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Sábado, 14 de Septiembre, 2019 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
EL Corazón Destrozado del PADRE, SANA sólo contigo, BUATIZADO en su Corazón que VIVE por Ti hoy:
Amorosamente: El corazón santÃsimo de nuestro Padre celestial sollozaba de ver a las familias de las naciones que habÃan descendido al infierno tormentoso: porque fallaron en conocerlo a Él, como su Padre celestial que les
habÃa dado vida de su
imagen y alma viviente, y asÃ, ellos vivan en la semejanza de su Hijo Jesucristo y de su vida eterna en el EspÃritu Santo. Ahora, nuestro Padre celestial necesitaba derramar de su corazón gimiendo por sus hijos perdidos en
el infierno tormentoso,
porque su corazón destrozado necesitaba estar con ellos, ayudándoles asà a todos ellos, porque no hay nada difÃcil para Él hacer: por ello, Él necesitaba a su Hijo Jesucristo nacido en la tierra para derramar todo su corazón profundamente herido
sobre él finalmente.
Dado que, una vez que nuestro Padre celestial realmente podÃa derramar su corazón roto sobre su Hijo Jesucristo nacido en una de las familias de las naciones, entonces, Él podÃa trabajar consigo mismo y con su corazón todo roto hacia las puertas del
infierno, y asÃ, Él mismo ayudarlos en la mejor manera posible y hasta liberarlos a todos ellos hacia la eternidad venidera. Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba desesperadamente llevar su corazón herido hacia los postes del infierno
tormentoso, parándose firme allÃ, y asÃ, Él hacer todo lo mejor posible, de
cómo no solamente de destruir toda tiniebla, pecado, enfermedad, pobreza y todo relacionado a Satanás, los ángeles caÃdos y la muerte, pero igualmente,
Él asegurar la
derrota eterna de ellos sobre la tierra entera.
Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba estar lo más cerca posible a sus hijos yaciendo en el infierno tormentoso, y esto era la misma puerta del infierno, entonces, Él tendrÃa a su Hijo Jesucristo derramando de su vida eterna, derrotada
inicialmente en el paraÃso en Eva y luego en Adán y sus hijos, y asÃ, Él mismo liberarlos del pecado y la muerte postreramente. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba su corazón santÃsimo cerca a los corazones de sus hijos, sufriendo
dolores del pecado y agonÃas de sus almas perdidas en el infierno tormentoso, porque realmente Él tiene su salvación en su mismo corazón santÃsimo y sufriendo, pero, Él necesitaba tener a su Hijo Jesucristo, como su Cordero, salpicando su sangre
expiatoria sobre postes del infierno para liberarlos finalmente.
Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham: abrazando un hijo suyo
del vientre estéril de Sarah su esposa, por poderes del EspÃritu Santo, porque él serÃa el único, en donde Él finalmente derramarÃa su corazón destrozado y en agonÃ
as, para no solamente rescatar a sus hijos perdidos en el infierno, pero igual,
sanar su mismo corazón roto en Canaán con todos ellos. Sinceramente, nuestro Padre celestial necesitaba derramar su corazón santÃsimo sobre Isaac yaciendo
sobre el madero
del monte Sion, descansando en el Moriah, porque Él no solamente expiarÃa y perdonarÃa cada pecado de las familias de las naciones, muertas en sus pecados, descendiendo al infierno tormentoso, eternamente perdidas, pero igualmente, Él mismo sanarÃa
su corazón destrozado por ellos en Canaán postreramente.
FÃsicamente, nuestro Padre celestial derramó sobre la carne sagrada, sus huesos inquebrantables y la sangre expiatoria de Isaac: Poderes curadores de su
grande Gracia, de su grande Misericordia, de su grande Verdad y de su grande Justicia Divina,
perdonando asà a sus hijos, pero igualmente, derramó, riquezas sanadoras de su corazón roto finalmente en Canaán, su dulce hogar, en donde Él vivirá enriquecido con sus amados eternos. Verdaderamente, después que Abraham habÃa
vivido con su ú
nico hijo Isaac por unos años, entonces, él vivió con nuestro Padre celestial y con el EspÃritu Santo riquezas cotidianas de la roca de salvación, que son océanos de su amor infalible, océanos de su alegrÃa y océanos de su gozo entre otras
riquezas, y asÃ, Él finalmente derramó su corazón roto sobre todo Canaán finalmente.
Puesto que, nuestro Padre celestial necesitaba no solamente enriquecer a Abraham junto con su único hijo Isaac, pero también a sus hijos prometidos viviendo en generaciones venideras, porque ellos serÃan los que nacerÃan con poderes del Juramento a
Isaac, lleno de sus riquezas asombrosas para llevarlos por el desierto de SinaÃ, descendiendo finalmente al Valle de los huesos secos con todo ello. Estas eran riquezas poderosas, atinadas a enriquecer a todos sus hijos de las familias de las naciones,
que habÃan muerto en sus pecados, descendiendo al infierno tormentoso, eternamente perdidos, y asÃ, Él tener sus riquezas cerca de postes del infierno, listo para derrotar a Satanás, los ángeles caÃdos y la muerte, y sus hijos vean vida nuevamente
al fin, para siempre.
Además, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos no solamente de Israel,
renaciendo en su corazón santÃsimo, establecido como el corazón de su nueva tierra, para que lo vean a Él en el Tercer DÃa, por poderes asombrosos de su EspÃritu Santo
victorioso sobre Satanás y la muerte, pero igualmente, ver a sus hijos de todas las familias de las naciones, viviendo nuevamente pronto. Por ende, nuestro Padre celestial necesitaba ver a sus hijos, vistiendo sus riquezas asombrosas de su corazón santÃ
simo, cuando renacÃan por poderes de su EspÃritu Santo, salpicado por la sangre expiatoria de su Hijo Jesucristo, y llena de su misma vida eterna, derrotando a la muerte en Canaán, finalmente para vivir nuevamente en su nueva
tierra, en donde el
pecado jamás existió.
Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba recibir a sus hijos: renacidos de
su mismo corazón santÃsimo, establecido ya como el corazón de su nueva tierra, no solamente de Israel, pero también de las familias de las naciones, porque para entrar en
su presencia santÃsima entonces tú tienes que vestir sus riquezas asombrosas,
y asÃ, ser tú aceptado en la gloria angelical, eternamente enriquecido. Por eso, cuando su Hijo Jesucristo fue clavado al madero de Israel antiguo sobre el
monte Sion
entonces cada hombre, mujer, niño y niña de Israel antiguo, recibió el cuerpo glorificado, lleno de vida eterna que habÃa derrotado a Satanás y la muerte en Canaán, pero igualmente, ellos vistieron sus riquezas divinas, y asÃ, ellos fueron
aceptados en la gloria celestial, eternamente enriquecidos.
En otras palabras, cada uno renacido nuevamente por el bautismo en agua y por el bautismo del EspÃritu Santo, entonces, aquella persona vestirá con riquezas que el corazón santÃsimo de nuestro Padre celestial no solamente derramó sobre Isaac, pero
igualmente, por todo Canaán, para que ellos sean aceptados ante Él en la gloria celestial únicamente conociendo: amor, grandeza, prosperidad, gloria y paz por siempre. Será: cómo cuando nuestro Padre celestial finalmente descienda hacia Canaán,
entonces, la casa de Israel tendrá que estar bautizada en agua, invocando la santidad perfecta de su nombre, su Hijo Jesucristo y su EspÃritu Santo, para que con su presencia nacional llena de vida eterna que ha derrotado a Satanás y la muerte en CanaÃ
¡n, instantáneamente entonces Canaán fluirá con leche y miel siempre.
Riquezas asombrosas, que no solamente el corazón santÃsimo de nuestro Padre celestial derramó ya sobre Isaac, pero igualmente, por todo Canaán, convirtiendo el Valle de los huesos secos en su corazón santÃsimo con sus hijos de Israel antiguo
renaciendo para vivir nuevamente, y asÃ, finalmente Canaán fluya con riquezas, enriqueciendo su dulce hogar, recibiéndole a Él con grandes honores
en su descender final. Es decir, también que nuestro Padre celestial será recibido con grandes
riquezas, emanando de Canaán milagrosamente grandes riquezas abundantes, nunca
antes vistas, enriqueciendo a cada hombre, mujer, niño y niña por todo Israel
y sus comunidades florecientes en todas las naciones, y asÃ, Él finalmente descender a su
dulce hogar, gozando: amor, riquezas, honor y gloria de todos sus hijos perpetuamente.
Realmente, estas son riquezas fluyendo leche y miel, emanando del corazón de la nueva tierra junto con Canaán, cuando Israel finalmente esté bautizado en agua, recibiendo a nuestro Padre celestial en su descender final a Canaán para
vivir con sus
hijos riquezas naturales que su corazón santÃsimo derramó sobre Isaac inicialmente, para ser gozadas en perfecta santidad por una eternidad entera. Además, estas son riquezas, manifestándose como leche y mil desde Canaán, cuando Israel finalmente
se ha bautizado en agua, invocando al Padre celestial, a su Hijo Jesucristo y a
su EspÃritu, como resultado: Israel será tan enriquecido con riquezas jamás antes vistas por ángeles del cielo ni menos por la humanidad entera en la tierra, y asÃ, las
naciones serán enriquecidas grandemente postreramente.
Más aún, cuando Israel haya renacido del bautismo en agua, entonces, esto significa que ellos habrán cumplido con Los Diez Mandamientos de Moisés e Israel, por ende, ellos habrán entrado a la vida eterna de nuestro Padre celestial: tocando vidas de
las familias de las naciones con poderosos milagros y glorias, incluyendo con las familias del infierno finalmente, y asÃ, todos vivan nuevamente perpetuamente. Considerando que, las familias de las naciones antiguas que han estado siglos y hasta miles
de años en el infierno tormentoso, muertos todos ellos porque fallaron en renacer del bautismo en agua en sus dÃas, invocando la perfecta santidad de su
nombre santo, su Hijo Jesucristo y su EspÃritu Santo, entonces, ellas serán enriquecidas
grandemente, cuando Canaán fluya leche y miel perpetuamente.
Verdaderamente, estas son riquezas de leche y miel, que nacieron naturalmente del corazón santÃsimo de nuestro Padre celestial por su amor entrañable a sus hijos de Israel y de las familias de las naciones, y asÃ, ellos vean en vez de pecado,
maldiciones, dolores, pobreza, muerte y infierno: entonces, sólo riquezas abundantes y asombrosas de su corazón santÃsimo, derramadas sobre Isaac y Canaán inicialmente. Por eso, es que fue importante que su Hijo Jesucristo nazca primero del vientre
estéril de Sarah, por poderes del EspÃritu Santo, y asÃ, Él descendió con su EspÃritu Santo a vivir con la familia de Abraham, vecinos y amistades, entregándoles asà finalmente riquezas escondidas una eternidad entera en su corazón santÃsimo,
como su nueva tierra, creciendo progresivamente debajo Canaán ahora mismo.
Visto que, fue la perfecta voluntad del corazón santÃsimo de nuestro Padre celestial tener su santo nombre fuego establecido eternamente en su dulce hogar, como la mejor tierra del mundo entero, para que Él finalmente vestirlo sobre el monte santo de
Jerusalén, en Canaán, con glorias, santidades y poderes nunca antes vistas por ángeles del cielo ni por el hombre en la tierra. Ya que, estas son riquezas, que se manifestaran únicamente con leche y miel, como el maná, alimentado diariamente la vida
eterna de nuestro Padre celestial y su palabra de vida del Juramento a Isaac, pero igualmente, enriquece su santo nombre fuego sobre el monte santo de Jerusalén, en Canaán, enriqueciendo por fin a sus hijos alrededor del mundo, cuando se bautizan en
agua.
Legalmente, estas son riquezas de leche y miel, derramadas por el corazón santÃsimo de nuestro Padre celestial sobre Isaac y Canaán, enriqueciendo asÃ
a sus hijos renacidos del bautismo en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, su Hijo
Jesucristo y su EspÃritu Santo, y finalmente entren en su vida eterna, en donde Él ejecutara su voluntad perfecta con ellos en la tierra. Además, la voluntad perfecta de nuestro Padre celestial es bendecir a cada hombre, mujer, niño y niña con su
Juramento a Isaac, en donde Él ha expiado, juzgado y destruido cada pecado de la humanidad entera, pero igualmente, Él ha enriquecido a las naciones con tierras fértiles, produciendo frutos abundantemente junto con grandes ciudades
y casas hermosas
para cada familia alrededor del mundo entero.
Convenientemente, nuestro Padre celestial tendrá a cada uno de nosotros y tan perfecto y santo, asà como Él es por los bautismos en agua y en el EspÃritu Santo, pero igualmente, Él necesita enriquecerlos con riquezas mayores, como las conocidas en
la gloria celestial por las huestes angelicales, y asÃ, sean ellos enriquecidos grandemente, asà como Él siempre lo ha sido en la eternidad. Ya que, nuestro Padre celestial siempre ha soñado vivir con su Hijo Jesucristo, su EspÃritu Santo, huestes
angelicales junto con cada hombre, mujer, niño y niña nacidos naturalmente de
su imagen y de su alma viviente, y asÃ, ellos vivan con la carne sagrada de su
Hijo Jesucristo, conociendo únicamente riquezas inagotables de su amor entrañable por toda
vida humana en la tierra.
Ciertamente, fue importante para nuestro Padre celestial: no solamente vivir su
vida eterna en necesidad de derrotar a Satanás y la muerte en el paraÃso, pero igualmente, Él necesitaba a su Hijo Jesucristo clavado al madero de Israel antiguo sobre el
monte Sion, en Canaán, con su santo nombre fuego sobrevolando el mundo entero,
protegiendo a sus hijos y riquezas por la eternidad entera. Considerando que, cuando su Hijo Jesucristo finalmente salpicó su sangre expiatoria sobre el madero de Israel
antiguo del monte Sion, como la puerta de la Ciudad de David, pero igualmente, la puerta del infierno salpicó con su vida eterna victoriosa sobre Satanás y la muerte, y asÃ, el reino de tinieblas de Satanás fue destruido desde el mismo infierno, para
jamás levantarse nuevamente.
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