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    Sábado, 02 de Febrero, 2019 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    PALABRA VIVA DEL PADRE EN TI, BAUTIZADO YA, ES SU PERFECTA VOLUNTAD EN LA TIERRA AL INSTANTE, ASÃ COMO ES EN EL CIELO:

    Divinamente, nuestro Padre celestial buscaba en cada generación del mundo entero a alguien dispuesto a obedecer su palabra viva, y Él encontró a Abraham, porque con él y su familia Él estaba dispuesto a bendecir a la humanidad entera repetidas veces
    y hasta convertirla en su dulce hogar hacia la eternidad venidera, para vivir con sus hijos, amado por ellos siempre. Por cuanto, nuestro Padre celestial necesitaba derramar cada palabra divina nacida en su corazón santísimo, al no
    solamente Él darle
    vida de su imagen al primer hombre en la gloria angelical, que fue Adán y luego Eva, pero también a cada uno de sus hijos por generaciones venideras, y así, Él necesitaba entregárselas a ellos, pero no encontró a ninguno digno.

    Realmente, nuestro Padre celestial buscó por el mundo y sus generaciones venideras para ver si había alguien digno de recibir sus palabras santas nacidas de su corazón para cada hombre, mujer, niño y niña que nacía de su imagen y de su alma,
    empezando con Adán y Eva en el paraíso, sin encontrar a ninguno jamás, porque se habían desviados del camino santo. Ciertamente, estas eran palabras naturales de su corazón santísimo, cuando sus hijos nacían inicialmente de su imagen y de su alma
    viviente: increíblemente, Él jamás encontró a ninguno para derramar de sus riquezas y sólo hasta que encontró a Abraham dispuesto a creer en ellas, que Él ya estaba listo para derramarlas con sus abundantes riquezas y bendiciones interminables, y
    sin cesar jamás.

    Amablemente, nuestro Padre celestial estaba listo para entregarse a sí mismo a
    él (Abraham) y a su familia antes de entregarle a su Hijo Jesucristo nacido entre sus familias, para que Él pueda derramar de sus palabras divinas que tenían que alcanzar
    a sus hijos para que ellos vivan enriquecidos, así como Él vive enriquecido en la gloria celestial para siempre. Considerando que, estas son palabras vivas
    naturales de su corazón santísimo, cuando sus hijos nacían de su imagen, y así, ellas sean
    de su nueva tierra con sus cielos gloriosos, que Él ya había creado para Él vivir con ellos en su perfecta voluntad, que es amor, paz, alegría y prosperidad interminable una eternidad entera, conquistando glorias asombrosas nunca antes vistas por
    nadie.

    Sin embargo, primero nuestro Padre celestial tenía que derramar todas sus palabras vivas sobre su Hijo Jesucristo nacido como Isaac, para que no solamente su siervo Abraham con sus hijos viviendo en generaciones futuras las gocen, pero igualmente, los
    hijos de las familias de las naciones, porque Él tiene palabras vivas para ellos gozarlas en estos días abundantemente. Puesto que, Satanás con su naturaleza malvada del fruto prohibido, del árbol de la ciencia del bien y del
    mal únicamente les
    habla continuamente palabras malas, causándoles molestias, enfermedades, accidentes, pobreza y muerte, pero su altar de amor de Padre les habla siempre bendiciones, sanidad, prosperidad y riquezas inagotables a sus hijos (como tú y tus amados hoy,
    incluyendo amistades también).

    Por eso, nuestro Padre celestial necesitaba que su Hijo Jesucristo naciese de la familia de Abraham, para Él mismo empezar a vivir con ellos y con sus poderes asombrosos de su Espíritu Santo, que empezaron a descender progresivamente sobre su altar del
    amor por sus hijos, estableciéndolo así sobre la tierra finalmente, bendiciendo todo lugar, en donde ellos vivirán en generaciones futuras. Dado que, nuestro Padre celestial necesitaba bendecir a Abraham abundantemente con sus riquezas cotidianas, que
    él había acumulado junto con su esposa Sarah, porque esta riqueza descendía de la gloria celestial no solamente era para sus hijos gozarlas por muchas generaciones, pero igualmente, para bendecir su santo nombre fuego con ellas aun con mayores
    riquezas y hasta conquistar Canaán postreramente, para siempre.

    Comprendiendo que, una vez que Abraham había aprendido a gozar las riquezas cotidianas de nuestro Padre celestial, derramándose sobre él por el Espíritu
    Santo descendiendo continuamente por todas partes en donde él vivía, entonces
    fue para
    enriquecer a su hijo Isaac junto con sus hermanos viviendo en generaciones futuras, porque ellos le iban a servir sobre su altar de su amor eterno fielmente. Además, nuestro Padre celestial tenía que asegurarse que Abraham junto con los demás de su
    hogar, se hayan enriquecido todos en su presencia santísima, pero con riquezas
    derramadas sobre la tierra por Él en aquellos días: porque no solamente Abraham tenia que ser enriquecido, pero igual, sus hijos viviendo en generaciones venideras y hasta
    que reciban su santo nombre fuego para ser liberados.

    Es decir, también que cuando Abraham estaba listo para ser llamado a subir con
    su único hijo Isaac sobre el monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, entonces, él ya tenia que estar grandemente enriquecido con riquezas divinas, que Él
    mismo había ya derramado desde el cielo arriba por el nacimiento de su Hijo Jesucristo como Isaac del vientre estéril de Sarah. Ya que, nuestro Padre celestial esperaba de Abraham junto con su hijo Isaac que estén ambos considerablemente enriquecidos
    antes de ascender sobre el monte de Jerusalén, ofreciéndolo a él con las riquezas que Él mismo había derramado sobre él abundantemente, para que él sea grandemente enriquecido al ofrecer a su único hijo Isaac, como la ofrenda encendida hacia la
    gloria celestial.

    En otras palabras, con riquezas que nuestro Padre celestial había derramado sobre Abraham fue para enriquecer no solamente a su único hijo Isaac, pero igualmente el altar que él estaba listo para recibir camino tres días de su pueblo hacia el Moriah,
    porque al él ofrecer a su único hijo entonces él tenía que hacerlo como el hombre más rico del mundo entero. Es decir, también que no solamente Abraham tenia que ser enriquecido grandemente por nuestro Padre celestial derramando de
    lo mejor de su
    reino angelical, pero igualmente, a su hijo Isaac junto con cada hijo suyo nacido del vientre estéril de Sarah por muchas generaciones, por el Espíritu Santo, y así, Él sea honrado junto con su santo nombre fuego con riquezas insondables finalmente.

    Realmente, cuando Abraham fue llamado al monte alto con su hijo Isaac, como la ofrenda encendida sacrificada que llene la gloria angelical con su aroma especial, además, con el horno de fuegos de su grande Gracia, de su grande Misericordia, de su grande
    Verdad y de su grande Justicia Divina: entonces, ellos tenían que hacerlo con riquezas interminables, honrándolo así a Él perpetuamente. Puesto que, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham tendiendo a su único hijo Isaac sobre el madero del
    monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, porque Él iba a derramar de sus palabras divinas naturales de su corazón santísimo, como cuando les daba vida no solamente a Adán y Eva, pero también a sus hijos viviendo en generaciones
    futuras en la tierra.

    Ciertamente, fue importante para nuestro Padre celestial de enriquecer grandemente a Abraham y a su esposa Sarah junto con su único hijo Isaac, porque al responder a su llamado a ascender el monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah,
    entonces, ellos ya eran la familia más rica del mundo entero, derramando así sus palabras vivas sobre ellos y sus riquezas eternas, siempre. En otras palabras, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham y a su único hijo Isaac
    como los más ricos
    del mundo, porque llamados estaban ellos a ejercer un sacrificio muy importante
    sobre el monte santo de Jerusalén, descansando en el Moriah, en donde Él derramaría sus palabras vivas de una nueva tierra con sus cielos gloriosos y de poderosas riquezas
    hacia la eternidad.

    Es decir, también que solamente en sus grandes riquezas nuestro Padre celestial había derramado sobre Abraham y Sarah su esposa, dándole vida a su Hijo Jesucristo como Isaac, en donde Él estaba listo para derramar de su Juramento a Isaac y sus
    palabras vivas, bendiciendo a los hijos prometidos en generaciones futuras, pero igualmente, a los de las familias de las naciones, siempre. Es más, por estas grandes riquezas que nuestro Padre celestial derramó sobre Abraham y Sarah, fue para que el
    mundo reciba a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac, por el Espíritu Santo, y por los hijos prometidos que las hereden en sus generaciones, entonces, fue finalmente para ascender enriquecidos todos al monte santo de Jerusalén, en Canaán, adorando su
    santo nombre fuego perpetuamente.

    Ahora, nuestro Padre celestial le dijo a Abraham que sus hijos nacerían en cautiverio en tierra extranjera, que fue Egipto, pero nacidos por su Espíritu Santo, así como Isaac inicialmente para vivir el Juramento a Isaac, acumulando
    pecados de todas
    las naciones, y luego, destruirlos en el lecho marino del Mar Rojo, enriqueciendo así la tierra entera con sus riquezas a Abraham postreramente. Además, nuestro Padre celestial le aseguró a Abraham que sus hijos vivirían esclavizados por
    cuatrocientos años en Egipto, porque al nacer por el Espíritu Santo, entonces, todos ellos vivirán con el Juramento a Isaac, absorbiendo pecados del mundo entero que empobrece a cada familia de las naciones, para destruirlos
    en el bautismo de agua
    finalmente, para que sus riquezas florezcan universalmente siempre.

    Visto que, fue la voluntad perfecta de nuestro Padre celestial no solamente de salvar a Abraham y su familia, pero igualmente, de enriquecerlos grandemente con riquezas de la gloria angelical, que su Hijo Jesucristo junto con su Espíritu Santo y los á
    ngeles han gozado en la eternidad: amando, sirviendo y alabando su santo nombre
    fuego sobre el monte santo de Jerusalén. Por eso, cuando nuestro Padre celestial descendió para liberar a la casa de Israel del cautiverio egipcia, entonces, no fue
    solamente porque los cuatrocientos años se habían cumplido, pero igualmente, porque Él necesitaba a los israelíes bautizados en el lecho marino del Mar Rojo con riquezas de Abraham, multiplicándolas así por el desierto del Sinaí
    para conquistar
    con ellas eventualmente a Canaán.

    Puesto que, estas son riquezas de Abraham enriqueciendo a Egipto mientras Israel nacía en él por cuatro siglos con la nueva tierra y cielos gloriosos de nuestro Padre celestial, derramando sobre José cada siete años de riquezas
    después que los siete
    años de hambruna terminaban, escapando así Israel del cautiverio para enriquecer con ellas todo bautismo, el desierto y postreramente Canaán. Bondadosamente, las riquezas de nuestro Padre celestial se derramaban sobre Abraham y sus hijos viviendo en
    sus generaciones para pasar por el cautiverio egipcio, el bautismo del Mar Rojo, el desierto del Sinaí, el Valle de los huesos secos y finalmente Canaán, y así, enriquecerte a ti hoy en día—es decir—si tú te bautizas,
    invocando la perfecta
    santidad de su nombre.

    Comprobado que, estas riquezas no solamente te enriquecerán a ti pero también
    a tus amados en tu hogar, así como nuestro Padre celestial enriqueció inicialmente a Abraham y a su esposa Sarah junto con los hijos que había comprado con dinero de
    extranjeros, para él mismo darles amor de familia, levantando así familias que aman a Dios hacia la gloria celestial. Realmente, estas riquezas que nuestro Padre celestial otorgó a Abraham y a su familia aun dispuesta están hasta hoy para nosotros,
    porque el monte santo de Jerusalén fue enriquecido con ellas inicialmente, desde cuando Abraham ascendió hacia él con su único hijo Isaac, ofreciéndolo como el sacrificio encendido hacia la gloria angelical, para que nosotros entremos postreramente
    en estas riquezas de perfecta salvación.

    Definitivamente, es la voluntad de nuestro Padre celestial no solamente de enriquecer a Abraham y a sus hijos viviendo en generaciones futuras, pero igualmente, la gloria angelical primeramente y luego las familias de las naciones, cuando ellas renacen
    del bautismo en agua y del bautismo del Espíritu Santo, empezando así a recibir sus riquezas derramándose sobre ellos, como con Abraham inicialmente. Considerando que, las riquezas de nuestro Padre celestial entregadas a Abraham y a sus hijos viviendo
    en generaciones futuras, también tenían que enriquecer la gloria celestial enteramente, porque Él necesita tener su vida eterna, convertida en una gran riqueza con sus hijos, renacidos por poderes cotidianos del Espíritu Santo del
    Juramento a Isaac,
    bautizándose todos ellos en agua, invocando su santo nombre salvador.

    Estas son riquezas importantes que nuestro Padre celestial tenia que confiarla todas ellas a Abraham y a sus hijos de generaciones futuras, enriqueciendo inicialmente su altar de su amor hacia su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo junto con las huestes
    angelicales, pero igual, a sus hijos del Juramento a Isaac llamándolo a Él con sus palabras vivas a descender a Canaán ya. Comprendiendo que, nuestro Padre celestial después que el Israel antiguo fue bautizado: abandonando el espíritu de error por
    el Espíritu Santo caminando en la carne sagrada firmemente siempre, complaciendo toda verdad y justicia eternamente, porque su perfecta voluntad es
    cumplida instantáneamente en su Juramento a Isaac, entonces, Él enriqueció el desierto del Sinaí
    poderosamente con toda vida israelí para conquistar Canaán últimamente.

    Además, nuestro Padre celestial necesitaba a Israel nacido en el cautiverio egipcio con riquezas de Abraham, enriqueciendo así a los egipcios y a los demás por doquiera en necesidad de bendiciones durante los siete años de hambruna, y luego, Él
    bautizarlos en el Mar Rojo con sus riquezas, pasando por el desierto del Sinaí
    necesitaba incorporarse en Canaán, recibiendo así al Rey Mesías. Considerando que, una vez que nuestro Padre celestial había hecho que el Israel antiguo herede las
    riquezas de Abraham junto con el Juramento a Isaac para recibir a su Hijo Jesucristo nacido del vientre virgen de la hija de David, entonces, sus riquezas serian grandemente multiplicada, bendiciendo a todo aquel entrando en su nueva tierra con sus
    cielos gloriosos para gozarlo todo eternamente.


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