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    Sábado, 17 de Febrero, 2018 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica

    (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

    (NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO ESTÁ CON TODOS EN PARKLAND HIGH SCHOOL: Deseamos expresar nuestro amor, condolencias y oraciones a cada una de las familias de las 17 víctimas, que perecieron en este tiroteo sin sentido alguno, que no se lo esperaba nadie
    jamás, en la Escuela de Parkland, Florida, del miércoles pasado, en la tarde.
    Ellos se encuentran en la presencia santísima de nuestro Padre celestial, porque Él envío a su Hijo Jesucristo a salvarlos, pagando por sus pecados con
    su propia sangre
    expiatoria sobre el madero, para que su Espíritu Santo los levante a todos ellos a su nueva gloria celestial, como en estos días, para seguir viviendo la
    vida eterna, eternamente felices, para siempre. ¡Amén!)

    LA TIERRA ES UN PARASO CON EL PACTO A ISAAC ACTIVADO EN ISRAEL HOY:

    Nuestro Padre celestial le dijo a Moisés, ahora tú necesitas llamar a Josué,
    porque él es quien he escogido para relevarte, ya que tú te unirás a tus padres pronto, y él tiene que llevar al pueblo de Israel hacia la tierra que yo le he prometido a
    entregársela a Abraham y a todos sus hijos por generaciones venideras, para siempre. Éste es el día en que nuestro Padre celestial esperó para comisionar al reemplazo de Moisés, porque Él necesitaba conquistar la tierra prometida no solamente para
    Abraham, Isaac y Jacobo pero igualmente para los hijos llenándola con familias: y Él quería además que ellos naciesen en su tierra del altar antiguo por el bautismo en agua, y más no en otro altar.

    Además, nuestro Padre celestial necesitaba llenar la tierra de Canaán con los
    hijos que habían nacido por los poderes del Espíritu Santo, que le dio vida inicialmente a su Hijo Jesucristo como Isaac, para que ahora todos sus hijos puedan llenar la
    tierra: en donde Él finalmente establecerá su altar del amor prehistórico para nuevas glorias eternas, de su santo nombre fuego. Sin embargo, para que nuestro Padre celestial pueda asegurarse de que Josué conquistara la tierra para el altar antiguo y
    su santo nombre fuego y así descienda del cielo, estableciendo soberanamente su nuevo reino de su perfecta voluntad, que es el Juramento a Isaac, entonces, Él tenía que asegurarse que en su tierra siempre, prevalezca la carne sagrada
    de su Hijo
    Jesucristo.

    Por eso, es que nuestro Padre celestial tenía que comisionar a Josué en el tabernáculo de reunión, y en los poderes del Lugar Santísimo, que realmente es su Juramento a Isaac, vistiendo no solamente a Josué con las palabras de su
    perfecta voluntad,
    que eventualmente saturara a toda la tierra de Canaán, pero igualmente a los hijos de generaciones venideras. Dado que, únicamente cuando la tierra de Canaán es no solamente conquistada por los hijos de Abraham, pero igualmente es llena de su palabra
    viva de su Juramento a Isaac, porque cada hombre, mujer, niño y niña será bautizado en agua, cruzando el río Jordán en seco: entonces Él podrá tener su altar del amor prehistórico establecido firmemente en su lugar eterno.

    Entonces por fin nuestro Padre celestial no solamente podrá tener a su Hijo Jesucristo nacido del vientre virgen de la hija de David, bañado en la sangre expiatoria del Juramento a Isaac, porque está llena siempre de su vida personal, que será
    eventualmente integrada a sus hijos por su santo nombre fuego y sus manifestaciones varias, de abundantes asombrosas glorias venideras. Por eso, cuando su Hijo Jesucristo nació del vientre virgen de la hija de David en Belén de Judea, por el Espíritu
    Santo, entonces el santo nombre del Padre descendió divinamente, porque su Hijo amado al fin había nacido entre sus hermanos y hermanas de la sangre del Juramento a Isaac, requerido presente para que su santo nombre descienda, quedándose en Jerusalén,
    perpetuamente.

    Es decir también que sin la presencia de la sangre expiatoria de nuestro Padre
    celestial, y llena de su misma vida prístina, otorgada primeramente a su Hijo Jesucristo, naciendo del vientre estéril de Sarah y luego del vientre virgen de la hija de
    David, entonces fue así siempre para que su vida personal entre a Canaán y su
    santo nombre fuego descienda, finalmente. En otras palabras, sin nuestro Padre celestial otorgar primeramente su vida santísima a su Hijo Jesucristo, naciendo inicialmente
    del vientre estéril de Sarah y luego del vientre virgen de la hija de David, por el Espíritu Santo, en Canaán, en ambas instancias, entonces su santo nombre fuego hubiese fallado siempre en descender para establecer su nuevo reino asombroso, de su
    perfecta voluntad.

    Ciertamente, esto era importante para nuestro Padre celestial tener primeramente su sangre expiatoria llena de su vida eterna, derramada al su Hijo
    nacer del vientre virgen de la hija de David, ungiendo a Canaán, para que su santo nombre descienda a su
    nuevo dulce hogar, llenó de vida prístina para sus hijos, para vivirla por su
    Jesucristo victorioso sobre Satanás mentiroso, perpetuamente. Por eso, cuando nuestro Señor Jesucristo nació en Canaán, bañado por su propia sangre expiatoria, entonces
    l fue bañado en la vida eterna de todos nosotros ante la mirada del santo nombre fuego, descendiendo del reino angelical, entrando así en el Juramento a
    Isaac en perfecta santidad para atestiguar de toda la vida eterna, vivida victoriosamente con su
    Hijo Jesucristo en Canaán.

    Ya que, esto era algo que sólo nuestro Señor Jesucristo podía hacer en Canaán, porque no solamente él es el primogénito del Padre en el reino angelical, pero igualmente Isaac desplegando toda la fuerza de su Justicia divina para ser establecida
    sobre la tierra, así como en el cielo, para que su santo nombre fuego sea finalmente glorificado apropiadamente toda una eternidad. Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba ver a su Hijo Jesucristo no solamente nacido del vientre virgen de la hija
    de David, por el Espíritu Santo, salpicando la sangre expiatoria de su vida eterna sobre Israel, pero igualmente Él necesitaba hablar cada palabra del Juramento a Isaac para establecerlo en todo Canaán, para bendición cotidiana de todos, como su
    perfecta voluntad eterna.

    Y al hacerlo así, entonces nuestro Padre celestial junto con su santo nombre y
    su Espíritu, necesitaba ver a su Hijo Jesucristo victorioso por toda palabra de su Juramento a Isaac sobre toda mentira, maldición y obra malvada de Satanás, derrotando as
    todo mal por las calles, pueblos y ciudades de Israel, entrando seguidamente con su vida victoriosa en cada hogar israelí. Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba derrotar cada mentira, maldición y obra malvada en cada hogar Israelí por todo
    Israel, porque sus antepasados yacían en el Valle de los huesos secos, derrotados por las mentiras que emanaron de Satanás y, por ende, el mal tenía
    que ser derrotado en sus hogares israelíes para que su verdad y su justicia prevalezcan, por fin.

    De otro modo, nuestro Padre celestial hubiese fallado junto con su santo nombre, y su Hijo Jesucristo por su Espíritu Santo del Juramento a Isaac en derrotar cada mentira, maldición y obra malvada, en donde Satanás había sido
    victorioso inicialmente
    en contra de Israel yaciendo ya en el Valle de los huesos secos, esperando levantarse en el Tercer Día a ver al SEÑOR. Autoritariamente, nuestro Padre celestial necesitaba decir cada palabra de su Juramento a Isaac, puesta sobre su cuerpo sagrado,
    cuando estaba tendido sobre el madero y listo para ser quemado como el sacrificio de su padre, porque Abraham había sido llamado divinamente a ofrecerlo como una ofrenda encendida, pero, más bien, fue el Padre derramando su fuego santísimo sobre cada
    hogar Israelí, siempre.

    Por eso, es que nuestro Padre celestial necesitaba tener a su Hijo Jesucristo nacido del vientre virgen de la hija de David, por el Espíritu Santo, para que
    no solamente su santo nombre fuego descendiese a su lugar eterno de glorias sin
    fin sobre su
    altar del amor prehistórico, pero igualmente Él mismo entrar en cada hogar de
    sus hijos con poderes. Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba conquistar cada hogar israelita en Canaán no solamente por las glorias de su santo nombre
    fuego, pero
    igualmente porque Él necesitaba ver su misma vida eterna vivida por su Hijo Jesucristo y por su Espíritu Santo, al su palabra del Juramento a Isaac desplegarse por toda su tierra, victoriosa sobre el ángel de la muerte, eternamente.

    Visto que, esta era una victoria importante que nuestro Padre celestial necesitaba conquistar en contra de Satanás y de su mentira cotidiana por las calles, pueblos y ciudades de Canaán, y así mismo en cada hogar israelita, porque ésta victoria
    importante tenía que ser clavada al madero de la casa de Israel, sobre su altar del amor eterno, salvando a todos mundialmente. Por ende, únicamente su Hijo Jesucristo podía obrar ésta maravilla de gracia divina, misericordia, verdad y justicia que
    toda la casa de Israel necesitaba obtenerla y así derrotar finalmente a Satanás y sus mentiras, maldiciones, y muertes en contra de sus hijos, retenidos en el Valle de los huesos secos, para que finalmente sean levantados,
    viendo al SEÑOR en el Tercer
    Día.

    Por eso, cuando alguien se bautiza en agua, invocando la perfecta santidad de su santo nombre, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo, entonces la perfecta santidad de su Juramento a Isaac desciende con aquella persona en el agua, para
    levantarse así
    seguidamente del Valle de los huesos secos (vida pecadora) victorioso sobre las
    mentiras, maldiciones, pobreza, enfermedades y toda muerte, perpetuamente. Y nuestro Padre celestial necesitaba derrotar a Satanás y sus maldades en todo hogar en Canaán, y
    por el mundo entero, porque cada uno de la casa de Israel había descendido a él, desde el Israel antiguo y hasta los desplegados por las naciones, entonces, Él necesitaba derrotar a Satanás mentiroso con su Hijo Jesucristo, viviendo su misma vida prí
    stina como israelita.

    Ciertamente, al nuestro Señor Jesucristo vivir su vida santísima por la tierra de Israel, proclamando el Juramento de nuestro Padre celestial a Isaac para derrotar toda maldad cotidiana de Satanás y de sus ángeles caídos, como
    el ángel de la muerte,
    entonces Él mismo pudo destruirlos con sus poderes asombrosos de su perfecta voluntad, su palabra cotidiana y viva desde su altar antiguo. Entonces una vez que Satanás había sido derrotado por su Hijo Jesucristo al vivir perfectamente la vida eterna
    de nuestro Padre celestial en todo Israel, derramando su misma sangre expiatoria al nacer del vientre virgen de la hija de David, por el Espíritu Santo: ciertamente, al fin Él pudo atar a Satanás y al ángel de muerte, para
    decirles, ¡Muerte! ¡Yo
    soy tu muerte!

    Aquí es cuando, nuestro Padre celestial tenía que tomar el madero de la casa de Israel, que una vez fue la carne sagrada que nació en el cautiverio egipcio
    con su Juramento a Isaac, para absorber por cuatrocientos años cada pecado de las familias de
    las naciones antiguas, para luego bautizarlos en el Mar Rojo, destruyendo cada pecado mundialmente al fin, perpetuamente. Porque siempre fue el pecado que mantenía a cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones antiguas
    muertas sin haber conocido su santo nombre fuego, y sin haber derramado sangre de cordero, para expiación de sus vidas, para que Él pueda cubrir sus pecados, perdonarlos, y así asciendan al paraíso, en donde vivirían con Él,
    eternamente
    justificados.

    Pero como las familias de las naciones antiguas, descendieron a las regiones de
    los perdidos del infierno tormentoso, sin el Juramento a Isaac, porque ellos siempre fallaron en conocer a nuestro Padre celestial en la tierra: entonces ellos se encontraban
    encarcelados en tormentos infernales, eternamente maldecidos y perdidos por el poder del pecado, para no volver a ver la vida nuevamente jamás. Sin embargo, cuando nuestro Padre celestial pudo establecer un convenio de vida con Abraham,
    porque ambos se
    sentaron a la Mesa santa para comer del pan y vino junto con los 318 hijos adoptados de la mano servicial de su Hijo Jesucristo, conocido como el Rey Melquisedec y Santidad de Dios, entonces el Juramento a Isaac podía establecerse en la tierra
    postreramente.

    Es decir, que ahora nuestro Padre celestial podía tener una nación de sus hijos nacidos de Abraham y del vientre estéril de Sarah, y con su Juramento a Isaac de su perfecta voluntad, para que sea establecida sobre la tierra eternamente, para que su
    nuevo reino venga: y esto sería que sus hijos nacerían primeramente en el infierno tormentoso y entre naciones antiguas. Porque nuestro Padre celestial siempre buscó de tener toda una nación nacida en el infierno tormentoso y con
    su Juramento a Isaac,
    que es su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, que vinieron a ser un hombre nacido del vientre estéril de Sarah, Isaac, dándole vida así a Jacobo su primogénito terrenal, para que sus hijos tengan poderes, escapando del infierno, siempre.

    Pero para el Plan redentor de nuestro Padre celestial, divisado en su corazón santísimo, solamente sería posible comiendo con Abraham y sus hijos adoptados
    el pan y vino de su Hijo Jesucristo, conocido como Santidad de Dios mundialmente, pero
    igualmente, postreramente tener a su Hijo amado comiendo con todos los hijos en
    Canaán, como en el paraíso, de su Mesa del pan. Visto que, nuestro Padre celestial necesitaba a su Hijo Jesucristo, dándoles de comer a los hijos de Abraham del pan y vino,
    así como inicialmente Él llamó a Adán y Eva a comer de su fruto de vida, pero nunca del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, para Él poseer un convenio de vida con ellos, siempre.

    Es decir también que cuando nuestro Señor Jesucristo se sentó a la Mesa santa con sus apóstoles, para comer del pan y vino, que él personalmente le sirvió a nuestro Padre celestial y a su siervo Abraham junto con sus hijos adoptados, entonces él
    lo hizo finalmente para darle al Israel antiguo a que coma de él, al ser clavado al madero. Porque al nuestro Señor Jesucristo ser clavado al madero de
    la primera casa de Israel, yaciendo en el Valle de los huesos secos ya, entonces por los clavos en
    sus manos y pies, ciertamente cada uno de Israel comió de su carne sagrada y sangre expiatoria como el pan y vino inicial, para que la vida eterna sea posible en ellos finalmente.


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