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    Sábado, 14 de Marzo, 2020 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica


    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)



    No hay PEACADO en Canaán: BAUTIZADO: Tú prosperas en Canaán SIN PECADO en tu
    país siempre:



    En buena hora: Nuestro Padre celestial había tenido su almuerzo con Abraham junto con su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, para luego prometerle, que su esposa Sarah le daría a luz a su muy esperado hijo, entonces, uno de ellos dijo: Por este
    tiempo, en el próximo año, Yo regresare, y Sarah te dará de su vientre estéril tu hijo. Este fue un importante almuerzo, que nuestro Padre celestial junto con su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo comieron con Abraham, haciendo que su siervo
    prepare uno de sus corderitos engordado, además, Sarah tenía que preparar el pan del mejor trigo posible, le decía Abraham, dando a luz ella luego a su hijo Isaac, como el pan de vida del cielo arriba.


    Aquí es cuando, nuestro Padre celestial junto con su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo aparecieron ante Abraham con sus hijos prometidos junto con las
    familias de las naciones, como el árbol ya yaciendo en el infierno tormentoso junto con sus hijos
    viviendo en generaciones futuras, que él había sido llamado a recibirlos como
    sus hijos, únicamente por la carne sagrada de Isaac. Ya que, este es el árbol, en su familia, como sus hijos prometidos junto con las familias de las naciones y sus hijos
    viviendo en generaciones venideras, que Israel en la carne de Isaac descendería al corazón de la tierra, recogiéndolas en una semilla, y así, el árbol sea levantado desde el infierno hacia Canaán con salvación perfecta
    de cada uno de nosotros.


    Entendiendo que, nuestro Padre celestial había creado la tierra para que sea su dulce hogar, pero en Canaán, primeramente, llamando a Abraham a que abandone a sus parientes y amistades para ir a vivir en la tierra que Él le manifestaría a él: porque
    en ella, él iba a ser el padre de sus hijos, pero exclusivamente en la carne sagrada, empezando con Isaac. Ya que, nuestro Padre celestial es un Dios santísimo, viviendo en perfecta santidad con su Hijo Jesucristo y su Espíritu
    Santo, por ende, Él
    necesitaba que Abraham sea el padre de su nación Israel, pero también padre de las familias de las naciones en la carne sagrada de Isaac únicamente, empezando en Canaán: Visto que su voluntad perfecta se establecería allí (Canaán), para siempre.


    Es decir, que nuestro Padre celestial iba a darle vida a sus hijos naturalmente
    naciendo desde su corazón santísimo, incontables todos ellos, como las estrellas del cielo arriba, pero ellos necesitaban renacer de su tierra escogida y santa, que es CanaÃ
    ¡n, empezando con su Hijo Jesucristo naciendo del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo. Por eso, fue importante para que nuestro Padre celestial se siente a comer del pan y vino de la Mesa santa con Abraham y
    sus hijos adoptados (
    comprados por dinero de extranjeros), y así, darles amor de familia, que los ayudaría a ellos a encontrar al Dios Todopoderoso en sus días, aprendiendo de
    Él a ser hombres de buena voluntad siempre.


    Ciertamente, nuestro Padre celestial escogió a Abraham junto con su familia, para que él no solamente lo conozca a Él, como el Dios Todopoderoso, bendiciéndole a él en todos sus días sobre la tierra, pero igualmente, Él necesitaba que Abraham lo
    conozca a Él por su amor infalible, que solamente existe en su Hijo Jesucristo
    y en su Espíritu Santo en la eternidad venidera. Ya que, nuestro Padre celestial estaba dispuesto a llenar la tierra de su amor infalible, que alcanzaría a sus hijos
    yaciendo ya en el infierno tormentoso, y así, ellos regresen a Él para vivir su vida eternamente nuevamente, entregada a ellos por Él mismo, cuando ellos nacieron de su imagen para vivir conforme la semejanza de su Hijo Jesucristo, enriquecidos toda
    una eternidad.


    Sin embargo, sus hijos de las familias de las naciones ya yaciendo en el infierno tormentoso necesitaban renacer, pero renacer a semejanza de su Hijo Jesucristo, que es la carne sagrada de Isaac, y así, ellos regresen a vivir nuevamente, pero en Canaán
    únicamente, gozando inmediatamente de su nueva tierra, naciendo enriquecida del corazón de la vieja tierra con abundantes bendiciones cotidianas. Visto que, nuestro Padre celestial le había dicho a Abraham que mire hacia las estrellas del cielo arriba,
    para ver si él las puede contar, pero mirando él hacia ellas sobre el techo de su casa, entonces se dio cuenta que era imposible contarlas, y aquí es cuando Él le dijo que sus hijos serian incontables en la tierra para siempre en la eternidad.


    Por ello, el primero en descender de las estrellas fue su Hijo Jesucristo en el
    vientre estéril de Sarah, por poderes del Espíritu Santo, pero igualmente, sus hijos de las familias de las naciones yaciendo ya en el infierno tormentoso
    junto con sus
    hijos viviendo en generaciones futuras, para renacer postreramente a semejanza de la carne sagrada, viviendo con Él en Canaán, eternamente justificados. Es decir, que los hijos prometidos a Abraham iban a renacer del corazón santísimo de nuestro
    Padre celestial, y así, ellos sean la gran nación de Israel, haciendo su voluntad perfecta siempre, pero igualmente, las familias de las naciones, porque ellas iban a renacer del bautismo en agua y del bautismo del Espíritu Santo para vivir nuevamente
    en su nueva tierra siempre enriquecidos.


    Entendiendo que, nuestro Padre celestial convertiría el corazón de la tierra,
    como el Valle de los huesos secos, en su mismo corazón santísimo, dándole vida nuevamente no solamente a sus hijos pecadores ante Él, su Hijo Jesucristo
    y su Espíritu
    Santo, pero igualmente, todas las naciones, pero renaciendo en la carne sagrada
    de Isaac para vivir inmediatamente con Él en Canaán, eternamente justificados. Por eso, es que fue importante para nuestro Padre celestial sentarse con Abraham a comer del
    pan y vino de la Mesa santa, servida por su Hijo Jesucristo, como Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén moderna) y su perfecta Santidad en la gloria celestial
    para sus huestes angelicales y en la tierra para con Abraham y las familias de las naciones
    para siempre.


    Dado que, al nuestro Señor Jesucristo servir de la Mesa santa: Pan y vino a nuestro Padre celestial y a Abraham junto con sus hijos con él, entonces, él continúa aun sirviendo de su comida santa a cada hombre, mujer, niño y niña de las familias de
    las naciones, que deseen comer vida para llenar su nueva tierra con su misma vida asombrosa siempre. Considerando que, cuando nuestro Padre celestial comió
    del pan y vino con Abraham y sus hijos de la Mesa santa, entonces, su Hijo Jesucristo nacía del
    vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, y así, todos nosotros obtuvimos su carne sagrada, sus huesos inquebrantables y su sangre expiatoria, para continuar viviendo bendecidos únicamente para conocer su perfecta voluntad en Canaá
    n siempre.


    Realmente, al nuestro Padre celestial entregarnos a su Hijo Jesucristo nacido del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, entonces, Él
    nos entregaba del cuerpo glorioso de su Hijo amado para que sea de cada hijo e hija de las
    familias de las naciones, obedeciéndole a Él siempre, y esto es, comiendo del
    pan y vino de tu mesa con Él. Entonces, al nuestro Padre celestial tener finalmente a su Hijo Jesucristo nacido del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu
    Santo, inmediatamente, Él introducía su vida eterna junto con sus Diez Mandamientos de Israel y de Moisés en su estado virgen, y así, Él tener sus hijos prometidos a Abraham viviendo en generaciones futuras, llenando la tierra
    con su vida eterna
    eventualmente.


    Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham junto con su casa, como
    Sarah junto con sus hijos adoptados, viviendo en su amor infalible continuamente, pero igualmente, viviendo en sus gloriosos mandamientos vírgenes, y así, Él entregarles a
    todos ellos y la tierra entera su altar, lleno de su amor infalible y salvación eterna, haciendo que sus hijos regresen a Él, eternamente justificados. Considerando que, al nuestro Señor Jesucristo nacer como Isaac del vientre estéril de Sarah, por
    poderes del Espíritu Santo, entonces, él nació con su vida eterna junto con sus mandamientos vírgenes, que necesitaban integrarse a la familia de Abraham junto con las familias de las naciones por generaciones venideras, y así, Él bendecirlos con
    perfecta salvación finalmente hacia la eternidad celestial.


    Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba vivir su vida eterna con Abraham, cuando su Hijo Jesucristo junto con su Espíritu Santo se hayan integrado a su familia no solamente bendiciendo su hogar en aquellos días, pero igualmente, a
    sus hijos
    prometidos viviendo en generaciones futuras, y así, ellos llenen la tierra con
    su vida eterna junto con su perfecta voluntad por una eternidad entera. En otras palabras, nuestro Padre celestial necesitaba vivir su vida eterna con Abraham y Sarah junto
    con sus hijos adoptados, al su Hijo Jesucristo convertirse en Isaac en su carne
    sagrada, en donde sus mandamientos eternos fluyen con perfectas glorias en su estado virgen, derramando Él su voluntad perfecta sobre Canaán y sobre sus hijos viviendo
    gloriosamente con Él allí, enriqueciéndose grandemente toda una vida eterna.


    Es decir, también que cuando nuestro Padre celestial vio que Abraham junto con
    los demás en su hogar y sus vecinos y amistades habían vivido ya años su vida eterna junto con su Espíritu Santo de sus mandamientos en su estado virgen, entonces,
    Abraham junto con las familias de las naciones estaba listo para recibir enteramente el derramamiento de su perfecta voluntad sobre Canaán. Aquí es cuando. Nuestro Padre celestial llamó a Abraham a ofrecer a su único hijo amado Isaac, como ofrenda
    encendida sobre el Monte Sion, descansando en el Moriah, y así, Él derrame su
    voluntad perfecta para que él y su hogar entero junto la tierra entera, que es
    su Juramento a Isaac, en donde Él bendecirá la vieja tierra, convirtiendo su corazón en su
    mismo corazón santísimo eternamente.


    Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba no solamente a sus hijos rebeldes y pecadores en contra de Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo,
    renacidos de su mismo corazón santísimo, estableciéndolo en el corazón de la tierra vieja, pero
    igualmente, entregándoles así vida en su nueva tierra, en donde su perfecta voluntad florece por generaciones futuras con su amor puro e infalible por una eternidad entera. Verdaderamente, nuestro Padre celestial no solamente necesitaba entregárselas
    toda ella a sus hijos rebeldes y pecadores por el desierto del Sinaí en contra
    de Moisés y de Él, como un nuevo comienzo en su vida eterna junto con su perfecta voluntad, en donde ellos conocerán su amor infalible, paz, prosperidad y riquezas en su
    nueva tierra, Canaán, bendiciendo igualmente así naciones enteramente, en conclusión.


    Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba rescatar a cada hombre, mujer, niño y niña de naciones yaciendo ya en el infierno, y así, Él bendecirlos a
    todos ellos grandemente, como Israel mismo, además, Él los necesitaba renacidos en la carne
    sagrada de Isaac, en donde su voluntad perfecta florece, existe, enteramente en
    la tierra, como contigo hoy: conquistando así Él mismo glorias y riquezas inagotables continuamente. Amorosamente, nuestro Padre celestial necesitaba las
    naciones renacidas
    del infierno tormentoso con la carne sagrada de Isaac, llena de su voluntad perfecta, derramada enteramente por Él sobre Isaac, cuando Abraham ascendió su monte Sion con su único hijo amado, declarándolo a él Justo perpetuamente, haciendo así que
    sus hijos postreramente sean declarados Justos como él igualmente, pero declarados Justos desde Canaán para la eternidad.


    Consiguientemente, nuestro Padre celestial después de haber derramado su Juramento a Isaac sobre el monte Sion, descansando sobre el Moriah, con Abraham
    declarado ya finalmente Justo perpetuamente, entonces, Él tuvo a Jacobo naciendo junto con sus
    hijos con su vida eterna y con sus mandamientos vírgenes, viviendo así con ellos en Canaán: las glorias de arriba el cielo sobre la tierra al fin. Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba alcanzar con los hijos de Abraham no solamente a las
    naciones yaciendo en el infierno tormentoso, pero igualmente, toda la tierra, condenados todos ya, muertos en el pecado, cuando ellos pudieron haber removido
    el pecado, con solo haber llenado la bañera de sus hogares, emergiendo del bautismo en agua en
    Canaán, eternamente justificados, conociendo su amor infalible siempre.


    Puesto que, nuestro Padre celestial necesita vivir su vida eterna junto con sus
    mandamientos en su estado virgen con cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las familias de las naciones, pero únicamente en Canaán, y así, ellos sean conocidos
    de Él, su Hijo Jesucristo, su Espíritu Santo y las huestes angelicales antes de ascender a la gloria celestial, eternamente enriquecidos. Consiguientemente,
    fue importante para nuestro Padre celestial tener a toda la casa de Israel naciendo en el
    cautiverio egipcio, recogiendo cada pecado que las familias de las naciones hayan cometido (y de las que cometerán) en contra de Él, su Hijo Jesucristo y
    su Espíritu Santo, porque Él necesitaba tirar la voluntad de Satanás en el infierno tormentoso,
    por el bautismo en agua.


    Además, nuestro Padre celestial necesitaba hijos de Abraham nacidos en cautiverio egipcio de cuatrocientos años, porque este fue el tiempo que se necesitaba para recoger cada pecado de Satanás, muerte y de ángeles caídos, tirando así toda voluntad
    malvada que corría por la tierra en el Mar Rojo, y así, ellos no afecten jamás ninguna vida humana nuevamente, empezando en el infierno tormentoso. Ya que, nuestro Padre celestial llamó a Abraham a recibir a su Hijo Jesucristo naciendo del vientre
    estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, recibiendo así su voluntad perfecta, derramándose desde su corazón santísimo en todo Canaán, regándolo, distribuyéndolo, luego hacia las familias de las naciones, para que su voluntad perfecta
    sea hecha en ellos siempre, así como en la gloria angelical.



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