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All on Sunday, September 02, 2018 06:01:37
Sábado, 01 de Septiembre, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
EL JURAMENTO A ISAAC CAERÁ SOBRE TI DE NUEVO: ENRIQUECIENDO LA NUEVA TIERRA CONTIGO EN SU ALTAR:
El tiempo llego, cuando nuestro Padre celestial necesitaba a alguien en la tierra para derramar toda su perfecta voluntad desde su corazón santísimo, pero siempre fallaba en encontrar a aquella persona digna de estar en su presencia santísima de entre
todas las familias de las naciones, de sus hijos nacidos de su imagen y de su alma viviente para vivir eternamente enriquecido. Esto fue algo que Él intento
hacer con Adán y Eva en el paraíso, pero ambos le fallaron en obedecerle en su palabra viva,
porque Él mismo les avisó que jamás podían comer del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y del mal, queriendo decirles que el día que coman de él, entonces ellos dejarían de estar con Él.
Esto significa que ellos dejaran de vivir con Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo en el amor infalible del cual ellos nacieron inicialmente de su
imagen y de su alma viviente, como sus hijos listos para hacer su voluntad perfecta, ya que Él
necesitaba derramar toda su voluntad perfecta de su corazón sobre ellos y sus hijos de generaciones futuras. Seguramente, nuestro Padre celestial estaba desesperado para derramar toda su voluntad perfecta de su corazón sobre su Creación, pero primero
en la tierra: porque ella viste a sus hijos, como Adán y Eva, con el lodo de ella misma, y como en donde Él vivirá con sus hijos de muchas generaciones venideras, dándole vida así a su nuevo reino en la eternidad.
Sin embargo, nuestro Padre celestial continuó fallando en encontrar a alguien digno de recibir el derramamiento de su corazón santo, para que Él finalmente
viva su vida bendecida y llena de su amor infalible, felicidad, gozo y descanso
del Sabatino
junto con otras bendiciones desconocidas de los ángeles hasta hoy junto con toda su paz reinando una eternidad entera. Puesto que, nuestro Padre celestial siempre ha vivido con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo junto con las
huestes
angelicales soñando vivir su vida maravillosa de la voluntad perfecta de su corazón, pero Lucifer con sus ángeles caídos lo ha desafiado vivirla, oponiéndose, y así, su reino dorado de vivir su nueva vida desconocida por los ángeles hasta hoy
nunca suceda.
Ciertamente, esto fue algo que nuestro Padre celestial jamás haría con los ángeles, pero únicamente con uno de los suyos nacido de su imagen y de su alma viviente, y aquí, Él le da vida a Adán para que él sea, en donde Él manifestaría la
voluntad perfecta de su corazón santísimo, y así, él sea la felicidad de su
corazón finalmente. Sin embargo, Lucifer tenia un plan diferente al del Padre celestial, decidido a atacarlo a Él junto con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo,
pero igualmente a Adán (tú hoy en día), en donde Él había puesto su fe y así hacer finalmente que su vida soñada reine en su nuevo reino de su voluntad perfecta toda una eternidad, eventualmente.
Entonces, el corazón santísimo de nuestro Padre celestial junto con su sueño
dorado de su perfecta voluntad, formándose algún día en todo su reino angelical del cielo junto con el paraíso y la tierra, empezó a desvanecerse delante de Él, porque
l vio a Adán junto con Eva su esposa y sus hijos con su imagen en ellos contaminada con el fruto prohibido. Innegablemente, nuestro Padre celestial había sido herido por Lucifer y sus ángeles caídos, pecando en contra de su santo nombre, reservado ú
nicamente para su familia divina, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo: y, ahora, Adán y Eva junto con sus hijos, en donde Él había puesto sus esperanzas de una vida grandiosa para la eternidad, y desconocida por los ángeles.
Además, nuestro Padre celestial solamente podía encontrar consuelo a su corazón santísimo en su nuevo hijo nacido de él, que fue Adán, emergiendo de su imagen y de su alma santísima para vivir conforme a la semejanza de su Hijo Jesucristo, por los
poderes del Espíritu Santo, abriendo camino para su nuevo reino grandísimo, en donde el pecado jamás existirá otra vez. Por eso, es que Lucifer tenia que
atacar a nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, así
como había
atacado a su santo nombre inicialmente, en donde Él había puesto sus esperanzas finalmente de conquistar aquella nueva vida de un reino mayor nacido
directamente de su corazón santísimo, solamente conociendo de su grande amor infalible con su familia
divina eternamente.
Con Adán y Eva, caídos en el pecado de Lucifer, comiendo del fruto prohibido con la serpiente del Edén, que nuestro Padre celestial les ordenó jamás comer de él, porque comiendo de él entonces su imagen santa en ellos moriría, desfigurada (por
rebelión) en contra de su amor infalible hacia ellos y así herir su corazón aún más profundamente que nunca antes. Que jamás nadie en el cielo podía realmente consolar su corazón santísimo, herido nuevamente por Satanás y sus
ángeles caídos
junto con la serpiente como mensajera de mentiras a Eva para que Adán entones sea alcanzado, que era la nueva esperanza de nuestro Padre celestial en toda su
Creación, nacido de su imagen para manifestar su voluntad perfecta eventualmente en su reino
venidero.
Desafortunadamente, el dolor de nuestro Padre celestial había venido a ser tan
grande en su corazón santísimo, que Adán nacido de su imagen y su sueño dorado por su nuevo reino de grandes glorias nunca antes vista por nadie en el cielo había
empezado a colapsar, contemplando su imagen en sus hijos de todas generaciones desfigurada, por el fruto prohibido. Además, el dolor y agonía de su corazón
santísimo habían venido a ser aún más fuerte como nunca antes, que Él ya no podía más
ver a Adán y a sus hijos ante Él para consolar su corazón herido, pero lo único que lo podía hacer así, consolarlo, era su familia divina que siempre fue su Hijo amado y su Espíritu Santo.
Pero para nuestro Padre celestial finalmente encontrar el amor que necesitaba con su consolación para su corazón adolorido y angustiado, por lo que Lucifer
había hecho en contra de su santo nombre y de sus hijos nacidos después de Adán y Eva,
entonces, su Hijo Jesucristo tenía que ser su segundo Adán junto con su Espíritu Santo, consolándolo a Él una eternidad entera. Además, nuestro Padre celestial necesitaba descargar su corazón herido y desconsolado aun después de haber visto su
santo nombre atacado junto con sus hijos con su imagen santa desfigurada en ellos cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido, que no fue posible nunca
derramar de las heridas y aflicciones de su corazón santísimo sobre algún ángel o hombre,
porque ambos pecaron.
Sin embargo, los únicos con quienes nuestro Padre celestial podía derramar realmente todo su corazón de dolor y aflicciones, sufriendo siempre hasta nuestros días, fue en su familia divina que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, al
convertirse en aquel miembro de su familia como Adán fue inicialmente para derramar todo su amor bendito, lágrimas y aflicción divina sobre él. En otras palabras, nuestro Padre celestial después que Lucifer lo traiciono por rebelión en contra de su
santo nombre para empezar su reino de tinieblas y de mentiras interminables sobre su creación, además había perdido a Adán y a sus hijos por mentiras rebeldes, entonces Él necesitaba llorar sobre el hombro de alguien, pero nadie
se encontró digno
de recibir sus lágrimas santísimas.
Considerando que, desde el amanecer de la humanidad, nuestro Padre celestial continúo buscando e cada hombre, mujer, niño y niña digna de recibir sus lágrimas, amor, compasión y aflicción por el deseo interminable de su corazón santísimo de vivir
una vida maravillosa de su nuevo reino de su perfecta voluntad, que Él fallaba
siempre de encontrarla en los ángeles y en Adán. Sin embargo, aunque nuestro Padre celestial había destruido el mundo antiguo con un gran diluvio, cubriendo toda la tierra
y hasta sus montañas altas con agua para que toda carne muera, hombres y animales igualmente, entonces, fue porque Él fallaba en toda generación de encontrar alguien digno para dejar caer de sus lágrimas, gracia, misericordia,
verdad y justicia
divina sobre sus hombros.
Desesperadamente, nuestro Padre celestial necesitaba encontrar a alguien, de algún modo, en toda su Creación que sea digno para Él recostar su rostro glorioso y santísimo sobre su hombro con su amor maravilloso, lagrimas, compasión por su vida
eterna y su santo nombre fuego que Lucifer intentó contaminar con el fruto prohibido, para empezar su gran reino de tinieblas y mentiras. Pero nadie jamás se encontró digno hasta que nuestro Padre celestial oyó de su Hijo Jesucristo junto con su Espí
ritu Santo, decirle, Yo seré aquel que buscas: en donde descansara tu rostro, atacado por el fruto prohibido cuando Adán comió de él para ser desfigurado ante ti, para que tú jamás tengas tu reino de tu perfecta voluntad toda una eternidad santí
sima.
Yo descenderé al mundo, le decía su Hijo Jesucristo, para vivir en las familias de naciones, para que tú finalmente tengas tu altar de amor eterno en
ellos, en donde Yo seré el que yace sobre el madero para que derrames todo tu corazón afligido,
sufriendo desde la rebelión angelical y hasta ahora para restaurar tu imagen en tus hijos postreramente, para siempre. Este era el hombre que nuestro Padre celestial había estado buscando y hasta encontrarlo, su Hijo Jesucristo nacido
del vientre esté
ril de Sarah como Isaac, por los poderes y dones del Espíritu Santo, para que Él finalmente llore su corazón santísimo que había sido afligido por las mentiras y rebeliones de Lucifer en contra de su santo nombre fuego sobre su altar eterno.
Además, nuestro Padre celestial necesitaba que su corazón santísimo llore sobre alguien digno de recibir sus lagrimas de amor por su santo nombre fuego, su rostro santísimo que había sido desfigurado sobre sus amados como Adán y sus hijos (y este
eres tú hoy), empezando con Eva, en donde Él necesitaba derramar su perfecta santidad y así restaurarlos a todos ellos postreramente. Por eso, es que cuando su Hijo Jesucristo nació del vientre estéril de Sarah, por los poderes
del Espíritu Santo,
entonces él nació con la perfecta imagen divina y alma santísima del Padre celestial que necesitaban ser restauradas primero en Adán y luego en sus hijos, para comer del pan y vino de vida eterna que desciende diariamente de la
Mesa del Señor.
A tiempo, al ver a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de
Sarah, por los poderes del Espíritu Santo, entonces Él fue muy feliz de ver su rostro santo finalmente brillando y empezando a ser restaurado sobre la tierra en cada hombre,
mujer, niño y niña al creer en Él, como Abraham creyó con su esposa Sarah,
por ejemplo. Además, su Hijo Jesucristo nació como Isaac no solamente con su carne sagrada junto con la sangre expiatoria y los huesos inquebrantables, pero
igualmente con
su amor infalible, pulsando vida en cada latido de su corazón listo para ser transferido en sus hijos, renacidos por el bautismo en agua y por el bautismo del Espíritu Santo para ver la vida nuevamente instantáneamente.
Aquí es cuando, nuestro Señor Jesucristo como Isaac, empezó a vivir la vida que nuestro Padre celestial deseaba siempre ver vivirla en sus hijos renacidos del bautismo en agua y del bautismo del Espíritu Santo, porque esta es la única manera posible
de abandonar el mundo pecador para entrar con poderes sublimes en el mundo de bendiciones cotidianas, descendiendo desde el cielo continuamente. Divinamente,
Abraham junto con Sarah y sus hijos adoptados aprendieron de Isaac de los poderes asombrosos y
cotidianos del amor infalible de nuestro Padre celestial en toda su vida divina
sobre la tierra, como el hijo del hombre manifestado en cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las naciones, y así, formar su reino dorado de su
perfecta voluntad
eventualmente.
Por eso, nuestro Señor Jesucristo siempre ha sido conocido por las huestes angelicales como el primero y el último, el principio y el fin, el alfa y el omega, por ende, él solo es la perfecta santidad de nuestro Padre celestial plantando la semilla de
su nuevo reino de su perfecta voluntad en la tierra para la eternidad con la humanidad entera. Por cierto, nuestro Señor Jesucristo necesitaba vivir con la
familia de Abraham junto con los hijos adoptados y sus vecinos de cerca y de lejos la vida
gloriosa que Él siempre vivió con su Padre celestial y con su Espíritu Santo
ante las huestes angelicales, que han sido el fruto de conquistar glorias asombrosas que Lucifer jamás conoció que existen hasta ahora.
Estas son glorias, que Lucifer junto con sus ángeles caídos ha fallado en entender como lidiar con ellas, porque nacen cada día de la salvación maravillosa que nuestro Padre celestial había empezado finalmente ha hacer con
su Hijo Jesucristo como
Isaac junto con el Espíritu Santo, en la familia de Abraham y de sus hijos después de él, por generaciones venideras. Ciertamente, con nuestro Señor Jesucristo viviendo con Abraham, y rodeado de gente, como su esposa Sarah, entonces ellos
experimentaban maravillas de muchas bendiciones cotidianas que toman lugar en la presencia de nuestro Padre celestial, dándole la razón a las huestes angelicales de rendirle glorias y honores a Él y a su santo nombre fuego sobre
su altar del amor
eterno.
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