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    Sábado, 03 de Febrero, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    EL PADRE SÓLO DA y RECIBE DE TI CADA DÃA por medio de su JURAMENTO A ISAAC EN TI:

    Entonces nuestro Padre celestial se le apareció a Abraham para decirle que Él
    había decidido entregarle a él y a sus hijos por nacer incontables como las estrellas del cielo toda la tierra de Canaán, porque éste es el lugar que Él
    ha escogido
    personalmente para manifestar su gloria asombrosa, de su altar de su único amor eterno. Porque ésta es la tierra que nuestro Padre celestial ha creado, porque es eterna y la mejor del mundo entero, porque éste es el lugar en donde
    su Hijo Jesucristo
    nacerá como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo: pero igualmente, será aquí, en donde su altar de su santo nombre fuego será establecido, para la eternidad venidera.

    Puesto que, ésta es Canaán, creada perfecta por nuestro Padre celestial, cuando creó el cielo y la tierra, sin embargo, porque Adán y Eva fueron engañados por la serpiente del Edén a comer del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y
    del mal, entonces Lucifer reclamó a Canaán, dejando que su gente la habite con sus altares del mal. Por ello, fue importante para nuestro Padre celestial sentarse con Abraham y sus 318 hijos adoptados a comer de su Mesa santa el pan y vino, servido por
    su Hijo Jesucristo, conocido generalmente como el rey de Salem y la Santidad de
    Dios, o Melquisedec, para que ellos sean parte de su vida eterna y de su perfecta voluntad toda una eternidad.

    Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba establecer su perfecta voluntad nuevamente no solamente en Canaán pero igualmente por todas las familias de las naciones, empezando con Abraham y su esposa Sarah, para Él mismo entonces retomar toda su Creació
    n perdida a las mentiras de Satanás por medio de Adán y Eva, al su Hijo Jesucristo nacer como Isaac, por el Espíritu Santo. Obviamente, nuestro Padre celestial tenía que retomar lo que le pertenece a Él y a su familia divina, que es su Hijo
    Jesucristo y su Espíritu, derramando su misma vida santísima sobre su altar prehistórico en Canaán: en donde Él derrotaría a cada mentira de Lucifer con su palabra personal de verdad y justicia, cubriendo la tierra con su voluntad perfecta,
    perpetuamente.

    Por eso, es que fue importante para nuestro Padre celestial tener a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, porque únicamente por su Hijo y por su Espíritu Él mismo podía vivir
    su vida eterna en
    cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las familias de las naciones toda una eternidad. Y aunque parte de la humanidad, si no toda, yacía en sus huecos infernales, pagando por la culpa de sus pecados, porque por medio de su Hijo Jesucristo y
    por su Espíritu Santo, Él podía entrar en el infierno tormentoso cuando los hijos de Abraham nacían en él, para expiar todo pecado por cuatrocientos años y hasta sacarlos a todos de allí.

    Puesto que, las familias de las naciones habían muerto sin conocer su santo nombre y su palabra viva, por ende, ellos murieron pecadores sin poder ver la vida nuevamente, pero con el Juramento a Isaac, que es su perfecta palabra viva
    de su corazón santÃ
    ­simo derramada sobre carne sagrada, entonces Él mismo los ayudaría, entrando
    con los hijos de Abraham en cautividad egipcia. Realmente, nuestro Padre celestial tenía que haber tenido a Abraham sacrificando los tres carneros con sus mitades opuestas
    una a otra sobre la roca, salpicado todo con la sangre expiatoria y con los dos
    palominos sin cortar, para que Él mismo caminar entre las mitades con su antorcha ardiendo con su gracia, misericordia, verdad y justicia divina, expiando pecados hasta
    destruirlos, perpetuamente.

    Además, nuestro Padre celestial tenía que conducir estos sacrificios importantes de los carneros con sus mitades opuestas entre si sobre la roca salpicada con la sangre expiatoria y sobre los palominos sin cortar, porque Él
    tenía que entregarle sus
    hijos a Abraham, pero primero expiando sus pecados y de las familias de las naciones para tener poder, y así liberarlos algún día. Es decir también que
    nuestro Padre celestial, después que Él había expiado todo pecado de los hijos de Abraham con
    su antorcha ardiendo de su santo nombre, al derramar de su gracia, misericordia, verdad y justicia abundantemente, entonces fue para que éste sacrificio importante de los carneros bañados con su propia sangre expiatoria,
    esté con los hijos al nacer en
    cautiverio egipcio.

    Visto que, estos eran los tres corderos sacrificados que las familias de las naciones antiguas debieron haber conducido ante nuestro Padre del cielo, para que Él pueda tener la sangre expiatoria y el poder para cubrir sus pecados y así perdonarles y
    entregarles salvación abundantemente, pero como murieron sin ellos, entonces con los hijos de Abraham Él mismo lo hizo todo por ellos. Por eso, es que cuando los hijos de Abraham empezaron a nacer en el cautiverio egipcio entonces
    nacieron en el
    infierno tormentoso, en donde las familias de las naciones habían descendido sin el sacrificio de cordero para salpicar la sangre expiatoria sobre sus pecados, para que nuestro Padre celestial tenga su gracia, misericordia, verdad
    y justicia divina
    presente para perdonarlos y salvarlos.

    Estos fueron tres corderos sacrificados que únicamente Abraham podía hacer para Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, pero únicamente en Canaán,
    porque él se había sentado a comer y a beber de la Mesa santa y de la mano del Cordero escogido
    para nacer en el mundo, por medio de un vientre estéril, inyectando vida a la humanidad entera al fin. Estos corderos tenían que ser sacrificados en Canaán
    con sus mitades opuestas entre sí y junto con las palomas sin cortar, salpicado todo con la
    sangre expiatoria, porque éste sería el lugar en donde nuestro Padre celestial establecería su santo nombre fuego sobre el monte santo de Jerusalén con poderes asombrosos, para vivir con sus hijos eternamente bendecidos toda una eternidad.

    Éste es el Juramento a Isaac que nuestro Padre celestial necesitaba derramar sobre su Hijo Jesucristo junto con su Espíritu Santo nacido como Isaac sobre su altar, pero tenía que ser por medio de su siervo Abraham que había comido de su Mesa santa el
    pan y vino, finalmente para destruir el pecado por el mundo entero, cubriéndolo con su palabra perfecta, perpetuamente. Pero nuestro Padre celestial tenía que empezar su obra salvadora para todas las familias de las naciones con una familia que siempre
    estaba presta para ofrecer, servir, amar y alabarlo a Él y a su santo nombre fuego sobre su altar del amor prehistórico, que descendió del cielo maravillosamente, cuando Isaac nació del vientre estéril de Sarah, por los poderes del Espíritu Santo.

    Es decir también que nuestro Padre celestial por medio de la familia de Abraham que estaba lista para creer, amar, servir y adorarlo a Él y a su santo
    nombre fuego sobre su altar del amor prehistórico, descendido del cielo con Isaac, entonces Él con
    sus tres corderos sacrificados entró con los hijos de Abraham en el infierno tormentoso, expiando todo pecado, incesantemente. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba derrotar a Satanás y sus mentiras en el infierno tormentoso en contra de sus
    hijos nacidos de su imagen y de su alma viviente y así puedan ellos finalmente
    conocer su santo nombre fuego y vida eterna, en donde Él podría vivir en perfecta armonía toda una eternidad conociendo sólo grandezas de su corazón santísimo hacia
    ellos, siempre.

    Porque nuestro Padre celestial necesitaba derrotar a Satanás y sus mentiras con sus tres sacrificios ejecutados por su siervo Abraham en Canaán, y sólo entonces, Él podía tomar su sacrificio con la sangre expiatoria y expiar todo
    pecado con sus
    hijos nacidos en cautiverio, finalmente liberándolos en un bautismo grandioso del Mar Rojo, para que todo pecado del mundo entero muera, perpetuamente. Ahora, nuestro Padre celestial le dijo a Abraham que sus hijos nacerían en tierra extranjera (y
    sabemos hoy que fue Egipto), porque ellos nacerán con Él y con su antorcha ardiendo con su perfecta santidad, gracia, misericordia, verdad y justicia divina y así liberar a las familias de las naciones del poder del pecado, muerte, y del infierno, en
    los últimos días.

    Esta era una obra maravillosa que solamente nuestro Padre celestial podía hacerla por completo junto con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo, que
    estaban todos obviamente juntos en la casa de Israel, al nacer en la cautividad
    egipcia, para que
    los tres sacrificios y su sangre reparadora puedan expiar finalmente cada pecado, para liberarlos del infierno tormentoso al fin, perpetuamente. Como resultado, le tomó a nuestro Padre celestial solamente seis días para crear el cielo y la tierra y en
    el séptimo día descansó, pero para liberar a las familias de las naciones del pecado, pobreza, enfermedades, muerte y del infierno, entonces le tomó a Él junto con su santo nombre ardiendo con abundante gracia, misericordia, verdad y justicia divina
    cuatrocientos años.

    Porque a través de los años nuestro Padre celestial junto con su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo capturó cada pecado para tirarlo en su gran bautismo del Mar Rojo, para que ellos jamás regresen a cada hombre, mujer, niño y niña, empezando con
    Adán y Eva, que los habían atacado y destruido a todos ellos para que desciendan al infierno, eternamente condenados. Durante estos años, nuestro Padre celestial junto con su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo trabajo incansablemente capturando cada
    pecado que había afectado a la humanidad (y que aún afecta a los hijos sobre la tierra), porque los hijos de Abraham nacieron entre las naciones para llevar
    todo pecado hacia el bautismo en agua, rindiéndoles inútiles perpetuamente para afectar su
    reino venidero.

    En el cautiverio egipcio, nuestro Padre celestial trabajó arduamente con su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo con cada pecado que había afectado a cada
    uno de sus hijos de las familias de las naciones antiguas hasta destruir todo poder desde su
    misma raíz infernal, porque no dejaban que sus hijos regresen a su Padre que les había entregado el paraíso ya. Ya que, es la voluntad perfecta de nuestro
    Padre celestial que el amor de los padres regrese a sus hijos y el de los hijos
    a sus padres, y
    todo esto es sólo posible cuando las gentes son bautizadas en agua, invocando la santidad perfecta de su santo nombre, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo—que es su Juramento a Isaac.

    Dado que, al invocar la perfecta santidad del nombre de nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo entonces cada uno de todas las familias de las naciones regresara a donde ellos nacieron inicialmente en el Lugar Santísimo, del
    tabernáculo de reunión, en la gloria celestial—y éste es al altar del amor
    del Padre hacia Isaac y Abraham, perpetuamente. Además, le tomó a nuestro Padre celestial junto con su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo siglos para terminar su obra
    salvadora, expiando todo pecado de cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias del pasado, presente y futuro: porque Él necesitaba que el amor de los padres regrese a los hijos y el de los hijos a los padres.

    Además, nuestro Padre celestial lo hizo todo junto con su obra maravillosa de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo que se habían convertido en Isaac del
    vientre estéril de Sarah, y luego los hijos nacieron para tomar todos los pecados del mundo
    entero hacia el bautismo del Mar Rojo, terminando así con todo pecado, perpetuamente, para gloria de su nuevo reino venidero. Es decir también que si
    nuestro Padre celestial no hubiese terminado su obra salvadora con su Hijo Jesucristo y su Espíritu
    Santo como Isaac que nació especialmente no solamente para que Jacobo nazca, pero también sus hijos en el cautiverio egipcio, capturando cada pecado para el gran bautismo final de agua, entonces Él aún estaría trabajando incansablemente hasta hoy.

    Pero nosotros sabemos que nuestro Padre celestial terminó su obra salvadora en
    el cautiverio del infierno, expiando todos los pecados de las familias de las naciones, abriendo así el camino del Juramento a Isaac que emergió con Israel
    victorioso,
    cuando fueron liberados para tirar cada pecado en el Mar Rojo—porque es el Juramento a Isaac que destruye todo pecado, siempre. Nuestro Padre celestial había cumplido una obra salvadora que Satanás y sus secuaces fallaron en verlo venir, porque
    Abraham fue llamado para llevar a su hijo Isaac al monte Sión de que Él estaba a punto a mostrárselo, entonces fue para derramar su corazón santísimo sobre él como su voluntad perfecta, destruyendo todo pecado en el infierno, en la tierra y en la
    eternidad.

    Es decir también que fue por medio de su Hijo y de su Espíritu Santo, dándole vida a Isaac, por el vientre estéril de Sarah no solamente para que Jacobo nazca como su primogénito terrenal, pero igualmente sus hijos llevando su Juramento a Isaac al
    infierno tormentoso, capturando todo pecado, postreramente para destruirlos completamente en Canaán, sobre su altar del amor eterno. Ya que, nuestro Padre
    celestial necesitaba que todo Israel renazca del bautismo en agua y desde donde
    todos ellos vivirá
    n entre las naciones del mundo entero, porque el mismo Juramento a Isaac que descendió con ellos al infierno tormentoso para liberar a toda nación antigua, entonces hoy en día finalmente liberara las naciones mundialmente al volverse activar sus
    poderes en todo Canaán nuevamente.


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