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    Sábado, 07 de Julio, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    JURAMENTO A ISAAC HA SANADO LA IMAGEN DEL PADRE EN TI, POR FIN, PERPETUAMENTE:

    Ciertamente, nuestro Padre celestial pudo llamar y confiar en Abraham, porque obedeció a su voz y así cumplió con sus mandamientos, sus preceptos, sus regulaciones, sus estatutos, sus decretos y sus leyes sin transgredirlas jamás, al recibir con el
    calor de sus brazos, a cada niño, que había perdido a sus padres, por razones
    de la violencia y guerras, de aquellos días. Y, en aquellos días, las gentes eran inhumanas y extremadamente violentas, y familias por todos lados usualmente eran invadidas
    por bandas de bandidos sin escrúpulos, que siempre buscaban robar lo que pudiesen y así destruían familias enteras, matándolas, y frecuentemente los niños escapaban o eran tomados para ser cambiados por cualquier cosa de valor como oro, plata o
    dinero, por ejemplo.

    Estos eran niños que descuidados cuando niños aún, entonces seguramente habían conocido el camino de la violencia, y jamás el camino del amor, para amar, servir y glorificar el santo nombre fuego de nuestro Padre celestial sobre la tierra; y las
    gentes en los días de Abraham los compraban de extranjeros con dinero, dándoles así amor: ayudándolos a crecer temerosos del Señor. Además, Abraham junto con su esposa Sarah había hecho de su familia un hogar y refugio
    para todo niño necesitado
    que había perdido a sus padres por razones de guerras; por ende, los niños habían perdido su única fuente de amor que conocían, y Abraham siempre estuvo ahí por ellos, restaurando el amor de familia al comprarlos de negociadores con dinero.

    Esto fue algo que complació mucho a nuestro Padre celestial, a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo, porque Abraham empezó a recibir visitaciones del cielo, que eran importantes bendiciones que él necesitaba como parte de su vida cotidiana
    descendiendo, para él tener las abundantes bendiciones que necesitaba para presentar y ofrecer sin interés alguno a los necesitados, de aquellos días. Por cierto, Abraham fue un hombre como el corazón del Padre celestial, que Él
    se le manifestó a é
    l y a Sarah como el Omnipotente, que significa el Todopoderoso en el cielo con las huestes angelicales y en la tierra con la humanidad entera, para que él confié en su santo nombre y su palabra viva lista para siempre suplir sus necesidades
    inmediatamente.

    Nuestro Padre celestial había encontrado en Abraham y en su familia el lugar en donde hacer nacer a su Hijo Jesucristo como el segundo Adán que necesitaba tener en la tierra con las familias de las naciones, para restaurar su sangre santísima, que
    Lucifer con el fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal había contaminado por engaño. Por lo tanto, para nuestro Padre celestial, Abraham y Sarah junto con los hijos adoptados, viviendo en su hogar, eran la familia ideal, en donde El
    necesitaba a su Hijo Jesucristo nacido del poder del Espíritu Santo del vientre estéril de Sarah como Isaac, para que Él destruya toda obra de Lucifer, y así restaurar toda vida humana en la tierra postreramente.

    Y para que todo suceda para nuestro Padre celestial, entonces Él tenía que tener a su Hijo Jesucristo como Melquisedec, rey de Salem y su Santidad, sirviendo pan y vino sobre su Mesa para que Abraham junto los hijos coman siempre con Él y su Espíritu
    Santo del convenio de vida, establecido con Abraham, bendiciendo a las familias
    de las naciones, siempre. Por eso, cuando nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, entonces
    lo que realmente Él hizo fue restaurar su sangre santísima en un día, para que no solamente Abraham sea bendecido siempre junto con Sarah y sus hijos prometidos, pero eventualmente toda familia de las naciones por igual.

    Esto fue algo importante para nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo lograr en un día, porque ellos necesitaban bendecir a cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias, sin importar jamás en donde vivan en la tierra
    y aun hasta en el infierno; porque Él necesita a todos sus hijos regresando al
    paraíso nuevamente con Él. Ciertamente, estos fueron días cuando nuestro Padre celestial junto su Hijo y su Espíritu Santo sanaba a la humanidad al tener a Abraham
    obedeciendo su voz, sus decretos, sus regulaciones, sus preceptos, sus estatutos, y sus leyes sólo viviendo con su hijo Isaac, que hizo nacer en su corazón la alegría del Padre, restaurando así progresivamente su sangre santísima sobre la tierra.

    Abraham, ciertamente, había complacido al Padre celestial completamente, porque a él vivir con su hijo Isaac, que realmente es Jesucristo y su Espíritu Santo, viviendo con el espíritu de la humanidad no solamente de Israel, pero igualmente de las
    familias de las naciones, entonces él obedecía completamente su voz, mandamientos, preceptos, regulaciones, estatutos, y decretos, así como obedecidos son eternamente por ángeles. Visto que, cuando Abraham recibió a su hijo Isaac entonces él recibiÃ
    ³ junto con Sarah y sus hijos adoptados, viviendo en su hogar ya, la sangre santísima del Padre celestial y su nuevo reino de su perfecta voluntad, que es
    Jesucristo y su Espíritu Santo, esparciendo por el espíritu humano de cada hombre, mujer, niño
    y niña del mundo entero salvación perfecta.

    Dado que, es únicamente en la sangre santísima de nuestro Padre celestial que
    su Hijo Jesucristo con la carne sagrada del convenio de vida y el Espíritu Santo y con sus dones y poderes cambian maravillosamente todo corazón, alma, mente, cuerpo y espí
    ritu humano, que cumple cada palabra y mandamiento en la tierra, así como se cumplen constantemente con las huestes angelicales. Mejor dicho, cuando alguien
    como con Abraham que recibió milagrosamente a su Hijo Jesucristo junto con su Espíritu Santo,
    entonces aquella persona ha renacido con la carne sagrada y los dones y poderes
    del Espíritu Santo, que no solamente protegen y bendicen a los hijos prometidos, pero igualmente destruye obras de Satanás, cumpliendo así toda palabra santísima junto
    con los mandamientos diariamente.

    Por eso, Abraham podía estar en la presencia de nuestro Padre celestial, completamente justificado, porque él recibió de su hijo Isaac, que realmente es Jesucristo con los dones y regalos del Espíritu Santo de su grande Gracia, su grande Misericordia,
    su grande Verdad y su grande Justicia Divina que cumplen y glorifican sus mandamientos, aunque él jamás los recibió como Moisés postreramente. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba que Abraham fuese el primero de
    su familia de naciones
    ascendiendo el monte Sion, que Él mismo le mostraría a su debido tiempo, porque él estaría listo para bautizarse con poderes sobre los fuegos del horno, y de su roca viva, en donde su Hijo Jesucristo fue inmolado desde la fundación del mundo por su
    humanidad bendita.

    Sin duda, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham que sea el primero en entrar a su Lugar Más Santo sobre el altar del amor prehistórico, en donde Él lo necesitaba a él con su hijo Isaac como el cordero ofrecido en un sacrificio eterno, expiando
    pecados del mundo entero, para que Él le otorgue hijos numerosos como las estrellas del cielo. Por cierto, nuestro Padre celestial necesitaba que Abraham
    establezca el ejemplo a seguir por sus hijos y por las familias de las naciones
    por generaciones
    venideras, porque Él necesitaba hacerlos tan santos y perfectos como Él siempre lo ha sido ante las huestes angelicales del cielo, para que su nuevo reino de su voluntad perfecta sea establecido sobre la tierra por fin.

    Porque cuando nuestro Padre celestial vio a Abraham con el tiempo cumplido con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo nacido del vientre estéril de Sarah como Isaac, él, pues, estaba listo con sus hijos por nacer postreramente, entrando en el
    altar del amor eterno, y así empezar a amar, servir y glorificarlo a Él junto
    con su santo nombre perpetuamente. Por eso, nuestro Padre celestial llamó a Abraham a ascender con su hijo Isaac al monte alto que le mostraría sobre el Moriah, entonces,
    esto significó, que él ya estaba llenó de su amor, de su gracia, de su misericordia, de su verdad y de su justicia divina, para ser aceptado por Él y
    por su santo nombre sobre su altar en Jerusalén.

    A tiempo, nuestro Padre le otorgó a Abraham y a sus hijos en generaciones futuras a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo nacido del vientre estéril
    de Sarah como Isaac, y así prepararlos, entrando a su altar del amor prehistórico, porque ahora
    Abraham primero podía ser tan perfecto y santo como Él lo llamó a vivir su vida eterna inicialmente. Puesto que, este es el paterno que nuestro Padre celestial necesitaba establecer no solamente para que Abraham lo siga ascendiendo al monte Sion llenó
    de su amor, misericordia, verdad y justicia divina, pero igualmente para sus hijos de generaciones futuras, porque el Juramento derramándose progresivamente sobre la carne sagrada de Isaac y su sangre santísima es por todos sus hijos, bautizados
    universalmente.

    Ya que, este es el altar del amor prehistórico, en donde su Hijo Jesucristo junto con su Espíritu Santo tendería su vida victoriosa sobre las obras de Satanás y de las tinieblas del ángel de la muerte, para que él derrame de su
    sangre expiatoria
    nacida inicialmente del vientre estéril de Sarah, dando abundante vida, sanidad y salvación a la humanidad últimamente. A tiempo, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham parado ante la roca redentora, y así llenarse de su amor, su poderosa
    felicidad necesaria para amar, servir y alabarlo a Él siempre, pero igualmente, para que él experimente el reposo Sabatino, aunque no lo recibido aún del Padre, pero igual, debía vivirlo plenamente como si lo hubiese recibido ya perpetuamente sobre
    su altar antiguo.

    Puesto que, estas son bendiciones, cuyos hijos, ya sean ellos de Israel o de las familias de las naciones, pudiesen experimentar ascendiendo sobre el monte Sion y su Lugar Santísimo para ser alimentado como normal de la roca redentora, y en su epicentro
    siempre listo está para recibir a quienquiera, bautizado en agua, invocando la
    santidad perfecta de su nombre todopoderoso perpetuamente. Visto que, este es el epicentro del altar del amor eterno, en donde nuestro Padre celestial siempre tiene su roca
    salvadora esperando por sus hijos a que estén ante ella, porque es aquí, en donde tú serás alimentado con su amor infalible y junto con bendiciones que siempre necesitaras para amar, servir y alabarlo a Él junto con su santo nombre fuego.

    Aquí es donde que, por razones de sus asombrosos poderes cotidianos del Juramento a Isaac, en que tú serás bendecido como jamás lo pensaste posible por nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, porque tú recibirás todo el
    contenido de la roca salvadora y así amar, servir y glorifícalo a Él y a su santo nombre una eternidad entera. Y mientras tú estés en el epicentro del altar del amor prehistórico, y la roca salvadora te está alimentando completamente con el amor
    infalible del Padre celestial junto su felicidad personal, su gozo y otras bendiciones del cielo, incluyendo el reposo Sabático, entonces Él te abrazara
    fuertemente sobre su pecho por mucho tiempo para jamás dejarte ir de su presencia santísima.

    Tú estarás parado en el epicentro del altar del amor prehistórico de su nombre todopoderoso, abrazándote, apretándote fuertemente, porque Él necesita que tú regreses a su imagen, su alma bendita y corazón que te ama, aunque hayas pecado en contra
    de Él en tus días, aun así, Él te ama con su amor asombroso y todopoderoso,
    sin conocer limites en ti jamás. Alla arriba, mientras tú estés ante su roca
    salvadora, y con los brazos de nuestro Padre celestial sobre ti, como un padre abraza a su
    hijo, entonces tú, de pronto, te has hecho uno con Él, por los poderes asombrosos del Juramento a Isaac, que tú empezaras a amarlo a Él con su mismo
    amor infalible, sin conocer limites en ti jamás.

    Tú estarás parado con nuestro Padre celestial, así como Abraham y todos los demás del pasado tuvieron que pararse ante la roca salvadora para ser alimentados con abundancias de su amor infalible, felicidad, placeres angelicales y otras bendiciones
    desconocidas por la humanidad hasta ahora, pero, están todas allí, esperando alimentarte abundantemente, porque tienes una eternidad para vivir su vida eterna. Efectivamente, una vez que estés allí entonces tú trataras de conocer y de entender todo
    lo que tú habrás pasado y experimentado con la roca redentora, alimentándote
    de estas bendiciones incesantes y desconocidas por la humanidad entera, porque querrás recibir aún mucho más, por lo tanto, decirles a otros sobre tu experiencia
    sobrenatural, y miraras alrededor de ti asombrado grandemente.

    Sin embargo, todo lo que tome lugar contigo mientras estés ante la roca redentora y los brazos de nuestro Padre celestial abrazándote fuertemente, pero no te preocupes de nada, no hay dolor alguno con Él, porque te ama tanto para jamás dejarte alejar
    de Él nuevamente, y tú podrás respirar, sentir y gozar de lo que es inexplicable para los demás. Aquí es donde el bautismo en agua te llevara inmediatamente cuando tú eres sumergido y emergido del agua, invocando la santidad perfecta de su nombre,
    su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, porque tú estarás muy limpio de pecados y del espíritu de error que el Espíritu Santo te transportara instantáneamente hacia el Lugar Santísimo para estar siempre ante la roca redentora.


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