevamente desde Canaán. Verdaderamente, nuestro Padre celestial necesitaba no solamente a Abraham junto
    con sus amados, como Sarah
    su esposa y sus 318 hijos adoptados (comprados por dinero de extraños) pero igualmente, tener a sus vecinos y amistades de cerca y de lejos, comiendo del pan y vino, porque así es como Él iba a repoblar la tierra entera con su carne sagrada y su
    sangre expiatoria.


    Visto que, nuestro Padre celestial empezó a repoblar la tierra entera, empezando en Canaán, con su Hijo Jesucristo nacido del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, para que él pueda darnos no solamente de la carne sagrada, los huesos
    inquebrantables y su sangre expiatoria, pero igualmente, darnos su vida eterna—y así, Satanás y la muerte sean derrotados en Canaán para siempre. Aquí, nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo clavado a la cruz junto con dos criminales
    sobre sus maderos, como testigos de los eventos del monte santo de Jerusalén, que fue la roca de salvación nuevamente con tres sacrificios, pero victoriosos
    sobre Satanás, pecados, la muerte y el infierno finalmente para que la tierra vieja renazca
    como una nueva tierra desde su mismo corazón.

    Además, nuestro Padre celestial necesitaba vivir su vida eterna, que Él siempre había vivido con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo en la gloria angelical, como su familia divina amando: amor, paz, gloria, poderes, prosperidad y riquezas
    interminables, que Él tenia que obtener con sus hijos viviendo en la carne sagrada, que nació de Él, complaciéndolo a Él mismo toda una vida. Evidentemente, nuestro Padre celestial necesitaba llenar a Canaán con la carne
    sagrada y con su sangre
    expiatoria que su Hijo Jesucristo había introducido en la familia de Abraham, que no solamente lo enriqueciera grandemente en la tierra, pero igualmente sus hijos viviendo en generaciones futuras, porque la tierra entera tiene que ser llenado con su
    carne sagrada, complaciéndolo a Él grandemente toda una eternidad venidera.


    Entendiendo que, es solamente en la carne sagrada, huesos inquebrantables y sangre expiatoria de Isaac, que nació de Él sin relación al pecado por poderes del Espíritu Santo, que Él puede tener no solamente su cuerpo-glorificado sobre su altar en la
    tierra, en Canaán, pero igualmente, Él puede tener su santo nombre junto con el día Sábado santificados por sus hijos por fin perpetuamente. Verdaderamente, esta es la carne sagrada y sangre expiatoria de nuestro Padre celestial que nació del
    vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, para que su Hijo Jesucristo nazca como Isaac, pero luego también de la hija virgen de David, destruyendo así a Satanás y la muerte, y así, su santo nombre fuegos sea honrado eternamente en Isaac
    sobre el monte Sion, en Canaán.


    Ciertamente, esta es la carne sagrada y sangre expiatoria nacida directamente de nuestro Padre celestial, por poderes del Espíritu Santo, para que su Hijo Jesucristo sea Isaac con la humanidad entera, santificando así su santo nombre
    fuegos en Canaán
    por vez primera, pero igualmente, para las familias de las naciones en la tierra: vayan santificando su santo nombre fuegos con honores que permanecen para siempre. Por eso, cuando uno de sus hijos es bautizado en agua, invocando la perfecta santidad de
    su santo nombre, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, entonces, la carne pecadora es abandonada en el fondo del agua para recibir la carne sagrada, en donde aquella persona ha llegado a renacer cien por cien milagrosamente de nuestro
    Padre celestial para siempre.


    Verdaderamente, cuando cada uno es bautizado en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, entonces, aquella persona es nacida no solamente del agua, pero igualmente de los interiores de nuestro Padre
    celestial, así como la carne sagrada y la sangre expiatoria y llena de vida eterna, recibiéndolos a todos ellos como sus hijos legítimos en Canaán, siempre. Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba a su santo nombre fuegos santificado en casa de
    Abraham, porque no solamente él sacrificó tres carneros junto con dos aves sin cortar sobre la roca de salvación, salpicadas con sangre expiatoria, pero igualmente, Él comió del pan y vino con ellos, y así, las naciones vivan su vida eterna
    enriquecida en la tierra, enriqueciéndola cada día más.


    Es decir, también que nuestro Padre celestial no solamente puede tener a Abraham y a sus hijos santificando su santo nombre fuegos en Canaán y en la tierra con poderosos honores divinos, porque bautizados en agua, recibirán la carne sagrada de Isaac
    que honra su santo nombre fuegos cada día, ascendiendo así postreramente a la
    gloria angelical, eternamente redimidos, bendecidos y enriquecidos ya hacia la eternidad. Ya que, nuestro Padre celestial pudo no solamente vivir su vida eterna con Abraham y
    con sus amados, como Sarah y sus hijos adoptados, vecinos y amistades, pero igualmente, Él vivió su vida eterna con cada uno de sus hijos prometidos de generaciones futuras, incluyendo las familias de las naciones, buscando pecado en ellos—y Él
    encontró ninguno por toda una eternidad, hasta hoy.


    Ya que, el pecado no existe en la carne sagrada y la sangre expiatoria de Isaac, por eso es que nuestro Padre celestial necesitaba vivir su vida eterna con Abraham y con sus hijos por generaciones venideras en Canaán, pero igualmente, vivir con las
    naciones, sin encontrar pecado en Isaac o en sus hijos, que Él finalmente invitó a Abraham al monte Sion. Ahora, la invitación de nuestro Padre celestial para ascender el monte Sion, descansando sobre el Moriah, fue entonces para continuar su
    sacrificio continuo, empezado sobre la roca de salvación con su Hijo Jesucristo ante huestes angelicales del cielo, como testigos, pero igualmente, fue para que su corazón santísimo derrame su Juramento a Isaac sobre la carne
    sagrada, bendiciéndonos
    así a nosotros con perfecta salvación.


    Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba vivir su vida eterna con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo en Abraham, pero igualmente, en sus hijos de las familias de las naciones del pasado y del futuro, buscando pecados, pero Él no encontró
    ninguno en todos ellos, porque falla en existir el pecado en el Juramento a Isaac en Canaán y en la humanidad entera. Indudablemente, después que nuestro
    Padre celestial había vivido su vida con sus hijos de Israel y de las naciones, inmediatamente, Ã
    ‰l invitó a Abraham con Isaac a su monte Sion, descansando sobre el Moriah, porque Él estaba ya listo para recibirte a ti, pues Él había vivido ya su vida contigo en Isaac, contemplando así su santo nombre fuegos honrado por ti finalmente
    perpetuamente.

    En buena hora, nuestro Padre celestial llamó a Abraham con Isaac su único hijo al monte Sion, descansando sobre el Moriah, porque Él estaba listo para recibir no solamente a su Hijo Jesucristo como Isaac—pero igualmente a ti, en
    donde Él ya había
    vivido su vida contigo junto con tus amados, encontrándote así digno de entrar a su vida eterna con Él, eternamente enriquecido siempre. Nosotros podemos ver la salvación maravillosa de nuestro Padre celestial ejecutada con Israel antiguo, cuando
    ellos descendían al Valle de los huesos secos, poseyendo así las puertas de sus enemigos junto con sus ciudades, porque ellos fueron mordidos por serpientes venenosas, convirtiéndose así todos ellos en uno en las puertas del infierno, como una
    semilla, un árbol, una cruz en Canaán, eternamente endulzada.


    Aquí, nosotros vemos a nuestro Padre celestial que no solamente tenia naciones
    del pasado y del futuro, como una carne sagrada, que es Isaac nacido del vientre estéril de Sarah y luego de la hija virgen de David, por el Espíritu Santo, porque la carne
    sagrada emergió directamente de Él, para que Isaac sea su Hijo—pero igualmente contigo y con tus amados hoy. Definitivamente, esta es la carne sagrada de nuestro Padre celestial, como cuando su Hijo Jesucristo necesitaba nacer como Isaac en Canaán,
    para que su santo nombre fuegos sea honrado, pero igualmente, sus días Sabáticos, que Él normalmente goza con sus hijos de Israel y de las naciones:
    porque bautizados ya entonces ellos (gentiles) visten la carne sagrada de Isaac, honrándolo a Él
    toda una vida eterna.


    En otras palabras, nuestro Padre celestial solamente recibe honores a su santo nombre fuegos sobre el monte santo de Jerusalén, en Canaán, cuando sus hijos han sido bautizados en agua, invocando la santidad perfecta de su nombre, su Hijo Jesucristo y
    su Espíritu Santo, entonces ellos habrán abandonado la carne pecadora y el espíritu de error por la carne sagrada y el Espíritu Santo. Legalmente, nuestro Padre celestial siempre fallara en recibir honores hacia Él, su santo nombre fuegos y sus dí
    as Sabáticos en la carne de Adán y de Eva, porque ambos comieron del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y del mal, incluyéndote a ti, como sus hijos, empero, bautizado en agua, tú eres carne sagrada, honrándolo a Él en tu vida
    siempre.



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