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    Sábado, 24 de Noviembre, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    EL PADRE TE SANA DIARIAMENTE CON ISRAEL ANTIGUO: COMO EL DULCE MADERO SOBRE EL MONTE SANTO DE JERUSALÉN:

    Después que nuestro Padre celestial le habló a Moisés sobre el monte Sinaí,
    entonces, fue para que él vaya con los líderes israelís a encontrarse con el
    Faraón egipcio, porque él tenía que dejar ir ya a Israel hacia el desierto: ofreciendo
    sacrificios al Dios de sus antepasados, porque los días de adorar a su santo nombre fuego sobre la tierra habían llegado. Estos fueron los días en que nuestro Padre celestial ya había entregado su santo nombre a Moisés, como el Dios de Abraham, el
    Dios de Isaac y el Dios de Jacobo: porque ahora ellos estaban listos para amar,
    servir y alabarlo sobre el monte santo de Jerusalén, en donde Él mismo estaría sobre todo lo alto de la tierra con ellos.

    Este fue un sacrificio importante: en donde todo Israel antiguo estaba obligado
    a ejecutarlo sobre el monte santo de Jerusalén con toda perfección, gloria perfecta y vida eterna, porque Él estaba exaltando no solamente su santo nombre fuego sobre las
    naciones, pero igualmente su nueva tierra con sus cielos gloriosos, nacido del vientre estéril de Sarah, al nacer su Hijo Jesucristo como Isaac. En estos días, toda la casa de Israel ya había vivido los cuatrocientos años del cautiverio egipcio, que
    nuestro Padre celestial le hablo a Abraham, cuando sacrificaba los tres carneros con sus mitades opuestas una a otra sobre la roca de salvación junto con dos pichones sin cortar, para luego Él regresar con su antorcha, expiando los pecados del mundo
    entero.

    Esta antorcha encendida que nuestro Padre celestial trajo con Él en aquella noche, expiando pecados del mundo entero con las mitades de los carneros opuestas una a otra, fue su primogénito Jacobo junto con sus hijos que nacerían en el cautiverio
    egipcio con el Juramento a Isaac, acumulando cada pecado de las familias de las
    naciones yaciendo ya en el infierno. Este fue el tiempo apropiado para nuestro Padre celestial finalmente entregarle a Moisés su santo nombre fuego por primera vez para que
    Israel lo posea eternamente, porque toda la casa de Israel había nacido en el cautiverio egipcio con las bendiciones del Juramento a Isaac, pero sin su nombre todopoderoso, por lo tanto, ahora Él se los podía entregar a todos ellos.

    Entendiendo que, Israel necesitaba vivir inicialmente todo el tiempo del cautiverio egipcio sin su santo nombre fuego, para que ellos puedan acumular cada pecado de todas las familias de las naciones (aunque estén en el infierno), porque nuestro Padre
    celestial con poderes cotidianos del Juramento a Isaac entonces podía destruirlos en el lecho marino en un bautismo de agua solamente, para siempre. Por eso, nuestro Padre celestial no le podía dar a Jacobo y a sus hijos su santo nombre fuego antes que
    los años del cautiverio egipcio se cumplan, porque si Él se los hubiese entregado antes, entonces, ellos hubiesen fallado en acumular cada pecado de las familias de las naciones para tirarlos en el Mar Rojo, en el bautismo de agua obligatorio.

    Realmente, fue importante para el Israel antiguo de estar cautivado en Egipto con las bendiciones del Juramento a Isaac, pero sin el santo nombre fuego y sus
    poderes, para que el Plan Redentor obre eficientemente, porque ellos seguidamente serian
    bautizados en agua como sumos sacerdotes derramando sangre expiatoria de corderos por todo el desierto del Sinaí antes de entrar a Canaán. En buen tiempo, la casa de Israel necesitaba empezar a ministrar ante nuestro Padre celestial con poderes de su
    Juramento a Isaac no solamente como sumos sacerdotes sobre la tierra, pero igualmente, como sus únicos mediadores posibles, en aquellos días, para las gentes yaciendo ya en el infierno tormentoso (por culpa del pecado), y así también para sus hijos
    en todas las naciones.

    Entendiendo que, nuestro Padre celestial necesitaba oraciones, mediaciones y ruegos importantes por cada alma viviente de la humanidad entera, y su sanidad,
    desde cuando Adán y Eva descendieron del paraíso, y así, remover todo pecado
    impidiendo que su
    santo nombre sea amado, servido y exaltado sobre el monte santo de Jerusalén por sus hijos, así como es con sus huestes angelicales del cielo. Realmente, nuestro Padre celestial estaba preocupado por el bienestar de cada uno de sus hijos, nacidos de su
    imagen y de su alma viviente en la gloria angelical, como cuando dijo a su Hijo
    Jesucristo y a su Espíritu Santo, descendamos a crear al hombre en nuestra imagen y semejanza, y así, sea él uno como nosotros conociendo el bien y el mal.

    Ciertamente, nuestro Padre celestial creó a cada hombre, mujer, niño y niña,
    empezando con Adán y luego a Eva junto con sus hijos en su perfecta imagen y semejanza de su alma viviente, y así, ellos sean sus hijos de su familia divina conociendo el
    bien y el mal, como su Hijo amado y su Espíritu Santo los conocen en su reino eterno. Sin embargo, desde que Adán y Eva comieron del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal, empezando así a vivir rebeldes como Lucifer había
    empezado su vida en el reino angelical ante huestes angelicales, entonces, Él actuó en su mejor forma posible para rescatarlos, y la única manera de hacerlo así postreramente fue con su tierra nueva.

    Realmente, esta es una tierra con cielos gloriosos, naciendo de su santo corazón fuego, como el Juramento a Isaac, en donde únicamente sus palabras vivas reinaran su vida eterna junto con bendiciones de riquezas insondables, descendiendo sobre sus
    huestes angelicales, pero igualmente sobre sus hijos, redimidos de la tierra vieja: amando, sirviendo y alabándolo a Él sobre el monte santo de Jerusalén
    perpetuamente. Por eso, es que nuestro Padre celestial después que le había confiado a Abraham
    a su Hijo Jesucristo como Isaac, naciendo del vientre estéril de Sarah, por poderes cotidianos del Espíritu Santo, entonces: Él lo hizo así para tener a
    su primogénito de su tierra nueva, que fue Jacobo inicialmente, seguido por muchos hijos
    incontables como las estrellas del cielo, hasta hoy.

    Por cierto, ahora que nuestro Padre celestial tenia a Abraham recibiendo a su Hijo Jesucristo como Isaac, nacido para vivir su amor, su fe, sus poderes y su gloria interminable en su hogar familiar, entonces, Él estaba listo para desplegar sus poderes
    asombrosos de amor, enriqueciendo así todo alrededor de Abraham e Isaac, porque Él entregaba muchas riquezas para tocar la tierra poderosamente. Es decir, también que, aunque Abraham junto con Sarah había recibido riquezas antes que Isaac nazca entre
    ellos, entonces fue para que su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo vivan junto con ellos en su hogar como Isaac, y así, maravillosamente el Padre derramar mayores riquezas en cada hogar, tocando así toda vida en la tierra, como de hombre y de animal
    igualmente.

    Comprendiendo que, nuestro Padre celestial no solamente lo estaba preparando a Abraham y a Sarah junto con los demás de su hogar familiar, como sus hijos adoptados, comprados por dinero de extranjeros, pero igualmente, sus vecinos y amistades cercanas y
    lejanas, para que ellos sean enriquecidos espiritualmente y materialmente para conocer su altar finalmente que descendía al mundo ya, en aquellos días. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba a todos, en aquellos días, además de Abraham y de
    Sarah junto los de su hogar, enriquecidos poderosamente todos ellos desde el cielo, por poderes de su palabra viva: porque pronto ellos iban a ascender a su
    altar de su amor infalible, empezando con Abraham e Isaac, bendiciéndolos así
    mucho más con
    riquezas de su nueva tierra.

    Realmente, estas son riquezas importantes siempre que todos estaban por recibir, en aquellos días, además de Abraham y de Sarah junto con sus hijos de generaciones futuras, porque nuestro Padre celestial necesitaba que todos empiecen a conocerlo a Él
    y a su santo nombre fuego en riquezas de su familia divina, que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu santo desde el cielo. Por lo tanto, esto fue algo importante para nuestro Padre celestial empezar con Abraham y con Sarah, cuando
    él creyó en sus
    palabras vivas junto con su Hijo Jesucristo que es Isaac siempre, y así, Él enriquecer su altar del amor prehistórico que descendía con perfectas riquezas dadas a él ya, en toda su vida.

    Por eso, una vez que Abraham junto con Sarah y sus hijos adoptados habían gozado en su totalidad de riquezas descendidas del cielo arriba, por razones de
    su Hijo Jesucristo nacido del vientre estéril de Sarah como Isaac, por poderes
    cotidianos del Espí
    ritu Santo, únicamente entonces, Él estaba listo para entregarle su altar de su amor infalible para siempre. Entendiendo que, Abraham junto con Sarah y cada
    uno de su hogar, como sus hijos adoptados, vecinos y amistades cercanas y lejanas: ellos tení
    an que ya haber conocido y vivido las abundantes riquezas que Abraham había recibido descendiendo desde el cielo a su altar de su amor infalible, perdonándolo de sus pecados, sanándolo de sus enfermedades, y salvándolo con
    abundante vida eterna.

    Es decir, también que nuestro Padre celestial enriqueció a todos alrededor de
    Abraham no solamente en su hogar, pero igualmente en toda su tierra, como vecinos y amistades cercanas y lejanas, porque cada uno de ellos eventualmente ascendería el monte
    santo de Jerusalén, convertidos en sus hijos legítimos, pero tenían que estar ya enriquecidos para recibir más riquezas aun de su nueva tierra. Esto fue algo muy importante para nuestro Padre celestial no solamente hacer por Abraham, pero igualmente
    para todos alrededor de él, porque Él quería todo su hogar sobre el monte santo de Jerusalén, descansando en el monte Moriah, ofreciendo a su único hijo Isaac, como ofrenda encendida: y así, ver finalmente a todos sobre su altar, con su ofrenda
    encendida ya establecida eternamente.

    Ya que, al nuestro Padre celestial hacer lo que había planeado para con Abraham y sus amados, empezando con Isaac tendido sobre el madero del monte santo de Jerusalén y su Lugar Santísimo, expiando por pecados de todos alrededor del mundo (sin
    derramar sangre expiatoria aun), entonces, Él estableció su altar de su amor infalible sobre su nueva tierra formalmente para la eternidad. Definitivamente,
    este es el altar de su amor infalible, en que nuestro Padre celestial necesitaba establecer su
    perfecta voluntad de su corazón santísimo, dándole vida a su nueva tierra con cielos gloriosos, cubriendo así la tierra pecadora: para que Él mismo finalmente sane a sus hijos nacidos de su imagen para entrar a su mundo nuevo, en donde no se peca
    jamás.

    Por eso, cuando nuestro Padre celestial llamó a Abraham, entonces, Él estaba llamando a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac sobre el monte Sion, porque él
    necesitaba tenderlo sobre el madero y ser encendido, haciendo así que su corazón santísimo
    le dé vida a su nueva tierra con cielos gloriosos, en donde sus palabras vivas
    destruyen mentiras de Lucifer en un día, perpetuamente. En realidad, aquí es cuando el corazón santísimo del Padre celestial le dio vida a su nueva tierra
    con cielos
    gloriosos, porque Él andaba afligido y sufriendo terriblemente de ver a sus hijos nacidos de su imagen y de su alma viviente tendidos en el infierno (porque fallaron en conocer su santo nombre sobre su altar de su amor infalible
    del cielo).

    En buen tiempo, cuando Abraham obedeció a subir al monte santo de Jerusalén, descansando sobre el Moriah, ofreciendo a su hijo Isaac, como en una ofrenda encendida de amor y de riquezas asombrosas que la humanidad entera jamás conocía aun hasta aquel
    día, milagrosamente, Él estableció la perfecta voluntad de su corazón santísimo sobre la tierra, para que sus hijos regresen a Él. Actualmente, este es el Juramento a Isaac: en donde el corazón santo de nuestro Padre celestial va afligido y
    llorando por sus hijos perdidos a las mentiras, maldiciones, enfermedades, pobreza y muerte de Satanás, para que todos ellos regresen a Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, renaciendo del agua y del Espíritu Santo para
    entrar a su nueva tierra
    inmediatamente.

    Asombrosamente, nuestra tierra convertida por el corazón santísimo de nuestro
    Padre celestial en su nueva tierra con cielos gloriosos, en donde su perfecta voluntad es amada, obedecida y eternamente exaltada en cada hombre, mujer, niño y niña de
    Israel y de las naciones, bautizadas en agua, primeramente, entrando así en ella, enriquecidos, conociendo siempre su amor infalible hacia ellos y sus amados siempre. Esta es la nueva tierra con nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo, su Espíritu
    Santo y sus ángeles viviendo con cada hombre, mujer, niño y niña que ha ascendido a ella, así como Abraham y sus amados inicialmente, entrando así tú en su presencia santísima, que es su Juramento a Isaac, en donde su amor eterno es tu gozo
    cotidiano una eternidad entera.

    Ciertamente, esta es la nueva tierra y su vida eterna junto con cada reino de animal, creada por nuestro Padre celestial inicialmente no solamente para Adán
    y Eva gozarlos, pero igualmente para ti nacido de su imagen y de su alma viviente, viviendo en
    la semejanza de su Hijo Jesucristo, por el Espíritu Santo, enriqueciendo esta vida maravillosa por ti constantemente, empezando ahora. Sin embargo, para que esto sea posible para ti y los tuyos, incluyendo amistades del mundo entero, tú tienes que
    haber renacido del bautismo en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo para que su altar de su amor infalible sea tuyo una eternidad entera, desde ahora, y así, tú goces su bendición cotidiana,
    siempre.


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