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    Sábado, 08 de Junio, 2019 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    ISRAEL BAUTIZADO: LA VIDA ETERNA DEL PADRE CRECE: ENRIQUECIENDO A TODAS LAS NACIONES PARA SIEMPRE:

    Nuestro Padre celestial había estado sufriendo por generaciones de ver a cada familia de las naciones morir sin conocer su santo nombre fuego ni menos sus palabras de vida, nacidas naturales de su corazón santísimo, que los pudo haber enriquecido con
    perfecta salvación, si tan sólo lo hubiesen conocido a Él por su Espíritu Santo, descendiendo siempre sobre ellos y sin cesar jamás. Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba establecer su camino, vida, verdad y vida sobre la tierra, en donde
    cada hombre, mujer, niño y niña podrá acercarse a Él, por poderes asombrosos de su Espíritu Santo, ya descendiendo sobre ellos constantemente, pero, para que esto sea posible: Él necesitaba a alguien creyendo en sus palabras de vida, nacidas
    naturales de su corazón santísimo.

    Sin embargo, no tenía a ninguno cerca de Él, dispuesto a oír sus llamadas, porque desde que Eva comió del fruto prohibido con Adán y junto sus hijos también, entonces su Espíritu Santo ha estado separado del espíritu humano, por ende, era
    imposible para Él tener a uno de sus hijos creyendo en sus palabras de vida. Verdaderamente, nuestro Padre celestial necesitaba establecer su camino, verdad
    y vida para reforzar a sus hijos, dispuestos a oír sus llamadas y palabras vivas, nacidas,
    naturales de su corazón santísimo, para que Él mismo les pueda hablar a ellos, dejándoles saber cuál es su perfecta voluntad para con ellos sobre toda la tierra, y así, ellos escapen maldades de sus enemigos de siempre.

    Por cierto, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos viviendo su vida maravillosa, que sería la perfecta manifestación de su gloria sobre la tierra, así como en el cielo con sus huestes angelicales, para que ellos aprendan a amar, servir y
    alabar a su santo nombre fuego sobre el monte santo de Jerusalén, que siempre ha estado en Jerusalén, en Canaán. Además, esta vida que nuestro Padre celestial necesitaba entregar a sus hijos de naciones antiguas, y que ya habían descendido al
    infierno tormentoso, porque fallaron en vivirla, habiendo ellos nacido con ella
    inicialmente de su imagen y conforme a su semejanza celestial, y así, ellos lo
    amen a Él y a su santo nombre fuego perpetuamente, sólo sigue existiendo en Él siempre,
    para devolvérsela.

    Efectivamente, nuestro Padre celestial necesitaba rescatar a sus hijos de todas
    las familias de las naciones, derramando su misma vida eterna, que Él siempre la ha vivido con su Hijo Jesucristo, con su Espíritu Santo y las huestes angelicales por la
    eternidad, y así, Él tenga su voluntad perfecta hecha en la tierra, así como
    en el cielo con frutos de su misma vida. Considerando que, nuestro Padre celestial había perdido a sus hijos en el paraíso, que fue Adán y Eva junto con sus hijos en
    generaciones futuras, al Lucifer engañar a Eva con la serpiente del Edén, que
    hizo que ella comience del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y
    del mal, contaminando así su vida eterna en ellos perpetuamente.

    Realmente, para nuestro Padre celestial tener a sus hijos, regresando a Él, su
    Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo en la gloria celestial, como el paraíso, entonces, Él necesitaba derrotar y destruir a Lucifer con su misma vida eterna, que él había
    contaminado en Eva, haciendo que ella coma del fruto prohibido, contaminando así la sangre de sus hijos sobre la tierra continuamente. Eso era todo lo que nuestro Padre celestial necesitaba hacer, para restaurar a Adán y a Eva junto con sus hijos a su
    vida eterna, reemplazando la sangre de todos ellos con su misma sangre santísima, y esta es la sangre expiatoria de su Hijo Cordero, Jesucristo, que necesitaba renacer de una de las familias de las naciones, ¡como el hijo del hombre!

    Ciertamente, la vida de nuestro Padre celestial está en la sangre expiatoria de su Hijo Jesucristo, heredada por Adán junto con Eva y sus hijos, que Lucifer junto con la serpiente contaminó, cuando ella comía del fruto prohibido que contaminó toda
    sangre humana de vida prístina, cumpliendo con la voluntad perfecta de nuestro
    Padre celestial en el paraíso y en la tierra siempre. Aquí es cuando, nuestro
    Padre celestial encontró a Abraham, dispuesto a obedecer sus palabras de vida,
    nacidas
    naturalmente de su corazón santísimo, que Él necesitaba establecer sobre la tierra no solamente con Abraham y familia de hijos adoptados, comprados por dinero de extraños, pero igualmente las familias de las naciones, empezando en
    el corazón de la
    tierra, el infierno, debajo de Canaán.

    Es más, nuestro Padre celestial necesitaba vivir su misma vida santísima con Abraham y su esposa Sarah junto con sus hijos adoptados, vecinos y amistades de
    cerca y de lejos, para que ellos gusten de dulzuras de su amor infalible, que siempre ha
    enriquecido su vida personal en la gloria celestial junto con las huestes angelicales por toda la eternidad. Seguidamente, nuestro Padre celestial necesitaba comer del pan y vino con Abraham de la Mesa santa, servida diariamente por su Hijo Jesucristo a
    las huestes angelicales, manteniéndolos así santos y perfectos en sus vidas eternas que aman, sirven y glorían a nuestro Padre celestial y a su santo nombre fuego por toda la gloria angelical.

    Entendemos que, al nuestro Padre celestial comer del pan y vino con Abraham, servido por su Hijo Jesucristo de la Mesa santa, como el rey de Salem y su Santidad Divina en la humanidad entera, entonces: Él no solamente podía impartir su naturaleza
    divina a su siervo Abraham, pero igualmente a su esposa Sarah y a sus hijos incontables hacia la eternidad venidera. Dado que, nuestro Padre celestial necesitaba tocar con su naturaleza divina la vida de Abraham junto con su familia, para que su Espí
    ritu Santo entre en el vientre estéril de Sarah, dándonos a su Hijo Jesucristo como Isaac, viviendo su misma vida eterna con Abraham y su familia finalmente sobre la tierra, esparciéndola así hacia las familias de las naciones también.

    Esta es la vida eterna y gloriosa de nuestro Padre celestial que su Hijo Jesucristo junto con el Espíritu Santo siempre la ha vivido con Él, como una familia divina que enriquece con su naturaleza divina no solamente la gloria angelical, pero igual el
    paraíso y otros lugares celestiales para que su santo nombre fuego: conquiste nuevas glorias, como siempre, y para siempre. Por eso, nuestro Padre celestial necesitaba establecer su vida eterna con Abraham y su familia, primeramente, entregándoles a su
    Hijo Jesucristo del vientre estéril de Sarah como Isaac, por poderes del Espíritu Santo, para que su vida eterna sea establecida sobre su altar antiguo, dándole a Él nuevas glorias de todos sus hijos de todas las familias
    de las naciones, siempre.

    Considerando que, al establecer nuestro Padre celestial su vida eterna con la familia de Abraham, su Hijo Jesucristo nació, como Isaac, del vientre estéril
    de Sarah, entonces, Él no solamente podía establecer su altar, glorificando su santo nombre
    fuego, pero igual, tener a sus hijos renacidos de una tierra muerta, ascendiendo finalmente a la gloria celestial todos ellos, como el paraíso, eternamente bendecidos. Es decir, también que: si nuestro Padre celestial podía hacer que su Hijo
    Jesucristo nazca del vientre estéril de Sarah como Isaac, por el Espíritu Santo, entonces, Él podía tener a los hijos de Abraham renacidos del corazón
    de la tierra con su Valle de los huesos secos convertido en su corazón santísimo, viendo vida
    eterna en el Tercer Día postreramente.

    Dado que, esta será la vida eterna de nuestro Padre celestial, que Lucifer junto con la serpiente había engañado a Eva, comiendo del fruto prohibido, contaminando así a Adán y a sus hijos con el pecado, pero ahora, sería la misma vida eterna
    victoriosa sobre el pecado, maldiciones, enfermedades, pobreza, infierno y muerte de Satanás: aún más, lleno con poderes de resurrección para siempre.
    Sin embargo, para que nuestro Padre celestial tenga a los hijos de Abraham renaciendo del corazón
    de la tierra, como el Valle de los huesos secos tornado en su corazón santísimo, porque finalmente Isaac derrama de su sangre expiatoria desde el monte Sion, en Canaán, hacia postes del infierno: manchándolos con vida eterna victoriosa sobre la
    muerte, entonces, él destruyó todo pecado perpetuamente de todas las naciones.

    Dado que, todo esto sería posible si únicamente nuestro Padre celestial derramase su corazón entero sobre su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el poder del Espíritu Santo, sobre el monte santo de Jerusalén, en el
    Moriah, bendiciendo así a Abraham con sus palabras naturales de su corazón santísimo, pero igual, bendecir a sus hijos por muchas generaciones. Verdaderamente, una vez que Abraham y su familia habían vivido ya unos años con Isaac su hijo,
    aprendiendo a vivir la vida eterna de nuestro padre celestial con su amor infalible, gozos, alegrías y paz junto con otras importantes bendiciones de la
    roca de salvación, entonces, Él estaba listo para llamarlo al monte santo de Jerusalén a ofrecer
    su nuevo adquirido amor hacia Él, en la gloria angelical.

    Aquí es cuando: nuestro Padre celestial llamó a Abraham a ofrecer a su único
    hijo Isaac, como ofrenda encendida hacia Él y su familia divina sobre el monte
    que Él le mostraría de uno de los montes del Moriah: porque Él necesitaba que la tierra
    vieja ofrezca su sacrificio de vida eterna, amor, gozos y alegrías de su hijo Isaac hacia Él, en el cielo. Realmente, nuestro Padre celestial finalmente había encontrado a Abraham y a su familia nacidos en la tierra, ofreciendo hacia Él en la gloria
    angelical y su familia divina, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo: El sacrificio de una tierra muerta para salvación sobre el monte Sion, en el Moriah, que es: la vida eterna de Isaac, riquezas, paz, gracia y su amor infalible.

    Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba ver a Abraham y su familia, ofreciendo hacia Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, en el cielo: el sacrificio de una tierra pecadora, ofreciendo a su único hijo Isaac y su vida eterna, riquezas,
    paz, prosperidad y abundante amor divino: y así, Él pueda tener a sus hijos renacidos del corazón de la tierra con su naturaleza divina, siempre. Verdaderamente, cuando Abraham empezó a caminar con su hijo hacia el monte alto, que nuestro Padre
    celestial le mostraría en el Moriah, entonces, Él estaba listo a obedecer cada palabra viva, hablada por nuestro Padre celestial: porque el sacrificio de
    su familia necesitaba entrar en la gloria angelical, quedándose, hasta que la tierra sea
    eventualmente bendecida con poderes de su naturaleza divina.

    Considerando que, este sacrificio fue muy importante que se quedase en la gloria angelical para nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, porque su Hijo Jesucristo como Isaac estaba viviendo con Abraham y su familia, entonces,
    Abraham junto los demás tenían que gozar de su vida eterna con sus ángeles descendiendo, creando así una atmósfera del cielo sobre la tierra, siempre. Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba transformar no solamente a Abraham y a su familia,
    pero igual a los demás viviendo cerca de él, como sus vecinos y amistades, porque su vida eterna tenía que ser establecida en Canaán, para empezar a enviarla con los hijos prometidos y así expandan su vida eterna por todo Canaán y hacia las
    naciones y hasta que todo sea santificado eternamente.

    Mientras tanto, nuestro Padre celestial se gozaba del sacrificio de Abraham sobre el monte Sion, descansando en el Moriah, porque su aroma de su vida eterna vivida por su Hijo Jesucristo como Isaac junto con Abraham y demás alrededor de él, entonces,
    complacía su corazón santísimo junto con su Espíritu Santo y huestes angelicales: Ordenando Él, que hijos prometidos a Abraham desciendan y se multipliquen. Realmente, nuestro Padre celestial quería más de este aroma agradable de su vida eterna
    vivida no solamente de su Hijo Jesucristo como Isaac con Abraham y su familia, pero igual, Él estaba percibiéndolo de sus vecinos y amistades, que Él envió a los hijos prometidos a Abraham a alcanzar a las familias de las naciones, para llenar la
    gloria celestial abundantemente con ellos siempre.

    Por cierto, nuestro Padre celestial estaba listo para derramar todo su corazón
    sobre Isaac y cada uno de sus hijos nacidos por las generaciones, prometidos a Abraham incontables como la arena del mar, y así, ellos puedan conquistar las familias de las
    naciones con su vida eterna, llenando la gloria celestial con su aroma levantándose desde la tierra hacia sus habitaciones secretas continuamente. Además, nuestro Padre celestial estaba tan satisfecho con los tres sacrificios
    de Abraham y con sus
    mitades opuestas una a otra y dos aves sin cortar, salpicados con sangre expiatoria, y ahora, Él tiene el aroma de su Hijo Jesucristo viviendo su vida eterna como Isaac con Abraham, que es siempre la alegría de cada momento de su
    gloria celestial, que Ã
    ‰l siempre busca por más.

    Ciertamente, nuestro Padre celestial pudo continuar amando a su Hijo Jesucristo
    y a su Espíritu Santo junto con las huestes angelicales, así como siempre lo ha hecho en la eternidad, sin embargo, con su vida eterna vivida en la tierra, en Canaán,
    entonces, el gozo de su corazón santísimo se intensifica como nunca antes, que únicamente desea más de sus hijos en su presencia santísima. Aquí es cuando, nuestro Padre celestial no solamente empezó a percibir en su corazón santísimo las
    glorias que sus hijos prometidos nacidos de la familia de Abraham de todas las generaciones le brindaran fielmente, pero igual, Él empezó a percibir bendiciones y glorias de sus hijos de las familias de las naciones que le entregan continuamente hacia Ã
    ‰l, en el cielo.

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