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    Sábado, 23 de Noviembre, 2019 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo


    Israel antiguo bebió de la roca: agua viva, satisfaciendo la sed de la humanidad entera por su amor de familia:


    Amorosamente: Nuestro Padre celestial necesitaba satisfacer la sed de sus hijos
    de las familias de las naciones que habían descendido al infierno tormentoso, porque ellos fallaron en conocer su santo nombre fuego y sus palabras de vida, nacidas
    naturalmente de su corazón santísimo, queriendo abrazarlos a todos ellos, perdonándoles sus pecados y seguidamente vean la vida nuevamente, para siempre. Sin embargo, nuestro Padre celestial a nadie tenia que lo ayudase de todas las familias de las
    naciones, para que valle con Él, con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo a satisfacer la sed de sus hijos, que habían muerto sin conocer su santo
    nombre fuego, para que ellos sean bautizados en agua, invocándolo, salvándose
    así para siempre.


    Cordialmente, nuestro Padre celestial buscaba por toda la tierra a alguien dispuesto a ir con Él y con su obra tremenda de su corazón santísimo, y que la única manera en que Él podía empezar a ayudar a sus hijos, satisfaciendo su sed, era allegá
    ndose a ellos inmediatamente, pero con su roca de salvación: porque con ella, Él puede satisfacer su sed instantáneamente. A tiempo, nuestro Padre celestial encontró a Abraham con su esposa Sarah y su vientre estéril, por ello, no podía dar a luz a
    sus hijos y tener su familia, por ende, ellos necesitaban ayuda del cielo arriba para resolver su problema, ya que no veían a nadie que pudiese ayudarlos, y hasta que fueron llamados a abandonar a sus parientes, amistades y
    tierras.


    Aquí es cuando, nuestro Padre celestial finalmente encontró a Abraham de entre todas las familias de las naciones, ayudándolo a llegar a sus hijos, llamándole a Él que les entregue sus misericordias que necesitaban, porque ellos estaban muriendo de
    sed por un vaso de agua, y nadie podía ayudarles a obtener esta agua que necesitaban. Por cierto: Nuestro Padre celestial le entregó a Abraham su roca de salvación para que sacrifique tres corderos, separándolos por sus mitades uno contra el otro y
    con dos aves sin cortar, salpicados con sangre expiatoria, porque Él iba hacia
    sus hijos debajo del desierto del Sinaí, saciando su sed por sus aguas vivas, para que no vuelvan a tener sed jamás.

    Aquí es cuando, Abraham pudo conducir sus tres sacrificios sobre la roca de salvación junto con dos aves sin cortar, salpicadas con sangre expiatoria, que
    realmente le complacía a nuestro Padre celestial, porque Él prometió regresar a él (Abraham)
    al fin del día, haciéndolo así con su antorcha de fuego, que era su santo nombre fuego junto con sus hijos prometidos por nacer. Esta es la antorcha, que
    las manos de nuestro Padre celestial traían con su santo nombre fuego junto con los hijos
    prometidos por nacer en generaciones futuras, incontables como las estrellas del cielo arriba, prometidos a Abraham inicialmente que nacerían de su esposa Sarah, empezando con Isaac, y este es su Hijo Jesucristo naciendo junto con el Espíritu Santo en
    el mundo.

    Definitivamente, nuestro Padre celestial necesitaba a su Hijo Jesucristo nacido, por poderes del Espíritu Santo, como Isaac, porque Él deseaba vivir su vida eterna con su amigo Abraham junto con su esposa Sarah y sus hijos adoptados, comprados por
    dinero de extranjeros, y así, él proveerles amor de familia para que crezcan en el temor del SEÑOR de la gloria celestial. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba vivir su vida eterna en la tierra con Abraham y su familia—una familia
    comprada con dinero—porque su esposa Sarah era estéril de su vientre, por ende, imposible que diese a luz a sus hijos que Abraham deseaba tener, sin embargo, en su corazón santísimo, el Padre tenia todos los hijos que él deseaba tener, empezando
    con Isaac.


    Nuestro Padre celestial regresó a Abraham con su antorcha encendida en sus manos, como el madero antiguo del monte santo de Jerusalén, levantando su santo nombre fuego con sus hijos prometidos, naciendo para Abraham del vientre estéril de Sarah, con
    la carne sagrada y la sangre expiatoria, y así, Él expiar, juzgar y perdonar pecados del mundo con sus hijos directamente desde del madero. Legalmente, nuestro Padre celestial empezó a expiar, juzgar y perdonar los pecados de las familias de las
    naciones del pasado, del presente y del futuro con los hijos prometidos a Abraham por vivir en generaciones futuras: y así, Él finalmente tener a su Hijo Jesucristo naciendo del vientre virgen de la hija de David, en Canaán, destruyendo así el pecado
    al fin, para siempre.


    Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba destruir todo pecado junto con Satanás y la muerte con sus ángeles caídos del infierno tormentoso en un día, cuando su Hijo Jesucristo había ya vivido su vida eterna, derrotada en Eva en el paraíso,
    pero ahora, victoriosa sobre Satanás, la muerte y el pecado del infierno, y así, sus hijos vivan nuevamente en ese mismo día. Visto que, nuestro Padre celestial había vivido ya con su Hijo Jesucristo nacido como Isaac junto con su Espíritu Santo en
    el hogar de Abraham, entonces, Él entendió divinamente, que Él mismo viviría su misma vida eterna con sus hijos prometidos a Abraham, pero igualmente, con las familias de las naciones, y así, ellos regresen a vivir nuevamente con Él en su nueva
    tierra.


    Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba convertirlos a todos ellos en una
    gran familia de naciones, aprendiendo a amar, servir y alabar su santo nombre fuego sobre el monte Sion, seguidamente, Él empezarlo todo con los hijos nacidos a Abraham del
    vientre estéril de Sarah, empezando con Isaac, y así, Él llenar la tierra de
    su carne sagrada cien por cien del Espíritu Santo. Legalmente, estos son hijos
    de Abraham, naciendo después de Isaac con la carne sagrada, los huesos inquebrantables y la
    sangre expiatoria por nacer en Canaán del vientre virgen de la hija de David, y así, el Mesías viva su vida eterna, derrotada en Eva en el paraíso por la serpiente, pero ahora, lista para derrotar a la muerte con las serpientes de bronce.

    Esta victoria cananea en contra de Satanás fue muy importante para nuestro Padre celestial, para tener a los hijos de Abraham renaciendo, como el árbol de la vida sobre el monte santo de Jerusalén con su santo nombre fuego junto con Hijo Jesucristo,
    clavado a ellos, como la antorcha inicial ardiendo con la sangre expiatoria, removiendo el pecado del mundo entero en un día. Ahora, para que esto sea posible entonces nuestro Padre celestial no solamente tenia que vivir su vida eterna con su Hijo
    Jesucristo, nacido del vientre estéril de Sarah, como Isaac, por el Espíritu Santo, pero igualmente, Él tenia que regresar a la gloria angelical con su vida eterna vivida ya con Abraham y con sus hijos, compartiéndola con sus huestes angelicales
    eternamente.


    Por cuanto, nuestro Padre celestial necesitaba saber, cuán glorioso seria, si Él no solamente la introduce a sus huestes angelicales, pero igualmente, Él necesitaba experimentar, saber, conocer la reacción angelical, y Él encontró, que su vida
    eterna, vivida con Abraham y con sus hijos adoptados en la tierra, es compatible con la vida angelical, decidiendo así: Él quedarse con ella por una eternidad entera. Aquí es cuando, nuestro Padre celestial llamó a Abraham
    al monte santo de Jerusalé
    n, descansando sobre el Moriah, ofreciendo a su único hijo amado Isaac, como una ofrenda encendida hacia Él en la gloria angelical: porque Él necesitaba los aromas de su vida eterna, que Él mismo había vivido con la familia de Abraham, saturando al
    reino angelical con glorias nunca antes vistas por ellos.


    Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba levantar a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac, en el hogar de Abraham, por el Espíritu Santo, finalmente sobre el monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, y así, Él derramar su corazón
    santísimo roto y afligido por sus hijos, clamando a Él desde el infierno, muertos por no haber conocido la salvación perfecta de su nombre. Aquí es cuando, nuestro Padre celestial que había tenido a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac finalmente
    levantado por Abraham al monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, porque Él tenía que fluir en él, como su naturaleza divina, convirtiéndolo a él en uno con Él eternamente: porque Él mismo fluyendo por
    el cuerpo de Abraham, entonces,
    se hicieron uno, declarándolo así Santísimo finalmente.


    Dado que, Abraham había vivido ya con su hijo Isaac, como Hijo de nuestro Padre celestial, Jesucristo, nacido por el Espíritu Santo, y así, Abraham junto con sus hijos se vistan de su carne sagrada, nacida cien por cien del Espíritu Santo, entonces, Ã
    ©l no solamente ascendió vestido de la carne sagrada, pero igualmente, hablo con nuestro Padre celestial, declarándolo a él Santísimo perpetuamente. Considerando que, nuestro Padre celestial necesitaba declarar a Abraham santísimo en su presencia
    santísima, porque él no solamente había vivido con su Hijo Jesucristo nacido
    como Isaac en su familia, por poderes del Espíritu Santo, pero igualmente, él
    se había convirtió en uno con su hijo único: por ello, él fue llenado del amor infalible
    de la roca, jamás tocada por el pecado.


    Efectivamente, cuando Abraham ascendió al monte Sion, descansando sobre el Moriah, entonces, él fue llenado del amor infalible de la roca, que es el perfecto amor de nuestro Padre celestial, amando a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo, como su
    familia divina de la gloria angelical, por ello, Él estaba listo para amar a la humanidad entera toda una vida entera. Por eso, nuestro Padre celestial conocía a Abraham, una vez que él había ascendido con su único hijo Isaac al monte Sion,
    descansando en el Moriah, entonces, Él lo declaró a él Santísimo, vistiendo
    de la carne sagrada de su Hijo Jesucristo, nacido para él como Isaac su único
    hijo amado, creyendo en sus palabras de vida, nacidas naturalmente de su corazón santísimo.


    Realmente, una vez que nuestro Padre celestial declaró a Abraham justo en su santa presencia, entonces, esto significa, que él vestía de la carne sagrada,
    los huesos inquebrantables y de la sangre expiatoria, llena de su vida eterna, en donde él
    tenia que ser declarado santo junto con sus hijos prometidos viviendo en generaciones venideras—pero, ellos tienen que bautizarse para vivir enriquecidos, siempre. Abraham fue bautizado con su hijo Isaac, viviendo con él junto con nuestro Padre
    celestial y su vida eterna y poderes cotidianos del Espíritu Santo, bendiciéndolo todo alrededor de él y sus hijos en su hogar y propiedades: por
    ende, su naturaleza divina fluyó poderosamente y hasta que fueron declarados santos, convirtiéndose
    todos ellos así en bendición para otros, siempre.


    Esto fue algo que nuestro Padre celestial tenía que hacerlo así con Abraham, porque él iba a ser padre de Israel, pero igualmente, de muchas naciones por generaciones venideras, considerando que cada uno bautizado en agua, invocando su santo nombre
    fuego, instantáneamente recibe la carne sagrada de Isaac y la sangre expiatoria llena de vida eterna y de riquezas insondables de Canaán. Luego, cuando Abraham ascendió con Isaac al monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, entonces, él
    fue aceptado por nuestro Padre celestial, ya que él estaba listo para ofrecer a su hijo Isaac que había aprendido a amar con todo su corazón por años, por
    consiguiente, su corazón rebozaba de su naturaleza divina y preparada estaba para ser
    declarado justo para siempre.


    Definitivamente, nuestro Padre celestial le había confiado a Abraham y a su familia a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, entonces, Él estaba listo para confiarle a él junto con sus hijos
    prometidos viviendo por generaciones futuras el deseo de su amor infalible de su corazón santísimo, y así, ellos le amen, le sirvan y confíen en Él, siempre. Esto significa que nuestro Padre celestial espera de cada hijo suyo, renacer del bautismo
    en agua, invocando la perfecta santidad de su santo nombre fuego, que es: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacobo (el Espíritu Santo), y así, ellos asciendan sobre el monte santo de Jerusalén para ser declarados santos, así como
    Abraham inicialmente.


    Por eso, es que fue importante para nuestro Padre celestial tener a Isaac yaciendo sobre el madero del monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, porque Él necesitaba declarar santo no solamente a Abraham y a sus hijos prometidos viviendo
    en generaciones futuras, pero igualmente, declarar a las familias de las naciones santísimas también, y así, ellas vean vida nuevamente pronto. En otras palabras, con el Juramento a Isaac, que nuestro Padre celestial había derramado sobre su Hijo
    Jesucristo como Isaac yaciendo sobre el madero del monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, entonces, fue no solamente para declarar a Abraham
    santo, creyendo en su palabra viva, nacida naturalmente de su corazón santísimo, pero
    igualmente, declarar a cada familia de las naciones santas eternamente.


    Ya que, nuestro Padre celestial necesita llenar su nueva tierra, como su nuevo reino, lleno de su amor infalible, emanando de la roca de salvación, que es su
    amor divino, en que Él siempre ha amado a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo por todo
    el reino angelical, sin jamás ser tocado su amor por el pecado en toda la eternidad. Realmente, la nueva tierra de nuestro Padre celestial necesitaba vida en el corazón de la tierra, y Él necesitaba llegar a ahí con los hijos de Abraham, cargando con
    ellos la roca de salvación y los tres carneros con sus mitades opuestas una a otra junto con dos aves sin cortar: ejecutados por Abraham, salpicados con sangre expiatoria, y así, conquistar a Canaán finalmente.



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