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valarezo7@hotmail.com
Sábado, 03 de Julio, 2021 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
Su ÁRBOL yacía seco sobre el desierto de Sinaí para endulzar aguas amargas de Mara: endulzándote a ti con tus amados y la TIERRA entera:
EL árbol de vida yacía sobre el desierto de Sinaí por cientos de años, si no miles, para ser levantado por nuestro Padre celestial y sus hijos, porque yacía el árbol sobre el desierto representando las multitudes de las familias de las naciones
antiguas y modernas, que necesitaban ser rescatadas del pecado, pues sedientas y hambrientas estaban por vivir toda una vida entera nuevamente. Ya que, nuestro Padre celestial había esperado por alguien de la humanidad entera, digna de tomar el árbol
del desierto yaciendo allí por siglos hacia Canaán con las familias de las naciones ya muertas en sus pecados, por no conocer su santo nombre fuegos y su bautismo—bautismo que pudo haberlos salvado de la muerte, del pecado y del infierno al instante.
Realmente, nuestro Padre celestial buscaba a través de las generaciones ver a alguien listo para trabajar con Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, y así, Él derramar su corazón santísimo sobre la tierra, especialmente en Canaán, para hacer
que sus hijos perdidos a Lucifer y sus mentiras finalmente regresen a vivir nuevamente, pero regresen a vivir en su paraíso moderno, Canaán. Sin embargo, el árbol de nuestro Padre celestial continuaba tendido sobre cada grano de arena del desierto de
Sinaí que representaba un alma perdida, que una vez fue uno de sus hijos perdido a Lucifer y sus mentiras, que Eva creyó junto con Adán al comer del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y del mal, para darles vida nuevamente.
Sin embargo, nuestro Padre celestial no dejo de buscar jamás en toda la tierra por alguien decidido a trabajar con Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, y así, Él empezar su obra de salvación que se necesitaba para tener a sus hijos de
regreso al paraíso, para que ellos vean vida nuevamente con Él, pues anhelaba verlos nuevamente perfectos y santos, como siempre. Efectivamente nuestro Padre celestial necesitaba a alguien que vaya con Él junto con su Hijo Jesucristo y su Espíritu
Santo a recoger su árbol yaciendo sobre el desierto de Sinaí, para Él lograr su obra salvadora que necesitaba cumplirse en el desierto, salvando así Él mismo a sus hijos de las mentiras de Lucifer y sus maldiciones, pobreza y muerte del infierno
tormentoso.
Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba alguien que se siente con Él a su Mesa santa, para comer con Él su pan y vino de vida, que es servido por su Hijo Jesucristo en la gloria angelical, para que los ángeles se mantengan perfectos y santos
para amar, servir y alabar su santo nombre fuegos sobre su altar con sus riquezas de siempre. Además, nuestro Padre celestial necesitaba alimentar a sus hijos su pan de vida y copa de vino de su Mesa santa, aunque ya yacían ellos en el infierno
tormentoso, por no conocerlo a Él y a su Hijo Jesucristo, pero si sólo Él pudiese alimentarlos de su cena santa, entonces ellos verían vida nuevamente, pero esta vez en su nueva tierra para la eternidad.
Sin embargo, para que esto suceda, entonces, nuestro Padre celestial necesitaba alimentarlos con alguien dispuesto a sentarse con Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, ha comer de su pan y vino, que llenaría a sus hijos de su carne sin pecados,
huesos inquebrantables y su sangre expiatoria, que quitaría el pecado del mundo en un día en Canaán, para siempre. Objetivamente, nuestro Padre celestial necesitaba alimentarlos a ellos de Él mismo, como de su semilla santa, naciendo de su cuerpo
glorificado que siempre ha conocido amor, paz, prosperidad, riquezas y alegrías sin fin con su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo junto con sus huestes angelicales fieles a su santo nombre fuegos sobre la cruz del monte de Jerusalén, en Canaán, su
dulce hogar.
Ciertamente, nuestro Padre celestial observaba el desierto de Sinaí que podía ser llenado de Él para sus hijos muertos sobre sus arenales, alimentándolos con su pan y vino de la gloria angelical, entregándoles así vida nuevamente en toda la tierra,
pero Él necesitaba sentarse con alguien digno de comer con Él de su Mesa santa, y encontró a Abraham al fin. Sin embargo, nuestro Padre celestial necesitaba sentarse a su Mesa santa a comer de su merienda no en el desierto de Sinaí, en donde yacían
sus hijos sin vida por siglos, si no milenios, más bien, Él necesitaba sentarse con Abraham a su Mesa santa, en Canaán, alimentando el mundo entero con su misma carne sin pecados y vida finalmente abundantemente en Canaán.
Realmente, para nuestro Padre celestial tornar el desierto de Sinaí, como el reino de tinieblas que era, en su paraíso con su árbol yaciendo sobre arenales de muerte con sus hijos sin esperanza alguna por generaciones venideras, entonces, Él
necesitaba servir su Mesa santa con su merienda a cada alma perdida en el infierno tormentoso, volviéndoles a dar vida nuevamente para la eternidad celestial. Sin embargo, para nuestro Padre celestial lograrlo todo por el desierto de Sinaí, incluyendo
el corazón de la tierra, como el Valle de huesos secos, entonces, Él debía tener no solamente a Abraham comiendo con Él sus alimentos, pero igualmente, Él necesitaba comer con sus hijos naciendo de Él en Canaán, alimentándolos con vida en el
desierto y en la tierra entera finalmente.
Además, nuestro Padre celestial necesitaba tener a su roca de salvación dándoles de beber a sus hijos agua de vida, satisfaciendo su sed por todo el desierto de Sinaí, pero igualmente para con todas las familias de las naciones, y así, ellos
finalmente regresen a Él llenos con su vida eterna que derrota a Satanás, la muerte y al infierno tormentoso para siempre. Formalmente, nuestro Padre celestial no solamente necesitaba el desierto tornándose en su Mesa santa para familias de las
naciones antiguas y modernas yaciendo ya perdidas eternamente, culpables, pecadores por no haber invocado su santo nombre en su bautismo en agua, pero igualmente, Él necesitaba regar el desierto con agua de su roca de salvación para que vida eterna
florezca en su nueva tierra siempre.
Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba alimentar de Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo a cada grano de arena yaciendo en el desierto de Sinaí, que es el infierno tormentoso para familias de las naciones antiguas y modernas, que
necesitaban comer de su pan y vino, servido siempre sobre su Mesa santa para ver vida nuevamente con Él pronto en la eternidad venidera. Además, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos viendo vida nuevamente, pero no en la vida recibida de Adán
y Eva inicialmente, comiendo del fruto prohibido del paraíso, desafiando su voluntad perfecta, como Lucifer lo hizo así junto con un tercio de los ángeles, mas bien, ver vida nuevamente con su misma vida, como su semilla santa, alimentándolos con su
pan y vino siempre.
No obstante, nuestro Padre celestial necesitaba alimentar desde la gloria angelical a sus hijos nacidos de su imagen y alma santísima con maná, que Él normalmente disfruta diariamente con su Hijo Jesucristo, su Espíritu Santo y sus amados en la
tierra, como cuando ellos aman, sirven y adoran su santo nombre con perfecta santidad sobre la cruz del monte santo de Jerusalén, en Canaán. Ciertamente, esto es desde donde nuestro Padre celestial necesitaba alimentar a cada hombre, mujer, niño y niñ
a de las familias de las naciones antiguas y modernas su pan y vino, trayendo su Mesa santa a ellos en el desierto de Sinaí: comiendo de su semilla santa para vivir nuevamente en la gloria celestial, y por siempre bendecidos con sus amados hacia la
eternidad celestial.
Francamente, es importante para ti, renacer de su bautismo en agua, invocándolo a Él, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo para abandonar la carne pecadora y el espíritu de error, en donde tú vivirás sediento y hambriento hasta morir
para recibir la carne sin pecados y el Espíritu Santo, comiendo de su alimento para ver vida enriquecida siempre, desde ahora. Seguramente, fue importante que nuestro Padre celestial llamase a Moisés al Monte Sinaí, entregándole su santo nombre
fuegos, que Israel necesitaba y tú también con tus amados para el bautismo en agua, abandonando la carne pecadora para recibir su vida virgen, comiendo de sus alimentos que bendicen su nombre, y así riquezas sean posibles contigo y con todos los demá
s siempre en toda la tierra.
Seriamente, al participar de su pan y vino de su Mesa santa, entonces nuestro Padre celestial te estará alimentando a ti de su carne sin pecados y de su sangre expiatoria, como pan y vino descendiendo aun hoy de la gloria angelical sobre el desierto de
tus pecados, y así, tú veas vida enriquecida siempre, sin estar sediento ni hambriento en todos tus días. Verdaderamente, fue importante para nuestro Padre celestial tener a Abraham abandonando su parentela y amistades por Canaán que Él le mostrarí
a para vivir allí con su familia, porque Él necesitaba sentarse con él a su Mesa santa, participando del pan y vino, atrayendo así al Rey Mesías desde la gloria celestial con su vida eterna en cada uno de sus hijos en Canaán finalmente.
Por ende, fue importante para nuestro Padre celestial entregarle a Abraham su roca de salvación, porque él necesitaba sacrificar tres carneros con sus mitades opuestas una a otra junto con dos aves sin cortar, salpicadas con sangre expiatoria, porque
su único Hijo amado nacía del vientre estéril de Sarah como Isaac, llenando así la tierra de su vida eterna, enriquecida siempre contigo últimamente. Realmente, esta roca de salvación necesitaba ser llevada por hijos de Abraham por el desierto de
Sinaí, como ciudadanos de Canaán, enriqueciendo cada día para conquistar el corazón de la tierra hacia Canaán habitado por naciones malvadas, practicando brujerías, logrando que no enriquezca la tierra con leche y miel, tus asombrosas riquezas de
hoy, seguidamente, Él necesitaba liberarla (Canaán) con su Hijo virgen, Jesucristo.
Históricamente, inocentemente Adán perdió el paraíso a Lucifer con mentiras de la serpiente, engañando a su esposa Eva, virgen del paraíso, que nuestro Padre celestial necesitaba que el paraíso regrese nuevamente por una virgen de Canaán dando a
luz, y con su Hijo amado nacido virgen, vivió virgen, bautizado virgen y murió virgen: derrotando a Satanás, pecados, muertes y el infierno por el paraíso finalmente. Evidentemente, nuestro Padre celestial necesitaba llenar Canaán entero con su pan
y vino, así como Abraham y con sus 318 hijos adoptados (comprados por dinero de extraños), sentándose a su Mesa santa con Él, pero igualmente, Él necesitaba llenar el desierto de Sinaí descendiendo al Valle de los huesos secos con su maná y su
vida floreciendo victoriosamente por el corazón de la tierra últimamente.
Divinamente, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos naciendo del vientre estéril de Sarah caminando por el desierto de Sinaí, comiendo de su maná de la gloria celestial y bebiendo de su roca de salvación, pero igualmente, Él necesitaba a
Isaac caminando con ellos hacia Canaán, como su Ángel Santo, finalmente derrotando a Satanás, pecados, muertes y el infierno con su cuerpo glorificado solamente. Realmente, este es el cuerpo glorificado de nuestro Padre celestial, bautizándote, invoc
ndolo a Él, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo entonces tú recibirás su vida eterna haciendo su voluntad perfecta diariamente, derrotando a Satanás, diablos y la muerte, enriqueciéndote a ti con grandes riquezas que enriquecen la
tierra enteramente para su reino venidero de su amor eterno por ti.
Amorosamente, nuestro Padre celestial estaba dispuesto a tener a su Hijo Jesucristo naciendo nuevamente, como su único Hijo amado de la hija virgen de David, por el Espíritu Santo, bendiciendo así Él mismo con riquezas y poderes a cada hombre, mujer,
niño y niña, que una vez yacían en el desierto de Sinaí perdidos, como la arena, para ver vida nuevamente en su nueva tierra. Realmente, este eres tú junto con tus amados, vecinos y amistades del mundo entero yaciendo en arenales incontables de Sina
, sedientos y hambrientos en necesidad de ser alimentados por nuestro Padre celestial de su semilla santa, que es la carne sin pecados de Isaac, comiendo pan y vino, entonces su maná: facilitó abundante vida en Canaán y llena con riquezas toda una
eternidad por ti.
Consiguientemente, comiendo de la cena de nuestro Padre celestial sobre su Mesa santa fue importante en días de Abraham y por el desierto de Sinaí, el Valle de los huesos secos y en Canaán, pero igualmente de importante es hoy su maná angelical en
las naciones, enriqueciéndonos así a todos, enriqueceremos la tierra para su reino de su amor eterno y apasionado por ti siempre. Verdaderamente, al cada hombre, mujer, niño y niña comer del pan y vino de nuestro Padre celestial, entonces ellos estar
n reemplazando el fruto prohibido, que Adán y Eva comieron en el paraíso, que hace que pequen, y así, tú vivas una vida maravillosa, en donde tú recibirás riquezas llevándote hacia la gloria celestial para conocer únicamente amor, paz,
prosperidad y riquezas toda una eternidad entera.
Definitivamente, cada cuerpo bautizado en agua, invocando a nuestro Padre celestial, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo para comer del pan y vino, que Él nos ha entregado para comer de su cuerpo glorificado, que es su perfecta gloria y
santidad sin fin en todos nosotros, entonces, nosotros viviremos sin pecado alguno, conociendo siempre riquezas nuestras en Canaán toda una vida. Entendiendo que, nuestro Padre celestial tuvo a Abraham con su único hijo Isaac yaciendo sobre la cruz del
monte de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, porque Él necesitaba derramar su perfecta voluntad de su corazón santísimo, que es el Juramento a Isaac, que tú recibirás para hacer su voluntad perfecta siempre en la tierra hasta que su reino de
amor venga por ti finalmente.
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