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    Sábado, 04 de Enero, 2019 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica


    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo


    BAUTIZADO: TÚ VIVES EN CANAÁN, ENRIQUECIDO, ANTES DE ENTRAR AL CIELO: REDIMIDO:


    El día llegó. Cuando nuestro Padre celestial decidió crear un reino mayor, que Él siempre había conocido con su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, porque el reino angelical, en donde Él siempre había vivido con su familia divina, y una tercera
    parte de las huestes angelicales se habían rebelado en contra de su santo nombre fuego sobre su altar de su amor eterno por sus hijos. Por cuanto, Lucifer había llegado a creer que podían poseer su santo nombre fuego junto con sus ángeles caídos
    fieles a él, además, ellos pensaban realmente, que él podía crear un nuevo mundo, en donde él sería aún mayor que nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo: entonces, el pecado nació en su corazón malvado, contaminando la
    Creación.


    Por ende, el reino angelical, creado por nuestro Padre celestial para amar, servir, honorar y exaltar su santo nombre fuego sobre su altar de su amor de familia divina, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, entonces, ellos
    vinieron a ser
    contaminados con el corazón malvado de Lucifer: pensando, que él podía exaltarse más alto que sus nubes de glorias eternas. Consiguientemente, nuestro Padre celestial soñó en su nuevo hogar, como el que Él siempre conoció con su Hijo Jesucristo y
    su Espíritu Santo, porque ellos verdaderamente le aman a Él con su amor infalible siempre, contemplando a Adán y a ti también junto con tus amados, reemplazando a sus ángeles infieles en su dulce hogar, lleno de su amor infalible por toda vida
    humana.


    Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba vivir con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo en su nuevo hogar, en donde el pecado de rebelión de Lucifer siempre fallara en existir con las huestes angelicales y con sus hijos,
    que Él había de
    darles vida únicamente para conocer su amor infalible, servicio y gloria hacia
    su santo nombre fuego sobre su altar celestial. Aquí es cuando, nuestro Padre celestial le dijo a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo: Descendamos a formar al hombre
    en nuestra imagen y semejanza, y así, él sea como uno de nosotros, conociendo
    el bien y el mal, para tener nuestro nuevo reino, en donde nuestro santo nombre
    fuego será realmente amado, servido y alabado por una eternidad entera.


    Aquí, nuestro Padre celestial le dio vida a cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones, empezando con Adán y Eva, y así, ellos
    tengan sus hijos, conociéndolo a Él, su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo, nacidos con
    su amor infalible, en donde ellos vivirán: amando, sirviendo y glorificando su
    santo nombre por toda una eternidad. Ya que, cuando nuestro Padre celestial pueda vivir con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu, naciendo con sus hijos, que viven para
    reemplazar a Lucifer y a sus ángeles caídos, naciendo de su amor infalible, únicamente para conocer amor, gloria y grandezas hacia la eternidad, entonces,
    Lucifer sintió envidia hacia sus hijos, porque él está excluido de la gloria
    para siempre.


    Por eso, es que Lucifer tenía que acercarse a Adán, para recibirlo a él junto con sus hijos, viviendo en futuras generaciones, empezando con Eva, y así, él ser parte de estas glorias venideras, grandezas y riquezas jamás vistas por él ni por los á
    ngeles antes, haciéndose parte de ellos de una manera u otra. Lucifer pensó, que teniendo a Adán y a Eva junto con los hijos, entonces, él podía ser uno con ellos en su pecado, y así, él ser parte de estas nuevas glorias venideras, riquezas y
    grandezas nunca antes vistas por nadie en el cielo hasta hoy en día, por ende,
    él empezó su reino de tinieblas, creado ya en su corazón malvado.


    Considerando que, cuando nuestro Padre celestial formó al hombre junto con ayuda de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entonces, él nació junto con sus hijos, empezando con Eva, con poderes especiales de su amor infalible, que solamente dan a
    luz nuevas glorias de santidades sin fin y abundantes riquezas asombrosas, vistiendo su santo nombre fuego con honores eternos por toda una eternidad. Puesto que, estas son glorias nuevas de santidades sin fin y de riquezas asombrosas, enriqueciendo
    grandemente a nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo junto con sus ángeles fieles, emanando de Adán y de sus hijos, cuando ellos vivan con Él en su nuevo dulce hogar, que Él mismo divinamente escogió ya—y esta es la
    tierra de hoy contigo.


    Realmente, para Lucifer contaminar a Adán con mentiras, nacidas de su corazón
    malvado, creando así un reino de tinieblas sin fin en la creación, porque si nuestro Padre celestial puede usar al hombre con sus hijos para crear un nuevo dulce hogar de
    glorias interminables, santidades y riquezas, entonces, él podía hacer lo mismo con Adán, por ello, él tenía que tener al hombre. Además, para Lucifer alcanzar su deseo malvado de tener a Adán y a sus hijos en su reino de
    tinieblas, empezando ya,
    entonces, él tenía que hacer que el hombre crea lo nacido en su corazón malvado: el pecado, rebelándose en contra del santo nombre fuego de nuestro Padre celestial sobre el altar de su amor infalible, amando a su familia divina—tú.


    Por consiguiente, Lucifer tenía que asegurarse, que Adán falle en comer de fruto del árbol de la vida, que estaba en el epicentro del paraíso, porque nuestro Padre celestial le había dicho, que él podía comer de todos los árboles del Jardín del
    Edén, pero, excepto del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y del mal. Por cuanto, que el día que Adán comiese del fruto prohibido entonces
    él moriría junto con sus hijos, que nacerían en generaciones venideras, porque ellos estaban
    destinados a nacer con poderes especiales para amar, servir y glorificar su santo nombre fuego sobre el amor de su amor infalible hacia su familia divina para vivir su vida eterna con ellos, disfrutándola, para siempre.


    Puesto que, este es el santo nombre fuego de nuestro Padre celestial que siempre existió por una eternidad con su Hijo Jesucristo y con santidades perfectas de su Espíritu Santo, en donde jamás fue tocado por ninguno por toda la Creación, y hasta que
    Lucifer junto con sus ángeles caídos decidió poseerlo, pero, él falló, rechazándolo el santo nombre fuego para siempre. Visto que, el santo nombre fuego de nuestro Padre celestial únicamente reconoce santidades perfectas, emanando de su Hijo
    Jesucristo y de su Espíritu Santo, y jamás de los ángeles caídos, como Lucifer, que pensó que él podía poseerlo, por eso, el infierno junto con el lago de fuego nació, quemando el pecado de rebelión eternamente, como la segunda muerte por una
    eternidad entera.


    Sin embargo, nuestro Padre celestial les dio vida a sus hijos en su imagen para
    vivir conforme a semejanza de su Hijo Jesucristo, llenó de asombrosas santidades perfectas de su Espíritu Santo, como riquezas y glorias jamás vistas por los ángeles,
    porque únicamente existen en su dulce hogar, la tierra, en donde su familia divina (tú) goza de amor, paz y dulzuras sin fin. Ciertamente, este es un reino glorioso, que nuestro Padre celestial siempre soñó con él, poseerlo, en donde su santo nombre
    fuego es eternamente amado, servido y alabado con perfecto amor, emanando de su
    corazón santísimo, conociendo únicamente riquezas, perfectas santidades y alegrías insondables con su familia divina por una eternidad entera, y este eres realmente tú
    junto con tus amados, vecinos y amistades.


    Aun así, Lucifer quiere ser parte de este nuevo reino, creciendo del corazón santísimo de nuestro Padre celestial, en donde su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo siempre han vivido, pero igualmente, sus hijos nacieron allí, en él, empezando con Ad
    n y Eva, y así, ellos conozcan maravillas de su amor infalible, servicios y glorificaciones a su santo nombre fuego en su dulce hogar, Canaán. Este es el nuevo dulce hogar de sueños dorados de nuestro Padre celestial en la tierra, en Israel, Canaán,
    en donde sus riquezas, glorias y honras jamás tocadas por el pecado, crecen ya
    con obras salvadoras de su Hijo Jesucristo, como Isaac inicialmente, y de su Espíritu Santo que continúa derramándose desde la gloria, excluyendo a Lucifer y a sus
    seguidores de él.


    Como resultado, fue importante para nuestro Padre celestial comer de su Mesa santa del pan y vino, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, servido diariamente a sus ángeles de la gloria celestial, manteniéndolos siempre santos, pero igualmente,
    separados de la influencia pecadora de Lucifer, y así, sus hijos siempre coman
    su comida con Él, enriqueciendo su dulce hogar por siempre. Y es aquí, en donde nuestro Padre celestial encontró a Abraham su siervo no sólo listo para
    creer en su
    palabra viva, nacida naturalmente de su corazón santísimo para ser ejecutada por toda su Creación, empezando en la gloria angelical, y así, su dulce hogar, en Canaán, se enriquezca con sus hijos renaciendo en ella, sólo comiendo sus alimentos con É
    l, como siempre.


    Después de esto, fue importante para Abraham igualmente junto con sus amados, como Sarah y sus hijos adoptados, comprados por dinero de extranjeros, para que
    sus hijos prometidos por generaciones futuras, coman del pan y beban del vino de su Mesa santa,
    que es el comedor de tu hogar, junto con familias de las naciones, ya que su pan: enriquecerá toda vida siempre. Ciertamente, nuestro Padre celestial tenia
    a Abraham dispuesto a sentarse con Él a su Mesa santa, para luego él sacrificar tres carneros
    con sus mitades opuestas una a otra junto con dos palominos sin cortar sobre la
    roca de salvación, salpicados con sangre expiatoria, y así, Él expiar, juzgar y perdonar pecados de las familias de las naciones yaciendo ya en el infierno tormentoso.


    Dado que, nuestro Padre celestial regresó a Abraham, caminando entre las mitades de los tres carneros sacrificados y con sus sangres expiatorias salpicadas sobre ellos junto con dos palominos sin cortar, porque la antorcha no fue solamente el madero de
    Israel, pero también de las familias de las naciones yaciendo en el infierno tormentoso, que necesitaban escapar de él. Aquí, nuestro Padre celestial tuvo
    a Abraham sacrificando tres carneros con sus mitades opuestas una a otra junto con dos palominos
    sin cortar sobre la roca de salvación, salpicada con sangre expiatoria, porque
    Él estaba expiando, juzgando y perdonando pecados del mundo entero con la cruz
    del monte santo de Jerusalén, estableciéndolo así su santo nombre fuego, clavado a él, en
    Canaán, perpetuamente.


    Inmediatamente: Después que nuestro Padre celestial había caminado entre mitades opuestas una a otra de los tres sacrificios junto con dos aves sin cortar sobre la roca de salvación, salpicadas con sangre expiatoria: expiando,
    juzgando y perdonando
    cada pecado de la humanidad entera, ahora, los hijos de Abraham tenían que nacer en él, pero con poderes asombrosos, cambiando el mundo entero en un día. Aquí es cuando, nuestro Padre celestial estuvo listo no solamente para entregarle a Abraham a su
    hijo muy esperado, llamándolo Isaac ya desde el cielo arriba, porque fue su Hijo Jesucristo nacido con el cuerpo glorificado para establecer su santo nombre fuego sobre el monte Sion, en Canaán, convirtiéndolo en su dulce hogar, en donde Él vivirá
    con sus hijos, eternamente amado para siempre.


    Además, nuestro Padre celestial necesitaba tener a su Hijo Jesucristo, como Isaac, del vientre estéril de Sarah, por poderes del Espíritu Santo, porque Él necesitaba que sus hijos nazcan en Canaán, pero, bautizados en agua, invocando la perfecta
    santidad de su nombre fuego, y así, ellos renazcan de poderes del Espíritu Santo hacia su vida eterna y hasta más allá de la eternidad. Ciertamente, cuando su Hijo Jesucristo nació como Isaac del vientre estéril de Sarah, por poderes del Espíritu
    Santo, entonces, él nació cien por ciento del Espíritu Santo, bautizado en agua del vientre, por ello, él estaba listo para vivir la vida eterna de nuestro Padre celestial con Abraham y con sus amados: Luego él (Abraham) ascendió al monte alto,
    para ser declarado Justo eternamente.


    Entonces, cuando nuestro Padre celestial había cuidado, que su Hijo Jesucristo
    viva con Abraham y con los suyos en su hogar, como Isaac, llevando con él no solamente su vida eterna, pero igualmente, sus Diez Mandamientos vírgenes, y sin manchas jamás
    del pecado, entonces, Jacobo nació, como su primogénito en Canaán, y así, sus hijos nazcan en la tierra, pero con poderes divinos. Visto que, nuestro Padre celestial tenía que llamar a Abraham al monte santo de Jerusalén, descansando sobre el
    Moriah, presentando a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac, ofreciéndolo, como
    ofrenda encendida hacia la gloria celestial, porque su gloriosa vida eterna, que él había vivido triunfantemente con él (Abraham) y sus amados en su hogar, ahora
    necesitaba ser parte del reino angelical finalmente para siempre.


    Llegó el momento, en que nuestro Padre celestial ansiaba tener a su Hijo Jesucristo yaciendo como hombre, Isaac, sobre el madero del monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, derramando todo su corazón sobre él (Isaac) y sobre sus hijos,
    entregándoles así a ellos sus riquezas asombrosas, poderes y glorias jamás tocadas por Satanás, y así, ellos vivan su vida gloriosa eternamente enriquecida. Sin embargo, esta gloriosa vida eterna con sus riquezas cotidianas, que nuestro Padre
    celestial les entregó a Abraham y a sus hijos prometidos por muchas generaciones, empezando con Isaac, fue derramada sobre el monte Sion y por todo
    Canaán, y así, ellos las puedan recibir instantáneamente, pero únicamente, todos ellos renacidos del
    bautismo en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre santo.



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