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    Sábado, 19 de Agosto, 2017 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    (TODO NUESTRO AMOR POR TODA ESPAÑA Y SUS FAMILIAS VÃCTIMAS DEL TERROR: Deseamos expresar nuestro amor, condolencias y oraciones a toda España y sus familias sufriendo tan grave atropello, al vivir la desaparición de sus muy amados, cuando una
    furgoneta, manejada por una persona terrorista, se lanzó cruelmente en contra de sus hijos e hijas, quitándoles la vida, mientras transitaban, disfrutando de sus momentos, sobre los espacios de la Rambla, en Barcelona, España. Todos ellos se
    encuentran en la presencia santísima de nuestro Padre celestial, porque su Hijo Jesucristo regresó al cielo para preparar lugares gloriosos para vivir eternamente amando, sirviendo y glorificando a nuestro Padre celestial y a su nombre bendito, por los
    poderes y dones gloriosos de su Espíritu Santo. Nuestro amor, condolencias y oraciones seguirán siendo para cada una de las familias que han vivido sus momentos de dolor al ver a sus hijos e hijas desaparecidos, por culpa de la violencia de los
    violentos y dueños del mal. Sin embargo, sus almas benditas por nuestro Padre celestial, por su Hijo Jesucristo y por el Espíritu Santo están gozando de la
    vida gloriosa del paraíso, porque desde lugares celestiales del reino de los cielos ellos
    siguen amando a todos los suyos sobre toda la tierra, porque pronto se volverán a unir para no volver a separarse jamás. (Todos estos lugares, en donde mucha gente transita, como en La Rambla, deberían ya estar protegidos por barreras, bloques y
    estructuras de esa naturaleza, para que ningún vehículos, por ninguna razón,
    pueda entrar y lanzarse en contra de los transeúntes en accidentes o en terrorismo. (Todo lugar, en donde haya mucha gente transitando, entonces todos sus lugares a acceso a
    él, tienen que estar cubiertos, bloqueados, protegidos por vehículos, camiones o obstáculos, para que no invite a nadie, especialmente terroristas, a hacer cosas tan terribles como las vistas recientemente.) Que nuestro Padre celestial los siga
    bendiciendo grandemente a cada uno de todos, por la gracia y amor bendito de su
    Hijo Jesucristo y por los poderes y dones de su Espíritu Santo. ¡Amén!)


    ISRAEL EXALTANDO AL NOMBRE FUEGO EN EL LUGAR SANTÃSIMO ES TU BIENESTAR:

    Moisés y Aarón se acercaron a Faraón de Egipto, para dejarle saber que el Dios de Israel ha venido a visitarlos, y que Él estaba listo para sacarlos de Egipto, hacia el desierto del Sinaí: porque ellos iban a celebrar festividades
    a Él y a su santo
    nombre fuego, porque todo Israel es su primogénito. Nuestro Padre celestial necesitaba que todos sus hijos abandonen ya su cautividad, de más de cuatrocientos años, porque el tiempo había llegado para finalmente llevar los
    pecados, heridas,
    maldiciones, enfermedades, conflictos, guerras y muertes de todas las familias de las naciones, para abandonarlos todos ellos con el espíritu de error, del fruto prohibido, en el fondo del Mar Rojo, para siempre.

    Sin embargo, Satanás sabia hasta cierto grado qué era lo que nuestro Padre celestial estaba apunto de hacer con los israelitas, que tenia a Faraón y a sus oficiales planeando cómo matarlos, sin que nadie sé de cuenta de nada: porque los israelitas
    habían crecido más que los egipcios, y el temor era de que ellos se unirían al enemigo en guerra. Por ello, el Faraón había ordenado a sus oficiales y a sus parteras de matar a todo niño recién nacido de las israelitas, pero que podían dejar
    vivir a las niñas, porque pensaban que si mataban a los niños entonces el chance de que los israelitas siguiesen creciendo declinaría considerablemente,
    y así Israel no seria jamás un poder en Egipto para escapar.

    Con todo, lo que realmente había empezado en Egipto y en el corazón de Faraón junto con sus oficiales, fue que se preparaban para disminuir considerablemente a los israelitas, matando no solamente a los niños recién nacidos, pero igualmente al resto
    de su población cuando posible, para que así tengan siempre control de su crecimiento y hasta sentirse todos cómodos con ellos. En la mente del Faraón esto era lo correcto de hacer para controlar el crecimiento de los israelitas junto con el
    crecimiento de los egipcios, que les pareció lógico también hacerlo así a sus oficiales, acordando que las ordenes a las parteras, que ayudaban a las israelitas a parir, eran las correctas, y que podían matar a sus niños sin problema alguno.

    Las parteras fueron con las ordenes del Faraón, y estaban decidas a cumplirlas, pero cuando las mujeres israelitas daban a luz a sus hijos niños, el proceso de parir de ellas era acelerado por nuestro Padre celestial y por su
    Espíritu Santo: porque
    cuando las parteras se acercaban a ellas, entonces sus hijos ya habían nacido,
    escapando la muerte de Faraón. Las mujeres israelitas continuaron dando a luz a sus niños incrementando así su numero que el Faraón se sorprendió, porque
    la natalidad de
    todos ellos había incrementado a números nunca visto antes, que llamaron a las parteras para averiguar qué estaba pasando: porque la población israelita
    había crecido dramáticamente en vez de decrecer, que pensaban que todo estaba
    fuera del control
    establecido.

    Y las parteras egipcias decían que cuando ellas llegaban a las mujeres israelitas dando a luz a sus niños, entonces ellas ya tenían a sus niños en sus brazos, y que no había nada posible que ellas podían hacer para pararlas de dar a luz tan
    temprano, o de matarlos como les había sido ordenado—porque Dios mismo les ayudaba a parir. Por esta razón, nuestro Padre celestial había descendido del
    cielo con su altar de su amor eterno, que Él mismo le había manifestado a Abraham e Isaac
    inicialmente, cuando ambos empezaron el fuego que bendice a los niños que habían sido prometidos a nacer en futuras generaciones, liberados por juramento a Isaac de todo ataque de Satanás y del ángel de la muerte.

    Nuestro Padre celestial descendió con su monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Sinaí, con su horno ardiendo abundantemente primeramente con su santo nombre fuego junto con su grande Gracia, con su grande Misericordia, con su grande Verdad y
    con su grande Justicia Divina, para redimir a los israelitas de una muerte segura, porque el príncipe del holocausto ya estaba en Egipto. A tiempo, nuestro Padre celestial descendió sobre el Sinaí para liberar de morir a los hijos de Abraham, porque
    las ordenes de matarlos ya había sido dada por Faraón, y sus oficiales ya estaban con sus manos en la obra, asegurándose de que la orden se cumpla para minimizar así la amenaza de un Gran Israel dentro de Egipto.

    Además, al descender nuestro Padre celestial sobre el monte Sinaí con su horno ardiendo con los fuegos de su gracia, misericordia, verdad y de justicia divina, entonces Él llegó a tiempo, preservando y asegurando la vida de cada israelita junto con
    los que nacían en aquellos días peligrosos, que ni una sola vida se perdió jamás, por razones de su presencia santísima. Verdaderamente, nuestro Padre celestial había llegado en buena hora sobre la casa de Israel para liberarlos de la muerte,
    porque lo que se les venia encima era un holocausto que podía reclamar sus vidas para el infierno tormentoso junto con la de sus hijos por nacer aún, que
    las parteras egipcias fueron enviadas expresamente con ordenes de matarlos, sin
    poder lograrlo jamÃ
    ¡s.

    Las parteras egipcias fallaron en matarlos, porque nuestro Padre celestial junto con su Espíritu Santo les hablaba a sus corazones, asegurándoles, que lo que estaban por hacer estaba mal en su presencia santísima, además traería sobre todas ellas y
    sus familiares juicios, si persistían en ejecutar las ordenes de su Faraón de
    matar recién nacidos inocentes, solo porque temían el crecimiento Israelí. Y
    porque las parteras egipcias oyeron a su voz y decidieron que jamás pondrían sus manos sobre
    las mujeres israelitas en cinta para matar a sus niños por nacer, entonces nuestro Padre celestial las empezó a bendecir con los dones y regalos maravillosos de su Espíritu Santo, que sus familias y hogares empezaron a gozar de sus nuevas bendiciones
    en grandes abundancias.

    Además, porque las parteras egipcias temieron a nuestro Padre celestial y a su
    Espíritu Santo, hablándoles en sus corazones como madres, que ellas también eran, y con sus hijos que habían nacido sin la amenaza constante de que alguien había sido
    enviado a matarlos al nacer, entonces las mujeres israelitas continuaron dando a luz a sus niños, porque las parteras les ayudaban. Ciertamente que, nuestro Padre celestial se encontraba muy feliz con su Hijo Jesucristo (es decir Isaac)
    y con su Espí
    ritu Santo, porque habían ganado a las parteras egipcias para que les ayuden a
    no llevar acabo las ordenes de Faraón para matar a los niños recién nacidos,
    bendiciéndolas a todas con sus hijos, así como bendijo a todo Egipto por cuatrocientos años.

    Colectivamente, nuestro Padre celestial se sentía más alegre que todos en el cielo, porque Él había hecho que Satanás y junto con Faraón y sus oficiales, que manifestaban voluntad de atacar y matar a las familias israelitas con un holocausto que
    empezó secretamente con las parteras, pero murió con ellas finalmente, obedeciendo la voz de Dios para que su misericordia prevalezca grandemente. Sin
    duda, nuestro Padre celestial había traído todo este holocausto a su paro completo, que
    perfectamente hubiese terminado con la vida de todos sus hijos que Él mismo había dado vida, por el Espíritu Santo y con su Hijo Jesucristo, al nacer como Isaac para conquistar el mundo entero, destruyendo con bautismo todo pecado de Satanás en las
    familias de las naciones.

    Dado que, fue necesario para nuestro Padre celestial primeramente acumular los pecados, maldiciones, pobreza, enfermedades y muerte de cada hombre, mujer, niño y niña que han vivido en la tierra (y de aquellos que vendrán postreramente), para que
    todos puedan caminar por su Camino de Santidad hacia Canaán, para levantar su santo nombre fuego sobre su altar victorioso sobre todo mal, perpetuamente. Por
    ende, nuestro Padre celestial junto con su Espíritu Santo y con su Hijo Jesucristo,
    manifestado como Isaac, porque sólo por Isaac su primogénito nacería en el mundo, y éste es Jacobo para introducir su luz y su vida eterna para su santo nombre fuego, ardiendo sobre el mundo entero, empezando sumamente victorioso sobre todo mal sobre
    su altar del amor eterno.

    Es decir también para que nuestro Padre celestial empezara a conquistar el mundo entero con todas sus familias, entonces Él primeramente tenia que establecer su santo nombre fuego sobre su altar del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y
    con su Espíritu Santo, dándole así vida a sus hijos por el Espíritu Santo, empezando con Abraham que creyó a Dios inicialmente. Por gracia, la fe de Abraham fue contada como justicia salvadora sobre su altar, porque creyó en cada palabra de nuestro
    Padre celestial, para que finalmente no solamente reciba a su Hijo Jesucristo nacido del vientre estéril de Sarah como Isaac, llenó del Espíritu Santo de su gracia, misericordia, verdad y justicia divina, sino también como su cordero personal, para
    el sacrificio continuo.

    Considerando que, la salvación de Abraham y de sus hijos prometidos, solamente
    seria posible en Isaac su único hijo, con el que aprendería a vivir con Dios,
    llevándolo como su cordero del sacrificio sobre el monte alto, en donde él estaba listo para
    derramar la sangre de su unigénito al mandato del Padre, y sólo entonces alcanzaría salvación con vida eterna para todos. Por ende, Satanás sabia que
    nuestro Padre celestial tenia que llevar a toda la casa de Israel del cautiverio egipcio, hacia el
    mismo altar del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac y con su Espíritu, en donde Abraham fue bautizado del Espíritu Santo inicialmente, para que los hijos sean igualmente bautizados con salvación: listos para entrar a Canaán con vida
    eterna.

    Realmente, Satanás necesitaba destruir a toda la casa de Israel en su cautividad egipcia, cuando aún estaba en el espíritu de error del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y del mal, para que todos ellos mueran en la carne pecadora y asÃ
    ­ jamás vean la vida, en esta vida y en la venidera, del nuevo reino angelical. Por ende, era importante para Satanás empezar su holocausto, matando a Israel en su cautiverio egipcio, porque si él hubiese podido matar a
    todos los hijos de Abraham aún
    cuando vivían en el espíritu de error y en la carne pecadora, entonces ellos hubiesen muerto sin jamás conocer el poder de la resurrección hacia la vida eterna como hijos legítimos del Padre.

    Es decir, que Israel jamás hubiese conocido el poder de la resurrección, en la que tú únicamente encontraras al ser bautizado en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque éste es el altar de Abraham e Isaac, que tiene los
    poderes de gracia y misericordia para entregarle a todo aquel que quiera vida eterna al instante. Visto que, al ser bautizado quienquiera en agua, invocando el nombre del Padre celestial junto con su Hijo y el Espíritu Santo, entonces santidad perfecta
    del altar del amor desciende en las aguas, removiendo todo espíritu de error junto con la carne pecadora, finalmente para recibir el Espíritu Santo y la carne sagrada en donde la vida eterna es posible, para siempre.

    Efectivamente, nuestro Padre celestial liberando a todo Israel del cautiverio egipcio hacia el mar Rojo, entonces Él podía bautizar a cada hombre, mujer, niño y niña con su santo nombre junto con su Hijo y el Espíritu Santo, para que sus poderes de
    santidad embellezcan sus almas vivientes con perfecta santidad, sólo posible en su Espíritu y en la carne sagrada de Jesucristo. Por eso, es que nuestro Padre celestial bautizo en agua a cada uno de todo Israel, escapando la cautividad infernal en
    Egipto, entonces Él esperaba que no solamente cada familia de las doce tribus israelitas bautice a sus hijos por nacer en futuras generaciones, pero igualmente a los hijos de las familias de las naciones: para que todos escapen del mal eterno.


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