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valarezo7@hotmail.com
Sábado, 03 de Abril, 2021 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
Satanás falla en entender la carne sin pecados de Isaac en ti, pero Canaán y el Padre la entienden, enriqueciéndote a ti y la tierra entera maravillosamente:
Amorosamente, nuestro Padre celestial junto con su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo necesitaba establecer su carne sin pecados, huesos inquebrantables y sangre expiatoria, que sería extremadamente santa, parándose en su presencia en toda la
humanidad, porque Él necesitaba vivir con ella en sus hijos de Israel y de las naciones, en donde el pecado del mundo entero moriría para siempre. Esta sería su carne santísima, en donde Satanás estaría completamente perdido junto con sus ángeles
caídos y el ángel de la muerte y hasta el mismo infierno tormentoso, porque sería llena de su misma santidad perfecta, por tanto, imposible encontrarla en toda la tierra, manteniendo así una relación perfecta con sus hijos por toda una vida entera
con cada uno de ellos siempre.
Por cierto, Satanás junto con sus secuaces no podrá verla jamás en toda la tierra mucho menos tocarla, porque es una carne sagrada que emergió de nuestro Padre celestial, como semilla santa, que abrazaría a Israel junto con cada hombre, mujer, niño
y niña de las familias de las naciones pasadas y futuras con perfecta salvación para toda una eternidad venidera. Realmente, esta es una carne sagrada, que nadie, desde días de Abraham y Sarah, ha podido entenderla, porque nació de nuestro Padre
celestial, por poderes del Espíritu Santo, para ser manifestada en Canaán de su Hijo Jesucristo naciendo como Isaac del vientre estéril de Sarah, entregándonos así vida con perfecta salvación, sanidad y alegrías sin fin con Abraham y a su familia
para siempre.
Por eso, es que por la vida de Abraham junto con su hijo amado Isaac y Sarah su madre y demás familiares igualmente, como sus hijos adoptados (comprados por dinero de extraños), vecinos y amistades, pudieron vivir en paz y en prosperidad continua,
porque Satanás junto con sus secuaces estaba confundido, que él no pudo jamás lanzar un ataque efectivo en contra de ella. Satanás y sus seguidores simplemente fallaron continuamente en entenderla en la vida de Abraham y en sus hijos prometidos de
generaciones venideras, naciendo en el cautiverio egipcio, que él fallaba continuamente en intervenir en esta gran obra israelita, que sólo ellos podían ejecutarla divinamente para la humanidad entera, y esto fue de llevar sus pecados al bautismo del
Mar Rojo, destruyéndolos para siempre.
Esta es la semilla santa de nuestro Padre celestial, dándole vida a su Hijo Jesucristo como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, para que Jacobo nazca junto con doce patriarcas israelíes en Canaán, en donde el pecado jamás
existió, por ende, todos ellos fallaron en recoger pecados, pero sus hijos lo lograron en Egipto para el bautismo del Mar Rojo. Verdaderamente, esta fue la cruz saliendo del cuerpo santísimo de nuestro Padre celestial del vientre estéril de Sarah, por
poderes del Espíritu Santo, naciendo sus hijos en Canaán sin pecados siempre, seguidamente, los patriarcas israelitas en tiempos de hambruna descendieron a Egipto para tomar los pecados del mundo entero, y destruirlos bautizándose del Mar Rojo,
finalmente así liberar a Canaán de tinieblas satánicas.
Entendiendo que, Satanás había establecido naciones satanistas, adorándolo a él y a sus ángeles caídos, incluyendo la muerte, logrando que Canaán no sea el dulce hogar de nuestro Padre celestial, creado por Él desde su corazón santísimo para
tener a sus hijos de Israel y de las naciones: naciendo allí sin pecado alguno, para Él vivir con ellos por siempre amado toda una vida entera. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba reemplazar la carne pecadora y el fruto prohibido de sus
hijos del pasado y del futuro con su carne sagrada y el fruto de vida, que es su pan y vino, tomándolo de su Mesa santa en cualquier hora del día, teniendo así comunión perfecta con Él, y en su Espíritu siempre llevar su voluntad perfecta cada día.
Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba regresar a vivir con sus hijos en la gloria celestial, como el paraíso y La Nueva Jerusalén angelical, pero teniéndolos a todos ellos viviendo en su semilla santa, que es su carne sin pecados y su sangre
expiatoria, y así, Él tener una relación perfecta con ellos en toda la tierra y hasta que su reino venga finalmente. Realmente, nuestro Padre celestial estaba buscando tener una relación perfecta con sus hijos de Israel y de las familias de las
naciones pasadas y futuras igualmente, pero tener esta relación con ellos en su carne sin pecados que jamás nadie la ha podido entender hasta nuestros días, excepto su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo por toda una eternidad, empezando en Canaán.
Considerando que, Canaán es el hogar de la semilla santa de nuestro Padre celestial del vientre estéril de Sarah, manifestada como Isaac, por poderes del Espíritu Santo, porque tenia que renacer postreramente con sus hijos de Israel y de las familias
de las naciones en el corazón de la tierra, y así, ellos regresen a Él, bautizándose en la bañera de sus hogares. Sin embargo, para nuestro Padre celestial tornar el corazón de la tierra en su corazón santísimo para que sus hijos renazcan, viendo
vida en Canaán nuevamente, en donde el pecado no existió jamás, entonces el Valle de los huesos secos, debajo de Canaán, tenía que tornarse en su corazón amoroso, dándole vida a sus hijos de todas las familias de las naciones, bautizándose en
agua.
Ciertamente, para nuestro Padre celestial tener a Israel viviendo nuevamente junto con antiguas y modernas naciones, entonces, Él tenia que remover el pecado del mundo entero, recogiéndolos los israelitas por cuatrocientos años para abandonarlos en el
bautismo del Mar Rojo en un día, llevando seguidamente la carne sagrada bautizada ya al corazón de la tierra, salvando finalmente la humanidad entera en un solo día también. Eficazmente, en el Mar Rojo toda la casa de Israel fue bautizada en agua,
invocándolo a Él, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, abandonando así finalmente la carne pecadora y el espíritu de error con cada pecado recogido, recibiendo la carne sin pecados y el Espíritu Santo para vivir victoriosamente
sobre toda hostilidad del desierto de Sinaí.
Además, nuestro Padre celestial necesitaba que todo Israel se convierta en ciudadanos legítimos de Canaán, Heredando riquezas insondables, poderes, glorias, existentes sólo allí para todas las naciones, finalmente para gozarlas, pero gozarlas en su
carne sin pecados y en su sangre expiatoria, que todos obtendrán en toda la tierra, bautizándose en agua, viendo vida nuevamente, en donde el pecado no existió jamás en la eternidad. Entendiendo que, nuestro Padre celestial necesitaba que cada hombre,
mujer, niño y niña de Israel antiguo viva en el desierto del Sinaí cada día hostil en su carne sagrada y en su sangre expiatoria, para Él revivir (recrear) la vida de todos ya vivida en la tierra antes de descender al infierno, eternamente
condenados, por no haber honrado su santo nombre fuego en sus días.
Amorosamente, nuestro Padre celestial necesitaba expiar, juzgar y cubrir cada pecado que cada hombre, mujer, niño y niña había cometido en contra de Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo con rituales y ceremonias del Juramento a Isaac de
perfecta santidad del Lugar Santísimo, finalmente cubriendo el corazón de la tierra con su carne sagrada bautizada ya, removiendo así el pecado del mundo perpetuamente. Definitivamente, descendiendo Israel antiguo al Valle de los huesos secos,
entonces, ellos lo hicieron con la carne sagrada, sangrando con la vida vivida por el desierto del Sinaí y con pecados expiados, juzgados y cubiertos con sangres expiatorias de carneros, y así, el corazón de la tierra sea su corazón santísimo, dá
ndole vida a sus hijos nuevamente destinados hacia la gloria celestial, eternamente justificados.
Ciertamente, nuestro Padre celestial tuvo a su Espíritu Santo en el vientre estéril de Sarah, para que su Hijo Jesucristo sea Isaac, en Canaán, en donde no hay pecado jamás, y sus hijos cautivados del cautiverio egipcio, bautizados en agua escaparon
hacia el desierto del Sinaí, descendiendo al corazón de la tierra, renaciendo Israel de su corazón santísimo, viviendo nuevamente enriquecidos en la gloria celestial. Verdaderamente, si Israel hubiese fallado en renacer de su corazón santísimo,
entonces no hubiera jamás entrado al cielo eternamente amado, enriquecido y bendecido: por ende, Él necesitaba el corazón de la tierra santísimo como el de su pecho y lleno de su amor infalible por su Hijo Jesucristo, su Espíritu, Israel y las
naciones, y así, sus hijos asciendan eternamente amados hacia la gloria angelical.
Consiguientemente, fue importante para nuestro Padre celestial siempre usar una carne sagrada y llena de su Espíritu Santo junto con poderes eternos y glorias que Satanás, los ángeles caídos y la muerte fallarían siempre en entender toda una vida
con sus hijos de Israel y de las familias de las naciones, además, él jamás podrá tocarlas, como una vez tocó a Jacobo, por ejemplo. Legítimamente, nuestro Padre celestial deseaba vivir su vida contigo junto con tus amados en su semilla santa, que
sólo sale de Él hacia ti, haciéndote perfecto y santo, así como Él en la eternidad, porque Él siempre ha estado en tu alma viviente, dado que tu alma emergió de Él, para que tú vivas como su hijo por siempre bendecido en toda la tierra.
En otras palabras, nuestro Padre celestial te dio vida a ti junto con tus amados de su carne sin pecados, así como su perfecta voluntad es de Él en ti, lográndola contigo en la tierra, así como en la gloria angelical con sus ángeles, además, Él
creó nuevas riquezas, poderes y glorias jamás tocadas por el pecado, gozándolas tú hasta que su reino venga. Divinamente, nuestro Padre celestial está con su Espíritu en tu alma viviente, rodeándolo tu carne pecadora y el espíritu de error,
entonces, bautizándote, invocándolo a Él, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, instantáneamente, la carne sagrada de su Hijo Jesucristo lo rodeara a Él: liberándolo a crecer dentro y fuera de ti, logrando su voluntad perfecta
siempre en tus días.
Realmente, nuestro Padre celestial crecerá en ti con su Espíritu, pero en la carne vencedora de su Hijo Jesucristo, que originalmente es Isaac, y sobre el monte Sion, descansando sobre el monte Moriah, Abraham fue declarado santo y perfecto en Canaán,
recibiendo así a sus hijos prometidos en perfecta santidad en sus días, empezando con Jacobo y los doce patriarcas israelíes sin pecado alguno siempre. Bien, esto es lo que sucederá contigo y con tus amados, vecinos y amistades, bautizados en la bañ
era hogareña, entonces, sumergiéndote, tú emergerás del río jordán en Canaán con nuestro Padre celestial y su Espíritu Santo, porque Él siempre está en tu alma viviente y, ahora, Él es liberado, rodeado de la carne sagrada, lograra su voluntad
perfecta en ti en la tierra finalmente.
Históricamente, nuestro Padre celestial siempre ha fallado en trabajar en otras carnes con sus hijos de Israel y de las naciones, porque Él es extremadamente perfecto y santo, por ende, Él requiere perfección y santidad de ti, y esto es únicamente
posible en la carne sagrada de su Hijo Jesucristo, que es Isaac, atrayendo para ti de Canaán y del cielo arriba riqueza cotidiana. Además, nuestro Padre celestial ha llamado a cada hombre, mujer, niño y niña de toda generación de Israel y de las
naciones a amarlo, a servirle y a alabarlo a Él, bautizados en agua y en el Espíritu Santo, y así, ellos tengan la carne requerida y el Espíritu Santo en ellos, para Él mismo enriquecerlos de Canaán y del cielo arriba con riquezas cotidianas.
En otras palabras, ya que nuestro Padre celestial ha tenido a sus hijos bautizados en agua, invocándolo a Él, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, entonces, Él mismo los ha vestido a ellos con su carne sagrada, huesos inquebrantables
y sangre expiatoria de poderes eternos que enriquecen la tierra enteramente, para su nuevo reino venidero de su amor eterno. Ciertamente, nuestro Padre celestial había empezado a vestir no solamente a Isaac con su semilla santa, que es su carne sagrada
junto con su sangre expiatoria llena de vida y de riquezas asombrosas, enriqueciendo la tierra entera con su humanidad eterna, pero igualmente, tiene poderes asombrosos para conquistar continuamente nuevas riquezas, glorias y poderes nunca antes vistos,
existiendo siempre en Canaán, esperando por ti pacientemente.
Francamente, riquezas, glorias y poderes en que tú habías nacido con ellas originalmente de nuestro Padre celestial, emergiendo de su imagen y de su alma santísima, que Satanás junto con sus ángeles caídos siempre ha tratado de tocarlas con sus
manos inicuas, fallando siempre en lograrlo hasta hoy, porque están escondidos en su carne sagrada en Canaán, para tú recibirlos pronto bautizándote en agua únicamente. Ciertamente, nuestro Padre celestial creó cielos y tierra con su asombrosas
dulzura y riquezas sin fin, glorias y poderes jamás tocadas por el pecado de Lucifer y la terrible rebelión angelical y la muerte, que tú puedes tenerlas hoy en día, para gozarlas tú con tus amados únicamente en su carne sagrada, porque, en ella,
Satanás fallara en verlas y en tocarlas para siempre.
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