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Sábado, 12 de Septiembre, 2020 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
Israel sin holocaustos crece infinitamente con la naturaleza divina del Padre, enriqueciendo la tierra entera siempre:
Tradicionalmente: Nuestro Padre celestial ha estado siempre mirando a establecer su naturaleza divina en la tierra, empezando en Canaán, y Él encontró a Abraham para hacerlo así, pero hacerlo con su familia divina, que es su Hijo Jesucristo y su Espí
ritu Santo, por ende, restaurar su vida eterna no solamente con Adán y Eva, pero también con sus hijos por una eternidad entera. Por lo tanto, nuestro Padre celestial llamó a Abraham a recibir su roca de salvación, en donde Él empezaría a
manifestar el sacrificio continuo de su Hijo Jesucristo, inmolado desde antes de la fundación del mundo, porque Él necesitaba reiniciar toda vida no solamente en el cielo y en la tierra, creados por Él, pero igualmente reiniciarlo nuevamente en toda
la gloria angelical.
Entendiendo que, el pecado había empezado en el corazón malvado de Lucifer, porque él necesitaba tomarse para sí el santo nombre fuegos de nuestro Padre celestial, como Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, para él no solamente tomarse el
reino angelical, pero igualmente, empezar su reino de pecados, rebeliones, maldiciones y muertes finalmente. Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba
purificar el reino angelical con la voluntad perfecta de su corazón santísimo, derramándolo
enteramente sobre su familia divina, como su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, pero nacidos ellos en la tierra, en Canaán, su paraíso moderno, su dulce hogar: y esta es su naturaleza divina, su carne sagrada y sangre expiatoria de Él para sus
hijos para siempre.
Aquí es cuando, nuestro Padre celestial necesitaba a Abraham sacrificando tres
carneros con sus mitades opuestas una a otra, porque Él le iba a darle a él, por el vientre estéril de Sarah su único Hijo Jesucristo naciendo como Isaac,
por poderes del
Espíritu Santo, porque Él deseaba vivir su vida eterna enteramente con él y también con sus hijos prometidos. Realmente, una vez que nuestro Padre celestial vivió su vida eterna enteramente con Abraham y Sarah por su Hijo Jesucristo y su Espíritu
Santo, convertido su Hijo amado en Isaac, por el Espíritu Santo, entonces, Él
vivió una vida prístina: complaciéndolo a Él siempre, en donde no hay pecado por una eternidad entera, estableciendo así su reino de amor eterno en la tierra
infinitamente.
Considerando que, nuestro Padre celestial se había sentado a comer del pan y vino de su Mesa santa, que Él necesitaba comer con Abraham junto con sus 318 hijos (comprados por dinero de extranjeros), porque Él deseaba vivir su vida con su Hijo
Jesucristo como Isaac y con su Espíritu Santo en el hogar de Abraham, pero igualmente con sus hijos por generaciones futuras. Verdaderamente, esto era algo importante que nuestro Padre celestial tenia que empezar a vivir con su Hijo Jesucristo y con su
Espíritu Santo no solamente en casa de Abraham, pero igualmente con sus hijos en generaciones venideras de Israel y de las familias de las naciones, porque le había dicho a Abraham, que él seria padre de una gran nación y de muchas más.
Evidentemente, nuestro Padre celestial estaba interesado no solamente en vivir su vida eterna con Abraham, pero igualmente con sus hijos prometidos, entregados a él a través de las generaciones, porque por medio de sus hijos Él iba a bendecir las
familias de las naciones del pasado y del futuro, dando que Él iba a establecer su nuevo reino en la tierra últimamente. Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba vivir su vida con su Hijo Jesucristo nacido en la carne sagrada y la sangre
expiatoria, como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, y
así, Él vivir nuevamente esa vida gloriosa, que Él ya la había vivido con Adán y con Eva en el paraíso, entregándole a su corazón santísimo grandes gozos nunca
conocidos antes.
Ya que, nuestro Padre celestial tuvo a Abraham sacrificando sus tres carneros con sus mitades opuestas una a otra junto con dos aves sin cortar sobre la roca
de salvación, salpicadas con sangre expiatoria, entonces su Hijo Jesucristo nació en Canaán
como Isaac de Sarah, por el Espíritu Santo, conquistando finalmente la humanidad entera con su carne sagrada, su naturaleza divina, empezando en Israel. Por ende, fue importante para nuestro Padre celestial sentarse a su Mesa santa a comer del pan y
vino con Abraham de manos de su Hijo Jesucristo que los sirve diariamente a los
ángeles, manteniéndolos así a ellos santos y perfectos en el reino angelical, y así, ellos conquisten nuevas glorias para su santo nombre fuegos sobre el monte santo de
Jerusalén, en Canaán.
Entendiendo que, una vez que nuestro Padre celestial había participado del pan
y vino con Abraham, entonces su Hijo Jesucristo los estaba sirviendo a ellos sobre su Mesa santa, así como siempre lo ha hecho para las huestes angelicales
en la eternidad,
más ahora él tenia que seguir sirviéndolo diariamente a cada familia de la humanidad entera para ver vida nuevamente. Dado que, una vez que Abraham había
comido con nuestro Padre celestial del pan y vino de su Mesa santa, servida por
su Hijo
Jesucristo, como siempre, entonces Abraham comió de la vida eterna de nuestro Padre celestial, que iba a nacer en Canaán no solamente para sus hijos prometidos, empezando con Isaac, pero también para las familias de las naciones de la tierra.
Ciertamente, esta es la vida eterna de nuestro Padre celestial vivida siempre con su Hijo Jesucristo y con su Espíritu Santo en la eternidad ante huestes angelicales, pero ahora Él necesita su nuevo cielo y tierra, creados especialmente para Él vivir
con sus hijos nacidos de Él, como su pan y vino, que es Isaac, llenando la tierra entera nuevamente con vida eterna postreramente. Verdaderamente, al nuestro Padre celestial vivir su vida con su Hijo Jesucristo como Isaac junto con su Espíritu Santo en
el hogar de Abraham, entonces, Él vivió su vida eterna con cada hijo suyo prometidos a Abraham por generaciones, pero igualmente, Él la vivió con sus hijos de las familias de las naciones, viendo únicamente perfecta santidad en todos ellos en la
eternidad venidera.
Realmente, bautizando en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, entonces, tú habrás renacido con su carne sin pecados y sangre expiatoria, llena de su naturaleza divina, así como Él
mismo la vive ante sus ángeles ahora mismo, sin jamás ver pecado en ti por toda una eternidad entera. Esto es correcto: Bautizado en agua, entonces, tú estarás viviendo en la carne sagrada de Isaac, que es su naturaleza divina enteramente, que tú
empezaras a recibir cada día de tu vida en la tierra, así como Él vive en su
naturaleza divina, gozando de riquezas celestiales junto con su Hijo Jesucristo, su Espíritu Santo y sus huestes angelicales para siempre.
Verdaderamente, nuestro Padre celestial finalmente vivió su vida eterna, que Él siempre ha había deseado vivirla con cada hijo suyo de Israel y de las familias de las naciones, cuando su Hijo Jesucristo nació como Isaac in Canaán, por poderes del
Espíritu Santo, y así, Él mismo vivir su vida entera en la tierra con sus hijos nacidos de Él, empezando en Canaán siempre. Amorosamente, nuestro Padre
celestial ya ha vivido su vida eterna enteramente no solamente con Abraham, pero igualmente con
sus hijos prometidos por generaciones venideras, además, Él ha vivido ya su vida eterna con cada hombre, mujer, niño y niña de las naciones: amándolo ellos a Él y a su santo nombre fuegos perpetuamente sobre el monte santo de Jerusalén, su dulce
hogar, en Canaán.
Sin embargo, ellos lo amarán, le servirán y lo glorifican a Él y a su santo nombre fuegos únicamente en su naturaleza divina, entregada ya enteramente por
su Hijo Jesucristo nacido como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo,
conquistando así glorias, santidades y honores jamás tocados por el pecado por una eternidad en la tierra y en el cielo infinitamente. Ciertamente, esta es una vida gloriosa, que nuestro Padre celestial ya la ha vivido enteramente no solamente con
Abraham y sus hijos prometidos por generaciones futuras, pero igualmente con las naciones todas, y este eres tú y yo hoy en día, y así, nosotros renazcamos por poderes del Espíritu Santo perfecto y santo, así como Él lo es infinitamente en la
gloria angelical continuamente.
Ya que, esta es la manera para Él lograr su voluntad perfecta en la tierra instantáneamente, remplazando la de Satanás y sus ángeles caídos y de la muerte junto con sus gentes malvadas, como Satanistas haciendo brujerías continuamente por donde
vivan hoy, para que tú vivas su vida eterna continuamente acompañados por sus
ángeles: conociendo, sintiendo y gozando su amor asombroso hacia ti siempre. Verdaderamente, nuestro Padre celestial decidió convertir la tierra entera en su nuevo reino
con poderes del Juramento a Isaac, nacidos de su corazón santísimo, en donde el pecado no existió jamás hasta que Lucifer lo concibió, destruyendo huestes angelicales junto con sus hijos nacidos de su imagen y de su alma santísima que conocían ú
nicamente su amor infalible por una eternidad, empezando en su dulce hogar.
Por lo tanto, fue importante para nuestro Padre celestial tener primero a su Hijo Jesucristo como Isaac del vientre estéril de Sarah, por el Espíritu Santo, naciendo en la tierra con su vida eterna, vestida de la carne sagrada, los huesos
inquebrantables y su sangre expiatoria, que quitara el pecado del corazón del mundo eternamente, logrando así su dulce hogar en Canaán finalmente. Aquí es
cuando, Jacobo nació en Canaán, como primogénito de nuestro Padre celestial,
porque es el
primero de los doce patriarcas de Israel naciendo también en Canaán, pero sin
relación alguna al pecado, porque sus hijos iban a nacer en tierra extranjera,
Egipto, en donde recogerían los pecados de las familias de las naciones pasadas y futuras
para destruirlas para siempre.
Francamente, Israel antiguo necesitaba recoger los pecados de las familias de las naciones del pasado y del futuro, porque jamás honraron su santo nombre fuegos sobre el monte santo de Jerusalén, que siempre ha sido su altar y dulce
hogar, finalmente
salvándolos a todos ellos para su nueva tierra, para nacer nuevamente en la tierra vieja por sus poderes del Juramento a Isaac. Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba Israel entero naciendo en cautiverio, así como las familias de las naciones
yaciendo ya en sus infiernos atormentados, pagando por sus pecados cometidos en
contra de Él, su Hijo Jesucristo y su Espíritu Santo, y así, Israel antiguo se bautice por ellos con sus pecados, abandonándolos finalmente en el lecho marino del Mar
Rojo para siempre.
Por ende, Israel antiguo recogió cada pecado de las familias de las naciones del pasado y del futuro con poderes del Juramento a Isaac, que era parte de sus
vidas, cuando nacieron en la tierra, y así, al fin de los cuatrocientos años entonces ellos
reciban su santo nombre fuegos para liberarse de todos los pecados en el bautismo en agua para siempre. Aquí es cuando, Moisés nació especialmente para recibir de nuestro Padre celestial su santo nombre fuegos sobre el Monte Sinaí, porque él fue
llamado a ascender el monte del SEÑOR para ser reconocido en su presencia santísima, y así, él sea comisionado para liberar a Israel del cautiverio egipcio por el Mar Rojo hacia la tierra prometida, Canaán.
Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba a Israel liberado del cautiverio Egipcio, invocado su santo nombre fuegos, aun mientras estaban en cautiverio, invocándolo a Él: como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, porque ellos iban
camino a ser perfectos y santos, así como Él lo es en el cielo, conquistando así a todas las naciones para nuevas glorias eternas finalmente. Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba no solamente Canaán, pero igualmente a cada
familia de las
naciones del mundo entero con su perfecta santidad del Juramento a Isaac, como la carne sin pecados y la sangre expiatoria, perfecta santidad para cada hombre, mujer, niño y niña, para que su nuevo reino llene la tierra entera con sus glorias, poderes
y riquezas sin fin.
Verdaderamente, una vez que Israel antiguo invocó su santo nombre fuegos, como
Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, entonces, poderes de tinieblas, manteniéndolos a ellos en cautividad por cuatrocientos años fueron
destruidos, para que sus
hijos puedan no solamente ver la puerta abierta al fin, pero igualmente los encamino a todos ellos hacia su liberación eterna, en Canaán. Visto que, Canaán es la naturaleza divina de nuestro Padre celestial, que es su corazón santísimo fluyendo
sobre la carne sin pecados y la sangre expiatoria de Isaac, para que sus hijos de Israel y de las naciones, como tú y yo hoy, sean vestidos de su perfecta santidad, riquezas, poderes y alegrías: conociendo únicamente su amor asombroso por nosotros por
una eternidad entera.
Conclusivamente: Este es el bautismo en agua que Israel necesitaba del Mar Rojo, porque Moisés los llevaría a ellos por él, en seco, dado que él tenia
poderes entregados por nuestro Padre celestial de su santo nombre fuegos, y así, ellos entierren
finalmente los pecados del mundo entero en el lecho marino, para jamás volverlos a ver nuevamente en la tierra que nacería pronto. Este es Moisés, el profeta de nuestro Padre celestial, enterrando pecados de las familias de las naciones pasadas y
futuras en el bautismo en agua del Mar Rojo, cruzándolo, invocaba el santo nombre fuegos de nuestro Padre celestial, porque luego su Hijo Jesucristo borraría todos los pecados de la humanidad entera con su sangre santísima, roja, como el Mar Rojo,
para la eternidad venidera.
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