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    Sábado, 14 de Octubre, 2017 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    (Recordando en éste 9 de octubre pasado, cuando se celebraba la Independencia de Guayaquil, y Bolívar junto con José de San Marti acordaron integrar al Ecuador a Venezuela y Nueva Granada, formando así la Republica de la Gran Colombia, para que
    seamos grandes en amor, en unión y en progreso constante en nuestras Américas, perpetuamente. Que nuestro Padre celestial los siga bendiciendo cada
    día con su grande amor infinito, manifestado por medio de su Hijo Jesucristo hacia cada uno de sus
    hijos e hijas de todo nuestro Gran Guayaquil, dentro de nuestras tierras y fuera de ellas, para que andemos constantemente guiados por su Espíritu Santo y sus dones maravillosos, que nos enriquecen grandemente, siempre. ¡Amén!)

    EL PADRE SÓLO TE VE EN SU VOLUNTAD PURA (JURADA A ISAAC): PARA ENRIQUECERTE YA:

    Nuestro Señor Jesucristo le pido su nombre a Jacobo mientras luchaban aquella noche hasta rayar el alba, porque Jacobo había decido que no lo dejaría hasta
    que le entregue su bendición. Y él le respondió diciéndole, mi nombre es Jacobo. Pero
    Jacobo inmediatamente le preguntó por su nombre también: por favor dímelo, le decía. Y el Señor le dijo, ¿por qué preguntas por mi nombre? Entonces el
    Señor lo bendijo a él allí en Peniel, porque Jacobo dijo: E visto a Dios cara a cara y aún
    así me perdonó, porque estimo grandemente y con mucho aprecio mi vida y de todos los míos delante de sus ojos.

    Éste es el día cuando nuestro Señor Jesucristo descendió del cielo arriba para encontrarse con Jacobo, porque él estaba regresando a la tierra de donde nació de la casa de su padre Isaac, para volver a empezar su familia con sus parientes que
    habitaban en la tierra de Canaán. Y en su camino a Canaán, nuestro Señor Jesucristo se le apareció a Jacobo para bendecirlo, pero él empezó a luchar con él con grande fuerza humana, visto que una gran bendición venia sobre toda su vida, pero
    igualmente para todo su hogar que incluía a sus hijos prometidos a su padre Abraham, que nacerían en las generaciones venideras.

    Además, porque Jacobo siempre había buscado de su bendición de parte del Señor a través de los años, entonces esta fue la noche que sintió que la recibiría, por ende, él empezó a luchar con Él con todas sus fuerzas para que se la entregara
    antes que rayara el alba: porque él tenía que ser enriquecido con los suyos entrando a Canaán. Aquí es cuando Jacobo le pidió por su nombre a nuestro Señor Jesucristo, pero inmediatamente le respondió con otra pregunta a que él le declare su
    nombre más bien: porque Él le estaba bendiciendo cuando le daba su nombre a él, es decir, que cuando Jacobo dijo mi nombre es Jacobo entonces el Señor Jesucristo le entregó un nombre nuevo y perpetuo.

    Aquí es cuando nuestro Señor Jesucristo le reveló a Jacobo su nombre, porque
    él le había pedido por su nombre que es grande y admirable, y que nadie lo puede comprender jamás: pero cuando Jacobo le entregó su nombre, entonces el Señor le dijo que
    su nombre no sería más Jacobo, pero Israel será; porque tú has peleado con los hombres y Dios, ganando. Aquí es cuando nuestro Padre celestial estaba realmente dando a conocer el nombre de su Hijo Jesucristo, que sería conocido no solamente por
    Jacobo, pero igualmente para poseerlo perpetuamente: ya que Jacobo le había pedido por su nombre, y al pedirle por su nombre, entonces su nombre le fue cambiado a Israel, porque éste es el nombre de su Hijo amado, perpetuamente.

    Por eso, que camino a Canaán junto con sus mujeres e hijos que llevaban lo que
    poseía, entonces nuestro Padre celestial le entregó a Jacobo a que lleve el nombre de su único Hijo Jesucristo, así como siempre lo ha conocido a él en la eternidad, y
    este es el nombre de Israel: ya que Jacobo es su primogénito entre las naciones. Además, Jacobo iba en camino a empezar a recibir a sus hijos que nuestro Padre celestial le había prometido a su padre Abraham a que los tenga en las generaciones
    venideras, porque todos ellos vendrían a ser una familia de naciones, llevando
    su santo nombre fuego hacia lo alto del monte Sión, que Él había escogido para establecer su voluntad perfecta, perpetuamente.

    Por ende, Jacobo tenía que ser renombrado por nuestro Padre celestial a través de su Hijo Jesucristo, que había descendido para bendecirlo grandemente con su nombre propio del cielo, que es Israel, para que sus hijos entonces nazcan así como Isaac
    nació del vientre estéril de Sara, por el Espíritu Santo en Canaán, a que sea su nación amada, establecida como Israel. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba a su primogénito en la tierra, que es Jacobo, para que no
    sea llamado más
    Jacobo, pero Israel legalmente: porque éste es el nombre de familia de su Hijo
    Jesucristo en que siempre ha sido conocido en su reino, y porque Jacobo regresaba a Canaán entonces su nombre tenía que ser Israel, para complacer al
    Padre, siempre.

    Consecuentemente, Jacobo regresó a Canaán con el nombre de su Hijo Jesucristo, porque nuestro Padre celestial necesitaba a su primogénito Jacobo que sea conocido por las familias de las naciones del mundo entero como Israel,
    ya que al nombrar a Jacobo
    como Israel: entonces también estaba renombrando a Canaán como Israel, porque
    allí será en donde vivirá con su Hijo amado, perpetuamente. Éste es el día, cuando nuestro Padre celestial empezó a tener a Jacobo renombrado así como su Hijo
    Jesucristo es, y éste es Israel, porque no solamente Jacobo seria renombrado Israel pero igualmente la tierra escogida soberanamente por Él mismo, para que
    su Hijo amado nazca junto con todos sus hijos levantando su santo nombre en gloria eterna, sobre
    el monte Sión.

    Evidentemente, esta es Canaán, escogida por nuestro Padre celestial no solamente para que su Hijo Jesucristo nazca del vientre virgen de la hija de David, bañado en su propia sangre del Juramento a Isaac, para atraer hacia Israel su santo nombre fuego
    alumbrando sobre su vida eterna, vivida por su Hijo amado, pero igualmente vivirla por todos nosotros en Israel y las naciones. Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba que su Juramento a Isaac sea establecido y cumplido perpetuamente con su Hijo
    Jesucristo y con sus hijos de Israel y de las familias de las naciones, sobre el monte santo de Jerusalén: para que su santo nombre fuego brille sobre sus vidas individuales, ya sea que vivan redimidos en la tierra o en el cielo.

    Por ende, éste es el lugar que nuestro Padre celestial escogió para que toda alma humana renazca milagrosamente del bautismo de agua y del bautismo del Espíritu Santo, porque cuando se sumergen en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre
    bendito, entonces se levantan del bautismo hacia el monte Sión y su Lugar Santísimo perpetuamente justificados, con vida eterna y salvación. Estos son los santos del monte Sión que han venido a ser sus hijos, renacidos del agua y
    del Espíritu Santo,
    para que sean instantáneamente no solamente sus hijos bendecidos grandemente, pero igualmente sus reyes, sus sacerdotes y templos a su santo nombre fuego para reinar con Él sobre las familias de las naciones, perpetuamente con su santidad perfecta.

    Por eso, es que era importante para nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo
    y su Espíritu Santo de encontrarse con Jacobo, de regreso a Canaán con sus esposas y con sus hijos, cargando con las riquezas que había acumulado por veinte años
    trabajando por Laban, el padre de sus mujeres, para entonces renombrar a Jacobo
    junto con Canaán con su nombre reservado. Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba que su primogénito Jacobo sea conocido mundialmente como Israel, pero igualmente su
    tierra, que Él mismo había escogido para establecer su santo nombre fuego sobre su monte santo de Jerusalén, cuando su Hijo Jesucristo viva su vida eterna victoriosamente sobre Satanás y sus ángeles caídos, finalmente destruyendo todo reino de
    tinieblas junto con la muerte, perpetuamente.

    Visto que, ésta es Canaán en la que nuestro Padre celestial derramaría su misma vida eterna sobre toda ella completamente, porque Él tenía que ungirla para su Hijo Jesucristo vivirla con su sangre derramada sobre su cuerpo, naciendo de la hija
    virgen de David, por el Espíritu Santo, postreramente conquistando a las naciones con su vida única emanando leche y miel mundialmente. Ya que, ésta es la leche y miel que las familias de las naciones finalmente comerán de nuestro Padre celestial,
    porque su Hijo Jesucristo nació bañado en su propia sangre de la hija virgen de David, introduciendo así hacia Israel su santo nombre, ardiendo sobre el monte santo de Jerusalén, pero igualmente, alumbrando sobre sus hijos renacidos del agua y del
    Espíritu Santo.

    Evidentemente, es la perfecta voluntad de nuestro Padre celestial en cada hombre, mujer, niño y niña a que renazca del agua en todas partes del mundo, como en donde sea que vivan, y así, sumergidos en agua, sueltan el espíritu de error y la carne
    pecadora, y sólo entonces podrán emerger del agua hacia su presencia santísima sobre el monte Sión, perpetuamente enriquecidos. Visto que, si algunos de sus hijos fallan en renacer del agua, invocando la perfecta santidad
    de su nombre bendito, de su
    Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, entonces ellos habrán fallado también de haber renacido del monte Sión y de su Lugar Santísimo, para que vengan a ser sus hijos legítimos, renacidos de su imagen santísima: como sus reyes y sacerdotes.

    Además, nuestro Padre celestial necesita llenar a todo su nuevo reino con sus hijos que Él empezó con Abraham, cuando lo llamó a que suba a su hijo muy amado Isaac al monte santo que le mostraría postreramente, para que lo ponga sobre el madero como
    el sacrificio encendido hacia su santo nombre fuego, para levantar su nuevo reino sobre las naciones. Y éste es el altar del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y su Espíritu, para entonces Él poder levantar
    sus manos sobre su santo
    nombre fuego clavado al madero, cuando Isaac permanecía tendido sobre el lugar
    del fuego, Juramentando así bendiciones sobre él y sus hijos por nacer, prometiendo abundante vida eterna y riquezas interminables en toda la tierra, perpetuamente.

    Por ende, aquí es donde nuestro Padre celestial estableció su santo nombre fuego finalmente cuando su Hijo Jesucristo fue bañado en su propia sangre, al nacer del vientre virgen de la hija de David, por los poderes del Espíritu Santo, sellando así
    su perfecta voluntad sobre el monte Sión para reinar sobre las naciones, incluyendo el reino angelical con santidad perfecta, eternamente. Es decir, que
    la perfecta voluntad de nuestro Padre celestial no está en el reino angelical como muchos piensan
    siempre, pero, la verdad es que Él mismo la estableció sobre el monte de Jerusalén perpetuamente, cuando su santo nombre fuego fue clavado primeramente
    sobre el madero y luego su Hijo Jesucristo derramando su sangre reparadora, quitando así todo
    pecado del mundo entero instantáneamente.

    En este lugar de la creación de nuestro Padre celestial ha llamado a su Hijo Jesucristo no solamente a que nazca de la hija virgen de David, bañado en su misma sangre bendita, para que su santo nombre fuego descienda del cielo, estableciéndose sobre
    el monte Sión, pero igualmente: Él ha llamado divinamente a cada hombre, mujer, niño y niña a salvarse. Visto que, aquí es donde su perfecta voluntad
    ha sido establecida perpetuamente, cuando su santo nombre fuego fue clavado al madero junto con su
    Jesucristo derramando su sangre reparadora, llena de vida eterna, para que todo
    Israel y las familias de las naciones la tengan como suya, gozándose siempre de su leche y miel, emanando de ella abundantemente, como prometió a Abraham antiguamente.

    Ciertamente, el comer del pan y vino no es lo único que nuestro Padre celestial nos ha dado por medio de su Hijo Jesucristo, para que todos nosotros entremos a su Juramento eterno a Isaac sobre el monte Sión y su Lugar Santísimo, pero igualmente a que
    comamos y bebamos de Él mismo que es su leche y miel dándonos vida abundantemente. Ya que, es la vida eterna de nuestro Padre celestial en la que su Hijo Jesucristo nació de la hija de David, por los poderes del Espíritu Santo, trayendo el santo
    nombre fuego sobre el monte santo de Jerusalén y su Lugar Santísimo, pero igualmente el derramamiento de su vida eterna como la leche y miel, alimentando
    a las naciones mundialmente, siempre.

    Por ello, ya que tú eres bautizado en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre bendito, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo entonces tú habrás abandonado el espíritu de error y la carne pecadora, para empezar a comer y beber del Espí
    ritu Santo y de la carne sagrada su leche y miel que su misma vida prístina te
    entregó. Y esto es algo que nuestro Padre celestial jamás hizo con los ángeles ni menos en la tierra con el hombre, mujer, niño y niña de las naciones, excepto en Israel
    y con Isaac, porque éste es el lugar en donde no solamente ha establecido su voluntad perfecta perpetuamente, pero igualmente en donde sus hijos renacen con
    Él de su Espíritu Santo.

    Es decir también que la perfecta voluntad de nuestro Padre celestial no está realmente establecida en la gloria celestial con los ángeles pero, preferiblemente en las familias de la humanidad, empezando en Israel, porque fue con Abraham que Él se
    sentó a comer del pan y vino de su Hijo Jesucristo, para que él postreramente
    nazca como Isaac del vientre estéril de Sarah. Nuestro Padre celestial necesitaba que su Hijo Jesucristo nazca del vientre estéril de Sarah, por los poderes del Espíritu
    Santo, porque Él no solamente deseaba introducir su amor asombroso en Abraham y sus amados, pero igualmente Él necesitaba que su sangre reparadora de su vida eterna sea parte eterna de cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las naciones.


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